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domingo, 27 de julio de 2014

IMAGEN






EN BUSCA DE LA NAVE PERDIDA
Pero  dónde habré dejado el dichoso platillo? Esto de tener el sistema de invisibilidad, da un por saco que no veas... Es que ahora ni lo veo ni lo encuentro! Tendré que esperar a la noche a ver si lo veo. Gracias a Dios que el dispositivo solo funciona de día, por la noche se ve una bola negra.

Me cachis en la mar! Todo por bajar a comprar una papelina de churros. Jobar! Parezco el Gurb... Y lo peor es tenerme que poner este camuflaje de humano. Joroba! Que rabia tener que esconder mis antenitas y mis patitas tan bonitas. Y este cuerpo alargadillo, aflautado que Dios me ha dado!

Bueno, menos mal que por la noche, como dicen aquí, todos los gatos son Pardos y podre quitarme este adefesio de disfraz. 

Cuidado que son feos los humanos!


Lola  



DESDE MI NUEVO PISO
Compré el piso hace 6 meses. Cada noche el mismo recital, los gritos se suceden con alternancia bien marcada, ahora uno, ahora el otro. Ambos personajes principales tienen bien aprendido su papel y los improperios y los insultos no faltan en ningún pase. 

El final siempre es el mismo, golpes de él, llantos y aullidos desesperados de ella, llamada de teléfono a la Urbana, minutos de espera, llegada del coche patrulla y...silencio. Nueva función al día siguiente y vuelta a empezar.
Ayer noche, algo fue distinto. La rabia y la impotencia flotaban en su ventana mientras la violencia creaba un personaje aún más siniestro y temible.

“En lo que va de año, el balance del gobierno... A.M.F., vecina de....su pareja sentimental...”

Me quedo sin aire mientras lo leo. Creo que la pasada noche, cayó el telón.


Ginebra


IMAGEN (ES)
Fotos envueltas en papel de periódico, abandonadas en el quicio de la puerta entreabierta, dejadas allí como olvidadas desde hacía décadas.

Cogió las fotos y fue mirándolas una a una reparando en aquella en la que un cielo gris, pesado, como de mármol, evocaba el silencio y la solemnidad de un campo santo;  antenas parabólicas sin señal que seguían tan aferradas a una pared de ladrillo como al cable que les dio la vida años después que a los postes de tendido eléctrico; los mismos que un día sacrificaron su condición de hermosos árboles en pro del progreso y que  continuaban allí: sin iluminar, sin transmitir. Pudo entrever recuerdos, componer  vidas a través de los ojos de un extraño, recuerdos sin hogar.

Colocó las instantáneas en una maleta y se apresuró hacia la puerta.
-¿A dónde vas con las fotos ?  le preguntó el último superviviente.
-Voy  a darles un nuevo hogar, contestó el reportero.


Marta Albricias



¡CABRONES ¡ CASI ME MATAN
El lugar: una sala renacentista de paredes de piedra desnuda, el público florentinos del XVI con sus coloridos ropajes, el tribunal una panda de clérigos enfermos mentales obsesionados por salvaguardar sus privilegios y sus ideas medievales sobre las que se sustentaba su poder omnímodo.

Me acusaron de blasfemo, de hereje, pedían mi cabeza a menos de que mi retratación fuera pública y me desdijera de mis afirmaciones. Yo, que tras estudiar medicina, filosofía y matemáticas, fascinado por el cosmos y sus leyes, inventé el telescopio para acercarme al Universo. Yo  que aporté demostraciones, pruebas irrefutables, incontestables, concluyentes, no las aceptaron, enfrentaron mi descubridora razón a su fe embrutecedora y ciega.

Me iba la vida en ello, lo supe cuando a Bruno lo quemaron, y públicamente negué mis propias palabras y acepté las suyas, y ante Belarmino negué para vivir, la vida me ofrecía demasiado como para perderla, abjuré ante el tribunal de majaderos y me dejaron vivir, cuenta la leyenda, con piedad infinita y para restañar mi herida dignidad, que una vez obtenida la sentencia absolutoria dije, soto voce, “ Y sin embargo se mueve” .


Carmen Gómez





SUBIDO AL POSTE DE LA LUZ
Mierda de empalmes, lo menos tengo para dos horas de faena. Y a todas estas, la niña se ha echado un novio todo tatuado, que no tiene oficio ni beneficio, y lo tenemos en casa a pan y cuchillo día sí y día también. Hay que joderse. Antes si que daba gusto currar, fingías una avería en la línea deshaciendo un empalme de la caja de registros, y al bar toda la mañana. Menudos almuerzos nos pegábamos con el Rafa, de padre y muy señor mío. Y hasta el culo de carajillos que nos poníamos.

No, si la culpa es de la Angelines, como cocina tan bien la condenada, no hay manera de sacarse al cabestro tatuado de casa. Éste mucho antisistema y mucha boquilla, pero cuando hay estofado de rabo de toro no falla nunca el cabronazo. Bueno, vamos al tajo, que no voy a acabar ni a las tres, y la empresa ya no paga horas extras.

La puta empresa, con sus controles y el rollo de la productividad nos tiene jodidos. Menos mal que el Rafa ya se jubiló, porque él no hubiera aguantado este puteo. Cómo ha cambiado todo, yo entré en casa de la Angelines pa pedirle a mi suegro de mantener relaciones formales con su hija. Y aluego iba a comer un domingo sí y otro no, y me ponían macarrones y un sanjacobo con papas fritas. Yo no sé dónde aprendió la Angelines a cocinar, porque guisar, guisa de cojones. En cambio, es reactiva a hacer uso del matrimonio, nunca le va bien a la puñetera. Y como la empresa no paga horas extras, ya ni de putas puede ir uno. Voy a tener que volver a hacerme manoletinas.


Felipe Deucalion




CAEN CUATRO GOTAS
Caen cuatro gotas. A penas pueden justificar la forma de caminar de Silvia que avanza rápida y sin mirar a nadie, con la cabeza gacha. Nadie suele fijarse en ella. Si alguien lo hiciera se daría cuenta de que esa es siempre su manera de andar, haga sol o llueva a cantaros. En el trabajo luce su mejor sonrisa para los clientes, y cualquiera diría que la guarda en la taquilla antes de salir a la calle. De hecho alguna de sus compañeras de planta lo ha llegado a decir mientras desayunaban juntas y Silvia se tomaba un café sola en la barra.

Llega a casa y enciende la tele, no le gusta el silencio, prefiere las voces que llenan la casa. Eso sí, nada de tertulias  sobre famosillos o teleseries mejicanas, prefiere los sonidos de la vida real. Una buena película con sus diálogos bien estudiados. Hace diez años se instalo la parabólica para poder coger canales de cine. Ahora disfruta de la televisión por cable de todas las películas clásicas que quiere.

Mientras pone comida a su gato, de fondo Lauren Bacall le pregunta a Humphrey Bogart si sabe silbar.  Piensa en ese amor cuando enciende el ordenador para conectarse a internet. Sigue sonando la película de fondo cuando abre una página de contactos y empieza a chatear. Julio 72 tiene sus mismos gustos, hablan de películas, se ríen en emoticonos, llevan ya más de un mes conversando. Él le ha pedido ya un par de veces de conectar la cámara y poder verse, incluso empieza a hablar de la posibilidad de encontrarse realmente un día para hacer un café. Solo para charlar y conocerse, sin comprometerse a más.

Le gusta Julio, siente que realmente se podría enamorar de este hombre tierno y culto. Le sabrá mal cuando en una semana o dos el deje de insistir en que se vean y poco después deje de estar disponible para seguir conversando.

El gato se pasea por delante de la pantalla del ordenador pisando con todo su indiferencia felina el teclado. Julio y Silvia se ponen una cara sonriente, las teclas al azar son una broma habitual entre ellos. La foto del gato sigue siendo el avatar de Silvia, y no piensa cambiarlo.

Se sienta a cenar justo cuando otra película empieza, “con la muerte a los talones”, se pone cómoda en el sofá. Disfruta especialmente viendo esos viejos films que ya se sabe de memoria. Si gato se acomoda encima de las piernas y ronronea con la seguridad de que nadie va a sustituirlo de ese lugar.


Herman 



ANTENAS
Las antenas parabólicas estaban colocadas en todos los edificios de la ciudad. Redondas, grandes i pequeñas, adornaban todos los pisos. Yo tenía siete años y me preguntaba para que servían. Había millares y se instalaban más, cada día que transcurría del final del siglo XXI.
Pregunté a mi padre porqué teníamos una en el balcón, y me dijo que era para ver todos los canales de televisión del mundo, vía satélite. Al tal satélite yo no lo conocía, pero en el 2099, eran una verdadera maravilla, según me explicó entusiasmado.

Más a mí siempre me había llamado la atención mi vecino Ricardo. Era un joven introvertido que se pasaba el día en casa, haciendo no se qué. Su balcón estaba al lado del nuestro y su antena era una monstruosidad. ¡Que grande!

Un día lo vi apoyado en la barandilla y le pregunté impulsivamente:
- ¿Qué haces?
- Ah, hola Enrique, estoy arreglando unas cosillas de la antena.
- ¿Por qué, si a ti no te gusta la televisión?
- Con ella puedo captar señales del espacio, concretamente de la luna.
- ¿La luna? Es mi amiga. Siempre que la veo me pongo contento. Pienso que me conoce y me sonrie. ¿Tu hablas con ella?
- No Enrique, pero ella me envía mensajes. En la tierra producimos mucho “ruído” y en la luna rebotan las señales que yo le mando, es toda una experiencia.
- ¡Caray!

Después de la conversación con mi vecino ya nada volvió a ser igual.
Pasaron quince años y la antena que tenía colocada en mi piso, era muy sofisticada. Llevaba mucho tiempo manteniendo comunicación con la luna y mi amor por ella había crecido conmigo. Tan profunda era la pasión que sentía, que me disponía en unos pocos meses, a trasladarme a la nueva colonia espacial Escorpio IV, situada en nuestro satélite.

Me pareció muy buena idea, vivir dando vueltas a la tierra. Con una buena antena i desde la distancia, podría seguir captando señales del espacio y quizás algun día una respuesta.


Laia










lunes, 29 de julio de 2013

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LA LLUNA VERDA
La lluna blanca és la més senyora, va sempre molt mudada per si es troba amb el sol i li demana una abraçada i, fins i tot, un petó.
La lluna vermella es feta de passió i de foc, m’agrada quan esclata enmig de la foscor, omplint el cel d’espurnes que ho il·luminen tot.
Però de totes les llunes, la verda és la millor. S’amaga entre els arbres i quan vol descansar, es capbussa a l’estany buscant un niu de pau.
La crido i s’acosta fins a tocar els meus peus que endinsats a la terra.
M’explica que s’enyora del seu amant llunyà, que encara el pot sentir quan tanca els ulls i dorm.
Em xiuxiueja històries que no puc repetir, són contes que la lluna no em deixaria dir.
I quan el sol comença a despuntar per l’est, puja la meva tija i torna cap el cel.

Ginebra

EL PUENTE
Hay un puente de camino a mi casa. Reconozco que tengo que dar cierta vuelta para pasar por él, pero a menos que tenga mucha prisa, siempre me sirve de camino.
Está estratégicamente situado. Cuando lo veo en medio del parque, se que ya he cumplido con las obligaciones de hoy y me permito empezar a descansar y disfrutar. Reduzco mi rápido paso de todo el día y respiro profundamente un par de veces. A partir de ahí el camino es muy acogedor, o al menos me lo parece a mí. Disfruto sabiendo que enseguida llegare a casa.
Me sirve también cuando voy a trabajar. Sé que cuando cruzo el puente me quedan 7 minutos para llegar a la estación, 5 si corro. En el puente me pongo las pilas, en ese momento dejo que mi agenda venga a mi cabeza y empiezo a planear todo lo que quiero hacer el día de hoy.
Me gusta ese puente, tanto como me gusta mi vida a sus dos lados.

Herman

EL PARC
Verd. Tot es verd. En el rierol quiet es veu el reflex d’un pont de fusta. L’aigua està gairebé parada. Només, molt esporádicament, treu el cap algun peix de color taronja. Les plantes del vorell son esveltes i el seu color embolcalla tot el que abasta la vista. Només aixecant molt el cap es pot veure un troç de cel. El lloc està igual que fa 40 anys.
Jo hi havia passat tardes senceres, primer sol i més tard amb la Maria que ha estat la meva dona de llavors ençà.
Quan erem nuvis era el nostre jardí secret on ens declaravem amor per sempre.
Però el pás del temps no ha estat en va. Del parc de la nostra joventut només en queda aquest racó, l’últim troç del paradis. Tota la resta ha estat urbanitzada i engolida per la ciutat.
Ara encara hi vinc de vegades. Ho faig també acompanyat, no solament amb la Maria, sinó amb el nostre nét.
Plegats travessem el pont de fusta i sembla que estem en un altre mon, encara que sigui només per un instant, però ja en tenim prou per sentir la felicitat.

Laia

EL PUENTO SOBRE EL RÍO MEKONG
Fíjense bien en la foto, y a qué parece la jungla del Mekong, a qué sí. Y además está plagada de Charlies. Ya, ya sé que ustedes no ven ningún Charlie, pero esto es por su endiablada habilidad para camuflarse en la vegetación. Mis amigos y yo llevábamos un año tratando de capturar alguno. Una vez cogimos a uno, pero al final resultó ser un mendigo.
Ahora teníamos un objetivo difícil y peligroso. Llevábamos meses preparándonos. Ante la inminente ofensiva del Viet Cong debíamos volar el puente. Sí, el puente ese que ven ustedes. En la foto no se distinguen, pero hay raíles.
Habíamos logrado reunir media caja de Truenos, tres Xtreme y un triple cero. Como líder del grupo reconocí que andábamos escasos de explosivos, aunque bien colocados en el centro, su punto débil, serían suficientes. Tras un estudio en profundidad e inacabables discusiones, decidimos conectar todos los petardos entre sí y colgar a Jairo –que era el más pequeño- de los pies, para enganchar debajo los cartuchos.
Tuvimos algún fallo técnico. A cada momento Jairo quería que lo alzáramos. Decía que la sangre se le iba a la cabeza. Además el celo se le enganchaba en todos lados. Otro fallo fue la mecha, por precaución la hicimos demasiado larga, y cuando los petardos explotaron había una pareja haciéndose arrumacos en el puente, que encima no se cayó. Qué mala pata.
Mi padre me ha castigado sin videojuegos, me dijo no se qué de una indemnización que reclama la pareja por lesiones irreversibles en el oído medio. Pero no le presté mucha atención, ahora resulta que la selva está llena de pigmeos que lanzan sus dardos envenenados. Claro que ustedes no pueden verlos, porque ellos viven al otro lado del puente.

Felipe Deucalión


TÉ VERDE
Aquella mañana el Hada del Jardín Encantado estaba triste porque al arbusto de Camellia Sinensis le quedaban ya muy pocas hojas y además sus amigas las libélulas del lago le habían anticipado que posiblemente ya nunca más podría volver a beber de aquel maravilloso Té Verde porque el arbusto ya no iba a retoñar: aquel año apenas había llovido, las nubes habían pasado de largo como por arte de magia y para más inri, hacía unos días que el Emperador Pu-Li había ordenado retirar todas las semillas que pudiese haber por cualquier rincón del Imperio, para replantarlas en las tierras que rodeaban su palacio y así, el Té Verde, pasaría a ser para uso exclusivo de la Corte Imperial.
Las lágrimas del Hada caían desconsoladas sobre las aguas del lago alterando la silenciosa y plácida existencia de los peces de colores que allí moraban embelleciendo el paisaje y equilibrando el hábitat en simbiosis con todas las otras criaturas del jardín que tanto la apreciaban. Gracias a todo el cariño y empatía que le mostraron, sacó fuerzas de donde parecía que ya no quedaba nada y se repuso,  subió hasta el puente de madera y allí, cerrando los ojos saboreó el último trago de té del día y brindó por todo lo brindable…sabiendo que eran solamente tres los días que le quedaban para seguir disfrutando del aroma y de las cualidades de tan preciada bebida.
        * * * *
Miré el reloj y me di cuenta de la hora que era: o espabilaba o llegaba tarde al trabajo. Di el último sorbo a la taza de té verde, dándome cuenta de que ya solo me quedaban tres bolsitas y sin dejar de mirar la foto de la caja en la que anduve soñando despierta durante el desayuno de aquel lunes de junio.

Albricias.



EMBRUJO 
Estoy mirando, perpleja con mis ojos abiertos , abiertos hacia el infinito fondo del lago, mi mirada se refleja en las apacibles aguas, quietas, calmas, aunque solo en apariencia.
Anocheciendo está, y la quietud del jardín transforma los verdes musgos a lechosos, la humedad toma cuerpo en los tallos de bambú, las piedras secas del camino se tornan acuosas, resbaladizas, y el viejo puente inmóvil habla crujiendo su madera milenaria.
Acurrucada sobre mis pies y mirando el lago, lanzo una pequeña piedra y espero que el pequeño impacto me devuelva ondas de colores y dibujos inacabados, sin conexión, que libres se desplazan y se funden de nuevo en la inmensa placidez del agua.
Anochecido ya, la paz se respira y casi consigue relajarme, pero sigo mirando la profundidad del lago, lo que mis ojos detectan en la negrura casi absoluta si no fuera por el collar de estrellas que se reflejan como nenúfares flotando en un atrayente pantano.
Mis ojos me engañan,  el fondo del lago empieza a fascinarme , crea vida de la vida reflejada en ella, mi vida en el lago, mi otra vida, quizás mi mejor vida.
Y ya no puedo pensar, el lago me llama, me implora que vaya, me seduce con perfumes embriagadores, con fragancias de color, de caricias musicales y me levanto , no sé porqué pero lo hago, y lo hago decidida mi cuerpo y mi mente van al unísono, sin fisuras, como encantada.
Mis pies ni tan solo se han pensado el movimiento, se han descalzado y sumergido sin dudas ni reparo.
Noto como mi cuerpo se hunde en la ciénaga del lago y siento como me acunan cuales acuáticas flores sus pétalos, como besos , como abrazos , con el espíritu mágico y me entrego como una ofrenda a los dioses del pasado, me someto a sus deseos sin saberme lo que hago, y me invade el equilibrio y renace en mí las ansias de inmortalizarme al lago, pero
de pronto la angustia se apodera de mí y salgo.
O no, puede que nunca haya estado , porque el sol amanece, despunta y mis pies están helados , pero secos, acurrucados a mi que ahora mismo empiezo a despertar del letargo.

Merce
 

jueves, 14 de marzo de 2013

LA LLUVIA



TRAS LA LLUVIA 
 
El primer rayo de sol que se coló por la ventana era tenue. Había llovido y en cada gota que se deslizaba por la cristalera se reflejaba nuestra habitación, donde tantas veces habían llovido los besos; cada vez que le regalábamos a la lluvia nuestro amor.

Marta Albricias

EL GIGANTE GLOTÓN

Cuentan, que hubo una vez un país lejano en el que nunca llovía: nubes grises, blancas, negras y lilas, aparecían y desaparecían por sus cielos con la rapidez del rayo.
Érase una vez un país en donde el sol brillaba sin tregua, porque un gigante glotón se comía las nubes.

Marta Albricias

LLUVIA

Había una palabra hecha una gota, lluvia.
Lluvia me moja, me seca, me llena, me deja...lluvia.
Lluvia me lava, que empapa, que a niega, inmunda, rebalsa.
Lluvia navega, que llega, que anda, se detiene y vuelve.
Lluvia tormenta, llovizna con gotas, gotitas que se sienten y dan vida, cosechan y siembran semillas en campos y huertos, vida de lluvia.

Lagrima caída gota de lluvia con vida, que alegre o triste habla del alma, de la tierra o de ti misma.
Lluvia que moja, me empapa, me lava, me baña, me cae, me esconde.
Lluvia melodía del cielo que empieza y termina.
Lluvia agua que cae termina y empieza con ritmo o sin ritmo; con luz,  con arco iris y truenos relámpagos voz de lluvia, eco de lluvia.
Lluvia el  ritmo del agua que el cielo regala me empapa, me moja, me inmunda, rebalsa, que llega, que anda, se detiene y vuelve......lluvia.

Amelia Casas Aphestegüy

LLUVIA CRISTALINA

En el país de mis ojos hace tiempo que no llega un temporal. El cielo celeste del país de mis ojos amanece condensado de humedad a causa del cansancio. Cuándo a mis ojos llega la electricidad de los relámpagos en los días de mal humor  se congela mi mirada pero el temporal no se desata. Si llega la primavera el tono del iris se vuelve celeste verde y algunas gotas se desprenden por fin de alegría por las cimas de mis mejillas próximas a mis ojos. Son gotas cautas, elegantes y alegres que bailan con dinamismo esperando que no acabe el verano. A veces, ante una sorpresa inesperada o algún recuerdo nostálgico, se deslizan por esas cimas algunos goterones escasos, lentos, pausados y silenciosos. Me doy cuenta que la experiencia del país de mis ojos evita los temporales porque ha perdido la fuerza de los aguaceros y contiene el dramatismo externo en las nubes enmarañadas del espíritu celestial interno del país de mi corazón.

Susana

EL GUATEQUE

Querido diario:
Hoy es el día más feliz de mi vida. He bailado y más cosas con Javi. Aunque al principio no fue muy bien.
Bueno, a ver, yo quería bailar con él “Noches de blanco satén”, pero la Sorayita se me ha adelantado, la tía guarra. Con decir que he estado a punto de bailar con el gordito que pone los discos, está todo dicho.
Pero después de un cuba libre de Giró, me he lanzado. Han puesto “La lluvia” de Mike Kennedy y me he colgado de su cuello.
Hemos bailado, y besado, y un poco de todo. Pero no ha sido como con el primo del pueblo, que más que acariciarme parecía que quería escarbarme. Esta vez no, esta vez ha sido más suave, como más natural, como más bonito.
De este guateque he sacado dos cosas positivas Una, que “La lluvia” de Mike Kenedy va a ser la canción de nuestra vida. La otra, que se joda la Sorayita, que a mí también me las ha sobao
Barcelona, 17 de octubre de 1.970.

Felipe Deucalión

LA VENTANA INDISCRETA

 Desde su ventana se divisaba la desolada plazoleta, presuntamente ajardinada.
 Un banco  carente de respaldo como requieren  las buenas normas de diseño,  dos esqueléticos árboles para una improbable sombra y el imprescindible  pack  de “papelera-farol-bici-parking”
 Todo lo necesario para acoger al paseante más exigente, pero seguía estando vacía.
 Un día  llego un hombre con un largo abrigo  negro  y un paraguas cerrado, sentándose  en el banco, saco del bolsillo lo que parecía una carta;
 la leyó pausadamente, la guardo y  se marchó.
Diariamente  el secreto observador, con curiosidad e impaciencia esperaba al visitante.
Que diría aquella carta?  Porque llevaba un paraguas si no llovía?.
 Las visitas se  iban sucediendo  con la misma rutina, hasta que una lluviosa tarde  inquietó  al observador, acudiría hoy el enigmático paseante?.                                               
El visitante llegó con el paraguas cerrado, parecía no importarle la sutil pero persistente lluvia, se sentó, leyó la carta y al finalizar  construyó un barquito con ella y dejándole deslizar  por los  riachuelos formados por la lluvia, abandonó apresuradamente la plazoleta  y ya jamás regresó.
 Justo ahora, que en los árboles empezaban a despuntar las hojas.

Rosa

LA LLUVIA

En el pueblo había un refrán “cuando el viento sopla llega la lluvia”. Y el viento no dejaba de soplar hacía más de un mes. Incluso se había llevado las tejas de la cubierta de la casa del Agustín. ¡Pobre Agustín!, la mujer se le fue a la ciudad subida en el carromato del cacharrero que venía por el pueblo, y no volvió; Como sus tejas, que se las había llevado el viento a Dios sabe dónde. Y es que ya se lo decía el Mariano, que la Visi había sido de  joven muy veleta. Al final el Agustín, no tuvo más remedio que proveerse de unas cuantas chapas en el vertedero municipal y colocarlas a modo de tejas en los huecos que habían dejado aquellas desertoras. Al bajar por la escalerilla apoyada contra la fachada, oyó tronar y empezó a caer una espesa cortina de agua. El Agustín se metió en casa y sentado al lado de la chimenea miraba por la ventana. Reconoció una silueta de mujer plantada ante la casa, bajo la lluvia. Era la Visi que volvía hecha unos zorros y con la cabeza gacha.
“Cuando el viento sopla, vuelve la lluvia”, pensó el Agustín; y salió a recoger a su mujer, después de todo. El cura le había dicho, para lo bueno y para lo malo…

Jordana (Lola Ruiz Jurado)

ELENA

Elena mira por el cristal la lluvia que cae sobre la ciudad. Es una lluvia suave que apenas hace ruido. No está segura de si esta despierta lleva tantos días sin llover que tal vez este soñando que finalmente el cielo ha empezado a limpiar la ciudad.
Abre el balcón y se asoma. Las gotas le mojan la cara, suspira, parecen bastante reales. Aun así, mientras sueñas las fantasías también parecen reales.
Sus tiestos huelen a tierra mojada. Hace tiempo que no planta nada en ellos, tal vez si esta lluvia es real vaya a comprar algunos bulbos para tener flores este verano.
Mira hacia abajo, la gente que camina por la calle bajo el paraguas. Sin saber por qué da un grito “ahhhhh”. La mayoría de las personas no hace ningún caso. Pero hay varias personas que se giran y se la quedan mirando sin saber si reírse o avisar a los bomberos. Cuando Elena se da cuenta, vuelve enseguida dentro de casa.
Vale, no está soñando, acaba de montar el espectáculo. Se ríe para si misma. Su gata se le acerca y ronronea cariñosa. La coge en brazos y se va a la cocina para poner agua a hervir.
Se despierta con la infusión fría a su lado. Su gata se queja cuando se mueve. El libro que leía ha caído al suelo. Fuera se ha hecho de noche. Tal vez no ha llegado a gritar.
Sonríe para si misma cuando descubre que espera que no haya sido un sueño.

Herman

LA LLUVIA

Margarita era preciosa. No tenía nada que envidiar a sus compañeras. Su amiga Rosa, siempre tan vistosa, llevaba unos dias un poco mustia. Pero no era la única.
Margarita tenía los pétalos blancos y era esbelta con las hojas muy verdes. Aunque Rosa podía destacar al principio, siempre acababan fijándose en ella y su sencillez.
Vivian en un jardin pequeño y acogedor. Sus vecinos y amigos: la palmera, las bugambilias y el cactus, se llevaban muy bien. Pero todos, incluso este, estaban esperando una cosa: la lluvia. Ellos la llamaban “la gran fiesta” y hacía mucho tiempo que no se empapaban con su agua. La añoraban en su subconsciente.
Una tarde que estaban de “cháchara”, oyeron el sonido de un trueno. Inmediatamente cesaron las conversaciones y todos los habitantes del jardin, miraron hacia el cielo esperanzados. A ver si sería una falsa alarma como otras veces.
Pero en esta ocasión, el firmamento se oscureció. Casi daba miedo mirarlo y lo rasgaron relámpagos deslumbrantes. Por fin cayeron las primeras gotas. Las plantas las recibieron con una alegría fuera de si. Todas ellas intensificaron su color y se giraron para recibir la lluvia. Margarita comentaba que ojalá no cayera granizo.
La precipitación fue tan intensa que casi no dejaba oir los cantos de júbilo de todas ellas. No estuvieron solas, al poco salieron varias familias de caracoles y alguna lombriz.
Cuando el dia declinaba, el aguacero cesó. Margarita, Rosa y los demás estaban radiantes. Todos tenían pequeñas gotas en sus cuerpos como si fueran brillantes.
Al poco se abrió la puerta de la casa y se asomó una anciana al jardin:
Parece que mis amigas hayan visitado un salón de belleza,estan espléndidas. Y se acercó a Rosa para olerla, pero miró a Margarita y dijo para sus adentros: tu si que eres hermosa.

Laia

TAMBORES

Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Los bailarines ejecutaban volteretas imposibles alrededor de la hoguera mientras las mujeres, apiñadas a un lado, entonaban canciones ancestrales que se perdían en el orbe estrellado.
En la tienda central, el hechicero puso un puñado de hierbas sobre las brasas y al instante un humo denso y mentolado llenó todo el espacio mientras sus ayudantes movían incansablemente toda clase de amuletos y abalorios en un trance conjunto.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Todos eran conscientes de que aquella era la última noche. Si al día siguiente no llovía todas las tribus estaban condenadas a la extinción.
Ni los más ancianos recordaban un período de sequía tan largo y los pobladores de las montañas se vieron obligados a ir descendiendo hasta el valle.  
La situación era tan extrema que olvidaron todas las diferencias y las enemistades de tiempos inmemoriales quedaron olvidadas mientras todos unían sus fuerzas y su energía en su petición de lluvia a todos los dioses.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Más de mil tambores completaban un círculo perfecto y cuando alguno caía rendido o se desmayaba era inmediatamente sustituido por otro.
Las ancianas habían degollado las últimas cabras y daban de beber la sangre a los más pequeños y a los más necesitados mientras los demás, cubiertos de sudor, iban acumulando una capa de polvo en la piel provocada por los saltos de los que danzaban portando las pinturas y accesorios que la situación requería.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Era el sexto día. Los tambores no habían parado ni un solo momento y empezaba a amanecer. El hechicero salió de la tienda y se puso a chillar histéricamente haciendo que los tambores sonasen a su máxima capacidad mientras los hombres, mujeres y niños unían sus gargantas en un único lamento de notas agudas que parecía perforar el cielo.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum        
En algún lugar del firmamento los dioses se unieron con carácter de urgencia. Todos llevaban tapones en los oidos y por sus caras se adivinaba que llevaban unos cuantos días sin dormir.
.- POR TODOS NOSOTROS!  - gritó el más dios de todos los dioses – ESTO VA ACABAR CONMIGO! ¿PERO ES QUE NO HAY FORMA DE HACER CALLAR ESOS TAMBORES?
Estuvieron discutiendo durante un buen rato, cuando de repente, uno de los dioses más jóvenes, dijo:
.- Y si les tiramos un cubo de agua?
.- VIVO YO (vive Dios) QUE ES UNA BUENA IDEA! QUE LES TIREN 1000 CUBOS SI FUERA NECESARIO!
Abajo, en el valle, el hechicero levantó una mano y todo el mundo quedó inmóvil. Hasta los bebés dejaron de llorar pidiendo el pecho seco de sus madres. El hechicero señaló hacia las montañas donde empezaban a verse unos negros y enormes nubarrones.
Pronto cayó la primera gota y media hora más tarde todos se revolcaban en el barro entre risas y juegos.
Uno de los jóvenes se acercó al hechicero y le preguntó:
.- Podemos hacer una fiesta esta noche para celebrar las lluvias.
.- Por supuesto. Pero nada de tambores. Solo flautas. No está bien abusar de la paciencia de los dioses…

Javier