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miércoles, 18 de junio de 2014

EL RELOJ



TIC TAC
Son las doce de la noche: tic- tac   tic- tac   tic- tac, es el sonido que inunda la tranquila habitación; el compás con el que los tres aliados de la medida del tiempo: la hora, el minuto y el segundo, bailan festejando la medianoche.

Marta Albricias



EL RELOJ 
Alfred acababa de empaquetar las últimas cosas, cuando el azar puso en sus manos un reloj de pulsera antiguo, de mujer.
La esfera era de color blanco y tenía unas piedrecitas brillantes a su alrededor. Alfred lo reconoció enseguida, y casi se le saltaron las lágrimas. Era el reloj de su madre. Ella lo llevó varios años aunque estaba parado.
Alfred llamó a su mujer que estaba en el vestíbulo cerrando cajas, pues se marchaban a vivir cerca de sus hijos y nietos a las afueras de Londres.  Aquel era el día de la mudanza y revisaban las últimas pertenencias.
- ¿Que pasa Alfred? -dijo ella interesada.
- Es que acabo de encontrar por casualidad el reloj de mi madre. Lo recuerdo en su brazo y no sabía porqué lo llevaba si no funcionaba, hasta que un día se lo pregunté y esto es lo que me dijo:
“Transcurría abril de 1942 y estaba en la cama de un hospital porqué me había puesto de parto y las contracciones eran tan fuertes que no podía ni respirar. Había complicaciones.
En aquel momento sonó la alarma antiaérea  sobre Londres, y las luces oscilaron. Las enfermeras corrían y todos nos preparamos para lo peor. El escuadrón de aviones alemanes sobrevoló el estuario del Támesis y pronto se oyó el impacto de las primeras bombas sobre la ciudad. Casi al mismo tiempo escuche la voz de la enfermera que decia:
- ¡Empuje señora Roth que ya está aquí!
Con el esfuerzo se me cayó el reloj de la muñeca y al golpear contra el suelo se paró a las tres de la madrugada, la hora en que tú naciste. Es por eso hijo mío que no me desprendo de él.”
Al finalizar el relato, Alfred y su mujer se abrazaron y ella le susurró:
- ¡Fue una suerte que el hospital no fue dañado y me alegro de haberte conocido, Alfred!
Se besaron y el apretó el reloj contra su cuerpo.
                                                                                                                            

Laia 




LAS DOCE CAMPANADAS
Dong, dong, y así hasta doce veces, tañía la campana de la basílica.
Más que un dong dong, repicaba como un golpe seco plom, plom.
-Esa campana, cada vez suena peor- me comentó Matías, el camarero del bar del fossar de les moreres, donde me acercaba algún que otro domingo a hacer el vermut.-
De repente una luz se encendió en mi cabeza y llamé a Artal para que me acompañara a la comisaría de la vía Layetana a ver a nuestro amigo el inspector Martí.
Estábamos investigando un caso de asesinato en el que ninguna pieza encajaba. Hasta ahora.
Fuimos a la comisaría y le explique mi teoría.
-Al doctor le mataron a las 11 de la mañana y no a las doce como habían dicho los testigos- le dije al inspector Martí- y proseguí- Ellos habían oído las doce campanadas del reloj de la basílica del Carmen, pero en realidad, como suenan bastante mal, lo que oyeron fueron 11 campanadas y un disparo.
Así pues ahora todo encaja. Dijo el inspector,
Proseguí con mi hipótesis, -El doctor, salió de la casa de su amante  a las 11h. y Matilde, su mujer, que le estaba siguiendo lo esperó a que saliese. Cuando el doctor Salvat entró por el carrer de la volta d’en Bufanalla , su mujer iba detrás de él. En ese momento empezaron a tocar las campanas de la basílica  y ella aprovechó para disparar a su marido por la espalda tras la última campanada. El disparo al realizarse dentro del pasaje debió resonar de una forma especial, por lo que  mientras algunos testigos aseguraban que eran las 12,  otros indicaban desconcertados  que ellos habían mirado el reloj y eran las 11 aunque oyeron 12 campanadas. Por lo que ante las dudas de los testigos, no se pudo detener a la Sra. Salvá, ya que disponía de una coartada para las 12 en punto. Se hallaba en una cafetería de la Plaza Sant Jaume, donde iba asiduamente, y el camarero lo corraboró. - Una hora de diferencia no da mucho margen para la hora exacta de la muerte- dijo el inspector- El forense situó la hora de la muerte entre las 11 y la 13h. del mediodía- confirmó Artal.
Dejamos al inspector para que realizase las pesquisas oportunas, y no tardaron en arrestar a la Sra. Salva, quien no disponía de cuartada para las 11h de la mañana. No tardaría en confesar su crimen pasional.
Artal y yo nos fuimos a tomar una cerveza al bar de Matías.
Era la una cuando sonó el plum de la campana y todos nos fijamos en como sonaba.
_Realmente Laertes, que suena mal, pero no sé, ¿ un disparo?
-Mi querido Artal la gente oye estas campanas a diario y ahora solo has oído una, pero a las doce, parece que cada campanada suena diferente
Así que ¿quién iba a pensar que una de ellas sonase como un disparo?
-¡Tú! mi querido Laertes, sólo tú piensas esas cosas- le contestó Matías-
Y nos echamos a reír.


Lola  Ruiz




RELOJ NO MARQUES LAS HORAS
La sala de fiestas Excelsior era un bailongo para la tercera edad de moqueta desgastada y sillones estampados de lamparones, pero a media luz o con los destellos intermitentes de sus focos parecía un local estándar de hace cuarenta años. La pista de baile, obviamente, era metálica y reluciente, y sobre ella los artríticos danzantes se movían al son de la Rockabilly & Blues Orchestra.

El Neme, que había sido guitarrista de los Buldozers, un grupo de heavy satánico, con el devenir de los años se convirtió en el alma mater de la Rockabilly & Blues Orchestra. Al principio, al Neme le daba vergüenza formar parte de la Rockabilly, todos con sus pantalones de franela negra e impecable raya, y sus camisas floreadas con volantes en la pechera. Durante años lo ocultó a sus colegas rockeros, y más cuando la orquesta dejo de tocar rockabilly y blues para interpretar canciones melódicas, boleros e incluso pasodobles. Este cambio de estilo musical no impidió que la orquesta conservara su nombre, y eso tranquilizaba un tanto la conciencia rockera del Neme.
Pero desde que Kimberly llegó a la Rockabilly, al Neme le importó un pimiento que se supiera que era un músico de orquestina. El Neme tenía familia, mujer y dos hijos, y Kimberly, diecisiete primaveras, una mirada juguetona, y exudaba sensualidad por todos los poros de su piel. El Neme no paró hasta que ella abandonó el trío de segundas voces, que en unas ocasiones hacían de eco de la solista y en otras se limitaban a entonar un insípido duduá, para ser Kimberly la vocalista de la Rockabilly. Así fue como el Neme se convirtió en líder de la orquesta que tantos problemas de conciencia le ocasionara tiempo ha.

Aquella época fue la más feliz del Neme. Hacía adaptaciones de temas de Adamo, Antonio Machín, Lucho Gatíca, e incluso pasodobles como Suspiros de España y Paquito el Chocolatero, para que la voz de Kimberly luciera sus más seductores registros, y con sus contoneos, que surgían como el aire que expiraba, acabara de fascinar a aquel público que intentaba revivir una juventud demasiado lejana.

Tan bien hizo su trabajo el Neme, que un afamado productor musical la fichó. Le hizo una oferta de las que no se pueden rechazar. La última noche que ella cantó con la Rockabilly, el Neme comprendió que él era más patético que aquel local decadente y aquellos bailarines apergaminados que tanto había despreciado.

Kimberly finalizó su postrera actuación en el Excelsior con el tema “el reloj”, y mientras ella desgranaba la letra de ese bolero inmortal, al Neme se le escapaba el alma con cada rasgueo de su guitarra. Y cuando, con su cálida voz, entonó la estrofa final:

Detén el tiempo en tus manos
haz esta noche perpetua
para que nunca se vaya de mí
para que nunca amanezca.


El alma se le fue definitivamente y el Neme nunca más volvió a tocar una guitarra.


Felipe Deucalion




miércoles, 21 de mayo de 2014

VENUS




TREKKING DESCENDENTE
No hay mayor triunfo, ni placer, ni gozo para el senderista osado que la lograda y esperada misión del descenso del contorneado, inesperado y misterioso Monte de Venus.

Fragmento de “Confesiones del alpinista ascendente experimentado”


Susana



LA ENTREVISTA
Me recibió a la hora acordada en la cafetería del hotel  en el que se hospedaba. La primera media hora de la entrevista fue rutinaria: el consabido cuestionario biográfico y socio histórico, nos ayudó a entrar en materia. Cada tanto intenté alguna broma echándole a la entrevista una “pizca de sal”, con el fin de que se sintiera más cómoda. Empezó contestándome con monosílabos o con frases breves para finalmente… llegar al tema que me había llevado hasta allí:

La belleza y el amor
Me dijo que a la auténtica belleza no le gusta tener que responder tan solo a moldes o modas, ni siquiera  referirse tan solo al plano de lo visible o tangible; que le gusta ir de la mano con la sensibilidad, la inteligencia, la percepción y sobre todo estar ligada a la verdad.
En cuanto al amor se proclamó promotora del ejercicio pleno de la sensualidad y de la capacidad de gozar.  Me confió que, como diosa de la belleza y del amor, su mayor ambición para nosotros los mortales era que fuésemos conscientes de la proporción de belleza que sin duda habita en cada uno de nosotros y que la valorásemos en todas sus dimensiones; que viviésemos amando.

Tras aquella entrevista…me sentí más bella y amorosa que nunca.
Por su parte, a Venus - la Señora- le gustó que le llamase así, pues nunca nadie antes lo había hecho.


Marta Albricias




LA VENUS





Venus y Organista
Tiziano, ca. 1550
Óleo sobre lienzo.  Manierismo
138 cm × 222,4 cm

Museo del Prado, Madrid.



Venus y Adonis
Paolo Veronese, 1580
Óleo sobre lienzo.  Manierismo
162 cm × 191 cm

Museo del Prado, Madrid.



Me hallaba mirando aquel cuadro, extasiado. No sabia porqué, pero al terminar el recorrido de  la galería de arte, volví a mirar aquel cuadro. Me pareció ver cómo si aquella diosa semidesnuda, me hacía señas con su dedo para que me acercase. Instintivamente, me acerqué y me hallé inmerso en una sala. Ella, reclinada, con el torso desnudo, sobre el divan. El pintor, la pintaba desde el otro extremo de la habitación, mientras la miraba embelesado. Ella me hizo sentar a su lado, me rodeó el cuello con sus brazos y me dió un beso eterno.

Algo me sobresaltó... –Señor, vamos a cerrar- El vigilante me tocaba el hombro para sacarme de mi estupor. Desde aquel día iba cada tarde al salir del trabajo, a ver a mi adorada venus. Retozábamos juntos por los jardines que Tiziano pintaba para nosotros cada día.
El fin de semana, se nos había hecho eterno. El museo estaba cerrado. Así que ante los ruegos y sollozos de mi amada, lo decidí. Y heme aquí, sentado en el sofá de mi casa. Mi amada me observaba y se paseaba ante mí mirando insistente y extrañada el cambio.
Entonces entré en el cuadro, la tomé en mis brazos y le dije que ya nadie ni nada nos volvería a separar nunca más.

Al día siguiente la policía llegó a mi casa y tiró la puerta abajo. Se llevaron el cuadro y mi amada y yo no podíamos contener la risa al ver la cara de estupor de aquellos expertos en Historia del Arte, a los que habían llamado para intentar dar una explicación a lo que había pasado.  No dejaban de decir que efectivamente el cuadro era un auténtico Tiziano, pero no entendían cómo es que el cuadro de la venus de Tiziano se había transformado en un cuadro de venus retozando junto a Apolo, un hombre regordete y bastante vulgar, pero claro que la Venus tampoco era nada extraordinario para estos tiempos.


Lola Ruiz        



VENUS
Era esvelta, i la seva pell tan pàlida que semblava translúcida. El cabell llarg i vermellós, li queia sobre les espatlles. No endevinava si els seus ulls molt clars, eren d’un to blavós o violetes. La noia cridava l’atenció. Jo no era l’únic que la mirava. Ella com si no l’importés res del seu voltant, repasava les notes que tenia, i estava asseguda en calma a la taula d’aquell cafè. Semblava d’un altre mon.

Lentament es va aixecar i va venir fins on jo m’estava. Vaig quedar gairebé hipnotitzat. Era tant guapa que jo no podia tancar la boca.
Em va preguntar si sabia on era un determinat carrer, i mogut per una força desconeguda, em vaig incorporar i li vaig dir que si volia l’acompanyava, doncs era allá a prop.
Acceptà, i vam sortir a l’exterior del local. La nit era fosca però hi havia una llum que destacava. Li vaig dir que era estrany que es veiés brillar tant un estel.
La noia em va mirar i amb un somriure torbador, digué molt seriosament que no era cap estel,  sinó Venus el seu planeta.

En aquell moment em vaig marejar i se m’enterbolí la vista. Un sentiment de rabia em pujava per l’estómac. Vaig pensar que estava malament del cap, o que em prenia el pel. Potser era boja i s’havia escapat d’un centre. Quina paradoxa, una noia tan bella i amb un cervell tant malalt.
Com que la meva reacció fou tant contundent, ella em va agafar del braç suaument i va dir que la disculpés, que havia estat una broma. Un cop vàrem arribar al lloc, ens vam acomiadar. Encara estava trasbalsat per la seva perfecció.

Al arribar a casa em vaig posar cómode i feia tanta calor que vaig sortir a la terrassa. Venus estava molt gran i brillava encara mês que fa una estona.
Em vaig endormiscar una mica i sobre la barana s’instal.là una llum com una bengala de Sant Joan, que s’anava fent mês grossa per moments. Molt lentament es va anar convertint en una figura femenina. Era ella!

El seu cabell roig i els ulls violetes destacaven sobre el cel negre. Va allargar la mà i em va donar una pedra de color groc. Digué que era de Venus i que aquí no en trobaria cap d’igual. Em va abraçar i es va convertir en llum que s’allunyà rápidament.

Mai he explicat això a ningú, ni tan sols als meus amics, perquè se que no em creurien. Es el meu secret. Però alguna vegada quan han vingut a casa, la pedra groga que està a la vitrina, emet una llum forta. Em pregunten on he comprat aquell objecte tan bonic, i jo amb un somriure i molta picardia els dic que es un regal, i gaudeixo veient les seves cares atònites.



Laia





LA ANTI
Al nacer, Afrodita Bermejo Ibáñez peso cuatro kilos cuatrocientos gramos. Su nombre había sido objeto de intensas deliberaciones por parte de sus padres, Epifanio y Venancia. Ambos querían un nombre moderno para su futura hija y no casposo como los suyos, que sonaban a posguerra y cartillas de racionamiento. Epifanio propuso llamarla Venus, pero Venancia argumentó que de Venus a Venusiana había un paso muy corto, y que ella recordaba que la chica más popular de su clase se llamaba África. Porque no llamarla Afrodita, propuso, era la versión griega de Venus, no era casposo, y además se parecía a África. Y Afrodita se llamó la criatura.

En la guardería y en la escuela, Afrodita destacaba por su altura y corpulencia, sin que esto le supusiera ningún problema, sino más bien una ventaja. Nadie se metía con ella. Sin embargo, al llegar al instituto, su generoso desarrollo pectoral fue objeto de atención preferente por parte de los chicos de cursos superiores. Brian, el chistoso de tercero, la bautizó con el apodo de Afrodisíaca.
Aquel primer trimestre la pobre chica lo pasó fatal, procuraba taparse el busto con la carpeta clasificatoria que les dieron el primer día del curso. Pero durante el recreo no sabía cómo evitar las miradas continuas de los compañeros, y un día que otras niñas la invitaron a saltar a la cuerda se formó un corro de mirones atónitos ante las oscilaciones de sus senos.

Venancia notó que la niña estaba rara. Quizá le estaba costando adaptarse al nuevo cole, pensó, o quizá era uno de esos cambios de humor típicos de los adolescentes. La madre se alarmó algo más, cuando Afrodita volvió de la peluquería, un día de las vacaciones de Navidad, con un corte de pelo varonil, y también al insistir su hija en que quería que le regalaran camisas y jerséis dos tallas superiores a la que le correspondía. Pero el ajetreo de las fiestas no le permitió profundizar en el extraño comportamiento de la chica.

El primer día de clase de enero, Afrodita se presentó en el instituto con los pechos sujetos por un apretado vendaje, con una camisa y un jersey amplios, y su nuevo peinado. Su aspecto de marimacho era notorio. Ante este cambio de imagen, también fue a Brian, el chistoso de tercero, a quien se le ocurrió rebautizarla como Antiafrodisíaca. Era un mote acertado, pero demasiado largo, y a los pocos días los chicos lo abreviaron y se convirtió en Anti. Así, sin más.

Al acabar la carrera de derecho, el dichoso apodo ya no le dolía, pero le resultaba cansino, y decidió mudarse de barrio. Ya tenía un piso medio apalabrado, cuando recapacitó sobre los motivos de su decisión, y se confesó a si misma que su nombre, el que figuraba en su D.N.I., tampoco le gustaba, e incluso que era un tanto ridículo llamarse hoy en día como una diosa de la antigua Grecia.
Y como la Anti fue conocida Afrodita Bermejo Ibáñez para los restos


Felipe Deucalion             







lunes, 28 de abril de 2014

GATO NEGRO



FELIX FELINUS
Aquella mañana Felix Felinus, erudito de El Departamento de Estudios Felinos de la UniversiKat, llegó a su despacho un poco más tarde que de costumbre. Abrió su agenda y encendió el ordenador, no sin antes prepararse una taza de café. En su mesa una foto de su gato Coconut  jugando con su mascota, el entrañable Topo Gigio, le miraba atentamente: todo apuntaba que hoy también podía ser un gran día.
El correo electrónico se actualizó alertando a Felinus que mensajes recién llegados precisaban de su atención y lectura con más o menos premura; así de acuerdo a su naturaleza decidió proceder con calma.
El primer mensaje que se postró ante sus ojos decía así:        

ASUNTO: RESOLUCIÓN ESTUDIO COMPARATIVO-MUESTRA / El Gato Negro
FECHA: Lunes 28 Abril 2014   08:05h
Apreciado colega,
Nos complace adjuntarte en este correo la resolución a nuestro estudio conjunto que, a fecha de hoy, ha sido admitido a trámite por el Tribunal Académico Regional para su difusión y avalado por numerosas asociaciones y protectoras animales.

Adjunto:
El estudio comparativo realizado por el Departamento de Estudios Felinos de esta UniversiKat para valorar la calidad de la muestra llevada a cabo sobre la figura de El Gato negro:

CONCLUYE
Por todos los datos aportados, contrastados y analizados en esta muestra, podemos afirmar que el gato negro ha sido y sigue siendo desde hace siglos,  especialmente desde la caída de la Imperio Egipcio, víctima de las campañas de difamación y descrédito por parte de colectivos que carecen de argumentos racionales o científicos a la hora de defender su postura; de modo que cuya imposición y divulgación transgrede los derechos fundamentales de todo ser vivo.

Felix Felinus, se sintió muy contento: los años de esfuerzo y dedicación, no siempre reconocidos, habían por fin dado su fruto y hoy,  lo celebraría con su equipo.

¡Verdaderamente, fue un gran día!


Marta Albricias



LOS TIEMPOS ADELANTAN QUE ES UNA BARBARIDAD
El miércoles, Christian envió el siguiente whatsapp a su chica.
- Cari, ¿qué passssa? Desde que has vuelto de tu pueblo, no me coges el móvil y no contestas a mis whatsapps.
El jueves, ante la ausencia de respuesta, Christian insistió.
- Cari, no sé qué te pasa, pero este finde nos vemos en el Gato Negro y lo hablamos.
En esta ocasión, su whatsapp sí tuvo contestación.
- Tu puta madre.
Aunque Christian se olía la tostada, prefirió hacerse el sorprendido.
- A qué viene eso, cari, no entiendo nada.
- Pues pregúntale a la Sorayita y ella te lo explicará.
- Ya te fueron con el chisme. Lo del otro día fue solo un piquito de amigos.
- Conque un piquito de amigos. Mira la foto que os hizo la Yoli con el móvil, mamonazo.
A Christian no le hacía falta mirar la foto. Decidió afrontar la situación sin ambages.
- Bueno, sí, cari, hubo filete. Pero yo iba muy pasado de chupitos, no sabía lo que hacía. Y ya conoces a la Sorayita, se lo monta con cualquiera.
- Déjame en paz, hijo puta.
El viernes, Christian volvió a intentarlo y de nuevo mandó un mensaje gratuito a su chica.
- Cari, perdona, siento mucho lo que pasó, pero es que iba muy puesto de todo. Esta noche pago yo los chupitos en el Gato Negro.
- Ni perdona ni leches. Está noche me lo voy a hacer con el Charly.
Con el Charly no, pensó Christian. A este cabrón no se le escapa una. Y la tiene más gorda que yo, que se la he visto en el lavabo del Gato Negro.
- No te pongas así, cari. Entiendo que estés cabreada, pero esta noche lo hablamos y verás que reconciliación más guapa vamos a tener.
- Deja de llamarme cari. Para ti, soy la Vero y punto.
- Pero yo te quiero, Vero.
- Eso díselo a la Sorayita.
- Vale, Vero, comprendo que quieras la revancha, pero con el Charly no. Que solo fue un filetillo de nada.
- Con el Charly, esta noche me lo hago con el Charly. Y si no lo quieres ver, no vayas por el Gato Negro.
Aquella noche Christian llegó al Gato Negro antes que de costumbre. Pero Charly ya estaba en el bar pavoneándose ante sus colegas. Esta noche me tiro a la Vero, decía una y otra vez Charly. Y ante el escepticismo de sus colegas les mostró el móvil, y añadió, mirad que whatsapp me ha mandao.
Christian se dirigió al otro extremo de la barra, como si no hubiera oído nada. Pidió tres chupitos, los cogió y fue a sentarse en el rincón menos iluminado del local. Se bebió los tres chupitos casi sin respirar para frenar sus ganas de salir corriendo. Esperó sujetándose las rodillas con las manos.
Cuando Vero apareció acompañada de Yoli, Charly se fue directo hacia ellas. Christian se levantó con toda la calma de que fue capaz, se acercó a la barra, pidió dos chupitos más y se los tomó sin más demora. Luego se aproximó con parsimonia a Charly, que le daba la espalda, le dio unos golpecitos en el hombro y nada más girarse le propinó un gancho de derecha en toda la mandíbula. Charly se desplomó como una marioneta a la que hubieran cortado los hilos. Sus colegas querían venganza, pero otros clientes se interpusieron, y no tuvieron otra opción que recoger a Charly y tratar de espabilarlo.
Vero se interesó por Christian que se dolía de la mano derecha. Aquella noche tuvieron una reconciliación muy guapa.
Otro efecto colateral de aquella noche fue que Christian tuvo que llevar tres dedos entablillados durante unas semanas.


Felipe Deucalion




jueves, 14 de marzo de 2013

LA LLUVIA



TRAS LA LLUVIA 
 
El primer rayo de sol que se coló por la ventana era tenue. Había llovido y en cada gota que se deslizaba por la cristalera se reflejaba nuestra habitación, donde tantas veces habían llovido los besos; cada vez que le regalábamos a la lluvia nuestro amor.

Marta Albricias

EL GIGANTE GLOTÓN

Cuentan, que hubo una vez un país lejano en el que nunca llovía: nubes grises, blancas, negras y lilas, aparecían y desaparecían por sus cielos con la rapidez del rayo.
Érase una vez un país en donde el sol brillaba sin tregua, porque un gigante glotón se comía las nubes.

Marta Albricias

LLUVIA

Había una palabra hecha una gota, lluvia.
Lluvia me moja, me seca, me llena, me deja...lluvia.
Lluvia me lava, que empapa, que a niega, inmunda, rebalsa.
Lluvia navega, que llega, que anda, se detiene y vuelve.
Lluvia tormenta, llovizna con gotas, gotitas que se sienten y dan vida, cosechan y siembran semillas en campos y huertos, vida de lluvia.

Lagrima caída gota de lluvia con vida, que alegre o triste habla del alma, de la tierra o de ti misma.
Lluvia que moja, me empapa, me lava, me baña, me cae, me esconde.
Lluvia melodía del cielo que empieza y termina.
Lluvia agua que cae termina y empieza con ritmo o sin ritmo; con luz,  con arco iris y truenos relámpagos voz de lluvia, eco de lluvia.
Lluvia el  ritmo del agua que el cielo regala me empapa, me moja, me inmunda, rebalsa, que llega, que anda, se detiene y vuelve......lluvia.

Amelia Casas Aphestegüy

LLUVIA CRISTALINA

En el país de mis ojos hace tiempo que no llega un temporal. El cielo celeste del país de mis ojos amanece condensado de humedad a causa del cansancio. Cuándo a mis ojos llega la electricidad de los relámpagos en los días de mal humor  se congela mi mirada pero el temporal no se desata. Si llega la primavera el tono del iris se vuelve celeste verde y algunas gotas se desprenden por fin de alegría por las cimas de mis mejillas próximas a mis ojos. Son gotas cautas, elegantes y alegres que bailan con dinamismo esperando que no acabe el verano. A veces, ante una sorpresa inesperada o algún recuerdo nostálgico, se deslizan por esas cimas algunos goterones escasos, lentos, pausados y silenciosos. Me doy cuenta que la experiencia del país de mis ojos evita los temporales porque ha perdido la fuerza de los aguaceros y contiene el dramatismo externo en las nubes enmarañadas del espíritu celestial interno del país de mi corazón.

Susana

EL GUATEQUE

Querido diario:
Hoy es el día más feliz de mi vida. He bailado y más cosas con Javi. Aunque al principio no fue muy bien.
Bueno, a ver, yo quería bailar con él “Noches de blanco satén”, pero la Sorayita se me ha adelantado, la tía guarra. Con decir que he estado a punto de bailar con el gordito que pone los discos, está todo dicho.
Pero después de un cuba libre de Giró, me he lanzado. Han puesto “La lluvia” de Mike Kennedy y me he colgado de su cuello.
Hemos bailado, y besado, y un poco de todo. Pero no ha sido como con el primo del pueblo, que más que acariciarme parecía que quería escarbarme. Esta vez no, esta vez ha sido más suave, como más natural, como más bonito.
De este guateque he sacado dos cosas positivas Una, que “La lluvia” de Mike Kenedy va a ser la canción de nuestra vida. La otra, que se joda la Sorayita, que a mí también me las ha sobao
Barcelona, 17 de octubre de 1.970.

Felipe Deucalión

LA VENTANA INDISCRETA

 Desde su ventana se divisaba la desolada plazoleta, presuntamente ajardinada.
 Un banco  carente de respaldo como requieren  las buenas normas de diseño,  dos esqueléticos árboles para una improbable sombra y el imprescindible  pack  de “papelera-farol-bici-parking”
 Todo lo necesario para acoger al paseante más exigente, pero seguía estando vacía.
 Un día  llego un hombre con un largo abrigo  negro  y un paraguas cerrado, sentándose  en el banco, saco del bolsillo lo que parecía una carta;
 la leyó pausadamente, la guardo y  se marchó.
Diariamente  el secreto observador, con curiosidad e impaciencia esperaba al visitante.
Que diría aquella carta?  Porque llevaba un paraguas si no llovía?.
 Las visitas se  iban sucediendo  con la misma rutina, hasta que una lluviosa tarde  inquietó  al observador, acudiría hoy el enigmático paseante?.                                               
El visitante llegó con el paraguas cerrado, parecía no importarle la sutil pero persistente lluvia, se sentó, leyó la carta y al finalizar  construyó un barquito con ella y dejándole deslizar  por los  riachuelos formados por la lluvia, abandonó apresuradamente la plazoleta  y ya jamás regresó.
 Justo ahora, que en los árboles empezaban a despuntar las hojas.

Rosa

LA LLUVIA

En el pueblo había un refrán “cuando el viento sopla llega la lluvia”. Y el viento no dejaba de soplar hacía más de un mes. Incluso se había llevado las tejas de la cubierta de la casa del Agustín. ¡Pobre Agustín!, la mujer se le fue a la ciudad subida en el carromato del cacharrero que venía por el pueblo, y no volvió; Como sus tejas, que se las había llevado el viento a Dios sabe dónde. Y es que ya se lo decía el Mariano, que la Visi había sido de  joven muy veleta. Al final el Agustín, no tuvo más remedio que proveerse de unas cuantas chapas en el vertedero municipal y colocarlas a modo de tejas en los huecos que habían dejado aquellas desertoras. Al bajar por la escalerilla apoyada contra la fachada, oyó tronar y empezó a caer una espesa cortina de agua. El Agustín se metió en casa y sentado al lado de la chimenea miraba por la ventana. Reconoció una silueta de mujer plantada ante la casa, bajo la lluvia. Era la Visi que volvía hecha unos zorros y con la cabeza gacha.
“Cuando el viento sopla, vuelve la lluvia”, pensó el Agustín; y salió a recoger a su mujer, después de todo. El cura le había dicho, para lo bueno y para lo malo…

Jordana (Lola Ruiz Jurado)

ELENA

Elena mira por el cristal la lluvia que cae sobre la ciudad. Es una lluvia suave que apenas hace ruido. No está segura de si esta despierta lleva tantos días sin llover que tal vez este soñando que finalmente el cielo ha empezado a limpiar la ciudad.
Abre el balcón y se asoma. Las gotas le mojan la cara, suspira, parecen bastante reales. Aun así, mientras sueñas las fantasías también parecen reales.
Sus tiestos huelen a tierra mojada. Hace tiempo que no planta nada en ellos, tal vez si esta lluvia es real vaya a comprar algunos bulbos para tener flores este verano.
Mira hacia abajo, la gente que camina por la calle bajo el paraguas. Sin saber por qué da un grito “ahhhhh”. La mayoría de las personas no hace ningún caso. Pero hay varias personas que se giran y se la quedan mirando sin saber si reírse o avisar a los bomberos. Cuando Elena se da cuenta, vuelve enseguida dentro de casa.
Vale, no está soñando, acaba de montar el espectáculo. Se ríe para si misma. Su gata se le acerca y ronronea cariñosa. La coge en brazos y se va a la cocina para poner agua a hervir.
Se despierta con la infusión fría a su lado. Su gata se queja cuando se mueve. El libro que leía ha caído al suelo. Fuera se ha hecho de noche. Tal vez no ha llegado a gritar.
Sonríe para si misma cuando descubre que espera que no haya sido un sueño.

Herman

LA LLUVIA

Margarita era preciosa. No tenía nada que envidiar a sus compañeras. Su amiga Rosa, siempre tan vistosa, llevaba unos dias un poco mustia. Pero no era la única.
Margarita tenía los pétalos blancos y era esbelta con las hojas muy verdes. Aunque Rosa podía destacar al principio, siempre acababan fijándose en ella y su sencillez.
Vivian en un jardin pequeño y acogedor. Sus vecinos y amigos: la palmera, las bugambilias y el cactus, se llevaban muy bien. Pero todos, incluso este, estaban esperando una cosa: la lluvia. Ellos la llamaban “la gran fiesta” y hacía mucho tiempo que no se empapaban con su agua. La añoraban en su subconsciente.
Una tarde que estaban de “cháchara”, oyeron el sonido de un trueno. Inmediatamente cesaron las conversaciones y todos los habitantes del jardin, miraron hacia el cielo esperanzados. A ver si sería una falsa alarma como otras veces.
Pero en esta ocasión, el firmamento se oscureció. Casi daba miedo mirarlo y lo rasgaron relámpagos deslumbrantes. Por fin cayeron las primeras gotas. Las plantas las recibieron con una alegría fuera de si. Todas ellas intensificaron su color y se giraron para recibir la lluvia. Margarita comentaba que ojalá no cayera granizo.
La precipitación fue tan intensa que casi no dejaba oir los cantos de júbilo de todas ellas. No estuvieron solas, al poco salieron varias familias de caracoles y alguna lombriz.
Cuando el dia declinaba, el aguacero cesó. Margarita, Rosa y los demás estaban radiantes. Todos tenían pequeñas gotas en sus cuerpos como si fueran brillantes.
Al poco se abrió la puerta de la casa y se asomó una anciana al jardin:
Parece que mis amigas hayan visitado un salón de belleza,estan espléndidas. Y se acercó a Rosa para olerla, pero miró a Margarita y dijo para sus adentros: tu si que eres hermosa.

Laia

TAMBORES

Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Los bailarines ejecutaban volteretas imposibles alrededor de la hoguera mientras las mujeres, apiñadas a un lado, entonaban canciones ancestrales que se perdían en el orbe estrellado.
En la tienda central, el hechicero puso un puñado de hierbas sobre las brasas y al instante un humo denso y mentolado llenó todo el espacio mientras sus ayudantes movían incansablemente toda clase de amuletos y abalorios en un trance conjunto.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Todos eran conscientes de que aquella era la última noche. Si al día siguiente no llovía todas las tribus estaban condenadas a la extinción.
Ni los más ancianos recordaban un período de sequía tan largo y los pobladores de las montañas se vieron obligados a ir descendiendo hasta el valle.  
La situación era tan extrema que olvidaron todas las diferencias y las enemistades de tiempos inmemoriales quedaron olvidadas mientras todos unían sus fuerzas y su energía en su petición de lluvia a todos los dioses.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Más de mil tambores completaban un círculo perfecto y cuando alguno caía rendido o se desmayaba era inmediatamente sustituido por otro.
Las ancianas habían degollado las últimas cabras y daban de beber la sangre a los más pequeños y a los más necesitados mientras los demás, cubiertos de sudor, iban acumulando una capa de polvo en la piel provocada por los saltos de los que danzaban portando las pinturas y accesorios que la situación requería.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum
Era el sexto día. Los tambores no habían parado ni un solo momento y empezaba a amanecer. El hechicero salió de la tienda y se puso a chillar histéricamente haciendo que los tambores sonasen a su máxima capacidad mientras los hombres, mujeres y niños unían sus gargantas en un único lamento de notas agudas que parecía perforar el cielo.
Pum Pum Pum Pum, Pum Pum Pum Pum        
En algún lugar del firmamento los dioses se unieron con carácter de urgencia. Todos llevaban tapones en los oidos y por sus caras se adivinaba que llevaban unos cuantos días sin dormir.
.- POR TODOS NOSOTROS!  - gritó el más dios de todos los dioses – ESTO VA ACABAR CONMIGO! ¿PERO ES QUE NO HAY FORMA DE HACER CALLAR ESOS TAMBORES?
Estuvieron discutiendo durante un buen rato, cuando de repente, uno de los dioses más jóvenes, dijo:
.- Y si les tiramos un cubo de agua?
.- VIVO YO (vive Dios) QUE ES UNA BUENA IDEA! QUE LES TIREN 1000 CUBOS SI FUERA NECESARIO!
Abajo, en el valle, el hechicero levantó una mano y todo el mundo quedó inmóvil. Hasta los bebés dejaron de llorar pidiendo el pecho seco de sus madres. El hechicero señaló hacia las montañas donde empezaban a verse unos negros y enormes nubarrones.
Pronto cayó la primera gota y media hora más tarde todos se revolcaban en el barro entre risas y juegos.
Uno de los jóvenes se acercó al hechicero y le preguntó:
.- Podemos hacer una fiesta esta noche para celebrar las lluvias.
.- Por supuesto. Pero nada de tambores. Solo flautas. No está bien abusar de la paciencia de los dioses…

Javier