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viernes, 26 de septiembre de 2014

COMO CADA TARDE



COMO CADA TARDE
Se sentía desesperada y desgraciada. Estaba sin fuerzas, con una sensación de vacío inmenso que le había dejado la muerte de su esposo.  Lo había estado cuidando durante los trece meses que duró su agonía, inmersa en la cárcel de sus cuidados, de sus dolores, de sus quejas.  Y aunque ya todo había terminado, seguía sintiendo el mismo encierro, la misma cárcel, solo que ahora estaba solamente acompañada de una ausencia.

De pronto se oyeron truenos, el cielo oscureció iluminándose con breves relámpagos. Elisa rompió en llantos. Lloró y lloró y lloró. Sus lágrimas resbalaron por sus mejillas, su pecho, sus brazos. Bañaron todo su cuerpo, cayeron al suelo hasta inundarlo, salieron por las puertas, bajaron hasta la calle y se mezclaron con el agua de la tormenta. Sintió que algo había cambiado: Lloraba el cielo y llovía su corazón. Luego la lluvia paró y sus lágrimas cesaron. Se miró en el espejo, el cielo sonreía. Estaba despejada, ligera, limpia.  Estiró sus brazos, alzó sus manos y salió. Llegó hasta la parte del río donde se podía nadar, y flotó panza arriba como los insectos zapateros que tanto le gustaban de pequeña.  Se deslizó con la suave corriente, como las hojas secas que los árboles dejaban caer al agua. 

Se empapaba de naturaleza.  Se sentía libre. Sin prisas por estar en casa cuidándolo,  como cada tarde.


María Jesús (mariajes)



UNA LLAMADA DESESPERADA
Estaba sentado en la terraza de un bar  saboreando un café, a mi lado dos paisanos comentaban con regocijo la abundancia de agua del presente verano, y frente a mí se alzaba imponente la montaña del Turbón.

Sobre la montaña mágica del pirineo aragonés unas nubes de algodón estaban atrapadas en la cima y formaban un círculo que permitía visualizar el haz de rayos solares que se filtraban por su centro. Yo estaba emocionado con la escena, y mi asombro se transformó en maravilla, cuando sobre el haz de rayos distinguí claramente un triángulo con un ojo que no parpadeaba enmarcado en él. No daba crédito a lo que veía, será una ilusión óptica inducida por la emoción del paisaje que se exhibe ante mí, pensé.

Pero, de pronto, una voz resonó en el firmamento: “Humanos, el tiempo del arrepentimiento y la purificación se está agotando. Preparaos, mortales, vuestro final es inminente”. En este momento ya no sabía que pensar ni que creer.
-        
  -       -Ya está otra vez el pesado ese. Como cada tarde –dijo uno de los paisanos que estaba junto a mí.

-          
          - Desde luego, con lo que ha sido, es muy triste verle recurrir a estas triquiñuelas para que alguien le   haga caso –remachó el otro.


Felipe Deucalion



COMO CADA TARDE…
No me interesa tu vida, Maruja. Tus obligaciones de estofado patatero y garbanzos en remojo. De bronca con la niña porque llega tarde por las noches oliendo a tabaco y alcohol, con 4 suspensos este curso.

No me interesa tu relación con el santurrón de tu marido que cumple con el abrazo marital los viernes con el mismo entusiasmo que tu cumples con la colada de los lunes.

Ni me interesan tus conversaciones con la vecina del segundo para poner verde a la del tercero, ni los remedios que os comunicáis para conseguir que sea un éxito la operación bikini de cada verano, cosa en la que año tras año fracasáis.

Tampoco me entusiasma el que tus verbos más utilizados sean cundir y limpiar.

Ni que delegues en tu hijo mayor el encargo de poner color a tu plana vida a través de un nieto que aporte la promesa de un nuevo horizonte.

No me interesa tu anodina existencia donde bien poco ha escrito la primavera en tu diario y si algún sentimiento relevante existe es el prestado por los culebrones televisivos en los que, como cada tarde, te escondes detrás de sus personajes tragicómicos.

Y así van cayendo las hojas de tu calendario en los que cada noche los ronquidos de tu marido señalan el final del día.


Carmen



VENCER LA RUTINA
Colocó las fichas boca abajo sobre la mesa y las mezcló hasta dejarlas  al azar. Aquella tarde, hasta el aire que respiraba le resultaba monótono.  Aquella tarde, decidió que la partida sería diferente; y así, conscientemente decidido a que así fuese, comenzó el juego:  evitando cualquier proceder automático que pudiese acrecentar esa sensación de hastío que de un tiempo a esta parte, le proporcionaba la misma rutina de cada tarde.
Y el dado, empezó a rodar por el tablero…y  la primera ficha se dio la vuelta, ágil; sin rodeos; sin letras, sin números, sin puntos ni colores, tan solo era un mensaje que decía:

 “ Gánale el pulso a la rutina de siempre; toma otra ficha, sigue jugando y averigua cómo”

Perplejo, tomó otra ficha y ésta era también diferente a todas las que había visto hasta ahora; en ella pudo leer:
“ Un paseo por la orilla del mar ”

Y seguidamente, otra más le formuló una pregunta:
“ ¿Qué tal un poco de música?

Una tercera ficha…le invitó a dar:
“ Un paseo por el parque “

La más genérica de todas, le invitó a:
“ Explorar todas sus posibilidades”

Y de este modo, le fue dando la vuelta a las 28 fichas de las que obtuvo 28 sugerencias; y el aire se fue haciendo menos denso y, atónito, volvió a leer cuidadosamente cada uno de los mensajes que le habían devuelto las ganas de romper con esa rutina en la que se sentía atrapado desde hacía ya demasiado tiempo.

El mensaje de la última ficha fue definitivo:

“Explora tus posibilidades, hay vida más allá de este tablero”

Poco a poco…recogió las fichas, el tablero y salió de casa. Aquella tarde la rutina no le acompañó como cada tarde”.


Marta Albricias




COMO CADA TARDE
Mike está sentado en un banco del parque como cada tarde. No va solo. Le acompaña Black, su perro pastor aleman. Su mujer murió hace años y Mike visita a sus hijos y nietos con asiduidad. Todavía se mantiene joven y dedica su tiempo a hacer servicios para la comunidad. Es una persona dulce y cariñosa, peró en realidad, el único que le conoce bien es su perro Black, que nunca podrá compartirlo con ningún humano.

La luz de la tarde se desvanece y da paso muy despacio a la oscuridad. Mike ha visto pasar a muchas personas, pero este martes ha estado al acecho. Hoy es día de caza.
Una mujer joven, muy guapa, anda delante suyo y se dirige al centro del parque para atravesarlo. Ya ha anochecido.

Mike se levanta y junto a Black, empieza a seguirla. La mujer, ajena a todo, se adentra más y más en la parte frondosa del paraje, nada transitada en esas horas. Ya le han dicho algunas veces que es mejor dar un rodeo y no pasar sola por la arboleda, pero ella tiene prisa y así se ahorra mucho camino.
La mujer se vuelve un par de veces y ve a Mike y a su perro ya muy cerca, pero le parecen inofensivos.

De forma súbita, ella se agacha para quitarse una piedra del zapato, y en ese instante Mike le asesta un golpe mortal en la cabeza con su mazo, el que lleva siempre para estas ocasiones, que queda bien escondido bajo el abrigo.
La mujer está en el suelo, y Mike, presa de una excitación sin límites, la mira con cariño y la coloca boca arriba, como si durmiera. Black lo observa todo pacientemente.

Al dia siguiente el bosque está lleno de policias. Saldrá en la próxima edición del periódico, la noticia de un asesinato en la zona.

Mike, no hace números de las piezas que lleva cobradas y Black no sabe contar, así que tranquilamente se sienta en el banco como cada tarde, para ver pasar las horas.

(Historia de un asesino en serie)
                                                              

Laia 




COMO CADA TARDE
Como cada tarde Lidia llega la primera a la guardería para recoger a su hijo. Solo hace una semana que ha empezado. Aún no está seguro si le está sentando bien que Marc no esté llorando cada día. Se mueve entre la satisfacción de ver lo bien que se está desenvolviendo y la sensación de que le necesita más que el pequeño a ella. Por si las moscas se lanza a llenarlo de besos nada más abren la puerta, y se lo lleva a casa sin dejar de jugar con él.

Como cada tarde Juan agradece en silencio el dolor de los brazos de las ocho horas de trabajo. Seis meses ya hace y de momento parece que están contentos con él. Desde que empezó la crisis no había conseguido más que chapuzas y ya empezaba a pensar que tendrían que renunciar al piso cuando su primo le aviso de que en su fábrica buscaban alguien de confianza y trabajador.
Como cada tarde están los cuatro alrededor de la mesa del rincón. El tapete verde y las cartas manoseadas, los carajillos, el platillo de frutos secos, el olor a rancio y la mala leche del Lucio cuando suelta la misma frase de los últimos cuatro años “me cago en los maricas políticos y su puta ley antitabaco”.

Como cada tarde Joaquina se acaba el último sorbo del café a las cinco menos cinco, baja las escaleras sin prisas y a las cinco puntual, pase lo que pase, abre las puertas de madera de la pequeña tienda. Igual que el primer día hace más de veinticinco años no tardaran en presentarse sus amigas a chismorrear un rato. Ahora ya son las únicas que vienen y apenas compran algo de lana para hacer unos peucos a sus nietos. Qué más da. Ahora ya están todas sus deudas pagadas. Y mientras le queden fuerzas prefiere pasar aquí sus horas que sola pensando en los hijos que no pudo tener.

Como cada tarde suenan las campanas de la ciudad. Anuncian la misa, aunque a penas ya nadie va. Pero ellas siguen sonando como hace más de doscientos años en lo alto de la catedral. Da igual si hay un monaguillo o un motor tirando de su cuerda. Ellas van a sonar igual hasta el día en que reviente el campanario.

Como cada tarde el sol se pone tras las dunas y como si cuatro mil años no hubieran pasado la pirámide va quedando poco a poco en la sombra hasta que solo desde la cúspide se ve aun el sol.

Como cada tarde el agricultor deja su azada y mira al cielo. Espera ver ese color rojo que desde hace más de ocho mil años toda su estirpe espera que le traiga la lluvia.

Como cada tarde, el pequeño mamífero siente como el sol empieza a descender y busca su refugió para poder mantener el calor de su pequeño cuerpo, exactamente igual que 200 millones de años atrás.

Como cada tarde, apenas hace 540 millones de años, los ojos se alzan para ver el cielo. Unos delgados nervios informan al minúsculo cerebro que pronto desaparecerá la luz, llego el momento de regresar al nido.

Como cada tarde, desde que empezó a enfriarse la corteza, el incesante movimiento de la tierra, retira el sol de las piedras calientes, las hace crujir. Poco a poco se vuelven a contraer, desgastándose lentamente. Y por más que otros cuatro mil millones de años pasen, cada tarde va a seguir igual.
Camino de casa Marc le cuenta a lidia que ha estado jugando en la arena.


Herman






miércoles, 18 de junio de 2014

EL RELOJ



TIC TAC
Son las doce de la noche: tic- tac   tic- tac   tic- tac, es el sonido que inunda la tranquila habitación; el compás con el que los tres aliados de la medida del tiempo: la hora, el minuto y el segundo, bailan festejando la medianoche.

Marta Albricias



EL RELOJ 
Alfred acababa de empaquetar las últimas cosas, cuando el azar puso en sus manos un reloj de pulsera antiguo, de mujer.
La esfera era de color blanco y tenía unas piedrecitas brillantes a su alrededor. Alfred lo reconoció enseguida, y casi se le saltaron las lágrimas. Era el reloj de su madre. Ella lo llevó varios años aunque estaba parado.
Alfred llamó a su mujer que estaba en el vestíbulo cerrando cajas, pues se marchaban a vivir cerca de sus hijos y nietos a las afueras de Londres.  Aquel era el día de la mudanza y revisaban las últimas pertenencias.
- ¿Que pasa Alfred? -dijo ella interesada.
- Es que acabo de encontrar por casualidad el reloj de mi madre. Lo recuerdo en su brazo y no sabía porqué lo llevaba si no funcionaba, hasta que un día se lo pregunté y esto es lo que me dijo:
“Transcurría abril de 1942 y estaba en la cama de un hospital porqué me había puesto de parto y las contracciones eran tan fuertes que no podía ni respirar. Había complicaciones.
En aquel momento sonó la alarma antiaérea  sobre Londres, y las luces oscilaron. Las enfermeras corrían y todos nos preparamos para lo peor. El escuadrón de aviones alemanes sobrevoló el estuario del Támesis y pronto se oyó el impacto de las primeras bombas sobre la ciudad. Casi al mismo tiempo escuche la voz de la enfermera que decia:
- ¡Empuje señora Roth que ya está aquí!
Con el esfuerzo se me cayó el reloj de la muñeca y al golpear contra el suelo se paró a las tres de la madrugada, la hora en que tú naciste. Es por eso hijo mío que no me desprendo de él.”
Al finalizar el relato, Alfred y su mujer se abrazaron y ella le susurró:
- ¡Fue una suerte que el hospital no fue dañado y me alegro de haberte conocido, Alfred!
Se besaron y el apretó el reloj contra su cuerpo.
                                                                                                                            

Laia 




LAS DOCE CAMPANADAS
Dong, dong, y así hasta doce veces, tañía la campana de la basílica.
Más que un dong dong, repicaba como un golpe seco plom, plom.
-Esa campana, cada vez suena peor- me comentó Matías, el camarero del bar del fossar de les moreres, donde me acercaba algún que otro domingo a hacer el vermut.-
De repente una luz se encendió en mi cabeza y llamé a Artal para que me acompañara a la comisaría de la vía Layetana a ver a nuestro amigo el inspector Martí.
Estábamos investigando un caso de asesinato en el que ninguna pieza encajaba. Hasta ahora.
Fuimos a la comisaría y le explique mi teoría.
-Al doctor le mataron a las 11 de la mañana y no a las doce como habían dicho los testigos- le dije al inspector Martí- y proseguí- Ellos habían oído las doce campanadas del reloj de la basílica del Carmen, pero en realidad, como suenan bastante mal, lo que oyeron fueron 11 campanadas y un disparo.
Así pues ahora todo encaja. Dijo el inspector,
Proseguí con mi hipótesis, -El doctor, salió de la casa de su amante  a las 11h. y Matilde, su mujer, que le estaba siguiendo lo esperó a que saliese. Cuando el doctor Salvat entró por el carrer de la volta d’en Bufanalla , su mujer iba detrás de él. En ese momento empezaron a tocar las campanas de la basílica  y ella aprovechó para disparar a su marido por la espalda tras la última campanada. El disparo al realizarse dentro del pasaje debió resonar de una forma especial, por lo que  mientras algunos testigos aseguraban que eran las 12,  otros indicaban desconcertados  que ellos habían mirado el reloj y eran las 11 aunque oyeron 12 campanadas. Por lo que ante las dudas de los testigos, no se pudo detener a la Sra. Salvá, ya que disponía de una coartada para las 12 en punto. Se hallaba en una cafetería de la Plaza Sant Jaume, donde iba asiduamente, y el camarero lo corraboró. - Una hora de diferencia no da mucho margen para la hora exacta de la muerte- dijo el inspector- El forense situó la hora de la muerte entre las 11 y la 13h. del mediodía- confirmó Artal.
Dejamos al inspector para que realizase las pesquisas oportunas, y no tardaron en arrestar a la Sra. Salva, quien no disponía de cuartada para las 11h de la mañana. No tardaría en confesar su crimen pasional.
Artal y yo nos fuimos a tomar una cerveza al bar de Matías.
Era la una cuando sonó el plum de la campana y todos nos fijamos en como sonaba.
_Realmente Laertes, que suena mal, pero no sé, ¿ un disparo?
-Mi querido Artal la gente oye estas campanas a diario y ahora solo has oído una, pero a las doce, parece que cada campanada suena diferente
Así que ¿quién iba a pensar que una de ellas sonase como un disparo?
-¡Tú! mi querido Laertes, sólo tú piensas esas cosas- le contestó Matías-
Y nos echamos a reír.


Lola  Ruiz




RELOJ NO MARQUES LAS HORAS
La sala de fiestas Excelsior era un bailongo para la tercera edad de moqueta desgastada y sillones estampados de lamparones, pero a media luz o con los destellos intermitentes de sus focos parecía un local estándar de hace cuarenta años. La pista de baile, obviamente, era metálica y reluciente, y sobre ella los artríticos danzantes se movían al son de la Rockabilly & Blues Orchestra.

El Neme, que había sido guitarrista de los Buldozers, un grupo de heavy satánico, con el devenir de los años se convirtió en el alma mater de la Rockabilly & Blues Orchestra. Al principio, al Neme le daba vergüenza formar parte de la Rockabilly, todos con sus pantalones de franela negra e impecable raya, y sus camisas floreadas con volantes en la pechera. Durante años lo ocultó a sus colegas rockeros, y más cuando la orquesta dejo de tocar rockabilly y blues para interpretar canciones melódicas, boleros e incluso pasodobles. Este cambio de estilo musical no impidió que la orquesta conservara su nombre, y eso tranquilizaba un tanto la conciencia rockera del Neme.
Pero desde que Kimberly llegó a la Rockabilly, al Neme le importó un pimiento que se supiera que era un músico de orquestina. El Neme tenía familia, mujer y dos hijos, y Kimberly, diecisiete primaveras, una mirada juguetona, y exudaba sensualidad por todos los poros de su piel. El Neme no paró hasta que ella abandonó el trío de segundas voces, que en unas ocasiones hacían de eco de la solista y en otras se limitaban a entonar un insípido duduá, para ser Kimberly la vocalista de la Rockabilly. Así fue como el Neme se convirtió en líder de la orquesta que tantos problemas de conciencia le ocasionara tiempo ha.

Aquella época fue la más feliz del Neme. Hacía adaptaciones de temas de Adamo, Antonio Machín, Lucho Gatíca, e incluso pasodobles como Suspiros de España y Paquito el Chocolatero, para que la voz de Kimberly luciera sus más seductores registros, y con sus contoneos, que surgían como el aire que expiraba, acabara de fascinar a aquel público que intentaba revivir una juventud demasiado lejana.

Tan bien hizo su trabajo el Neme, que un afamado productor musical la fichó. Le hizo una oferta de las que no se pueden rechazar. La última noche que ella cantó con la Rockabilly, el Neme comprendió que él era más patético que aquel local decadente y aquellos bailarines apergaminados que tanto había despreciado.

Kimberly finalizó su postrera actuación en el Excelsior con el tema “el reloj”, y mientras ella desgranaba la letra de ese bolero inmortal, al Neme se le escapaba el alma con cada rasgueo de su guitarra. Y cuando, con su cálida voz, entonó la estrofa final:

Detén el tiempo en tus manos
haz esta noche perpetua
para que nunca se vaya de mí
para que nunca amanezca.


El alma se le fue definitivamente y el Neme nunca más volvió a tocar una guitarra.


Felipe Deucalion




martes, 9 de octubre de 2012

SUSTO BLANCO


SUSTO (EN) BLANCO
Me dijeron que haberlos, los había: que los sustos blancos eran cada vez más frecuentes, me advirtieron sobre ellos, incluso me dieron algunas pautas sobre cómo reaccionar en caso de emergencia por susto blanco pero… nada. Durante años esperé día y noche a que hiciese acto de presencia en mi vida; me lo imaginaba cruzándose por un pasillo oscuro, asomándose a mi ventana al anochecer, colgando boca abajo del techo de mi alcoba o columpiándose en la lámpara. Llegué a pensar que quizá algún día...con un poco de suerte...me lo encontraría de sopetón al doblar una esquina, al abrir un cajón o la nevera. Lo idealicé...y pasaba horas soñando sobre cómo sería tenerle a mi lado. Durante largos meses mis lecturas se ciñeron a los temas más terroríficos que se pudiesen publicar y cuando iba al cine… no me perdía ningún thriller: pensaba que de este modo -tarde o temprano- su presencia estaría asegurada pero ni aun así, he logrado saber todavía lo que es un susto blanco.

Marta Albricias


EL, TAN DULCE…
Los domingos me gustan especialmente.  El despertador, silenciado, parece tener solo una función estética  cuando un rayito de sol que se filtra entre las largas cortinas lo alumbra. Respiro hondo y percibo su olor. El, tan dulce, presiona con golpecitos suaves mis hombros, mi columna, el principio de mi cadera…
Ahora es el olor a café el que me embriaga… él, dulce y juguetón,  se monta sobre mí  y comienza  a besarme de forma insistente, mojando mi mejilla…
Y recuerdo el día en que lo conocí. Yo entraba en el ascensor y Juan salía de él. De pronto, una bola blanca y suave se lanzó  hacia mí, besándome a lengüetazos.
-  - ¿Qué te parece el cachorrito que ha tenido la mascota de mi madre? , preguntó Juan riéndose.
-      -  ¡Vaya susto!, respondí.
-       -Ja ,ja, ja ,…mira, lo voy a bautizar con ese nombre.
Ahora,  Juan entra en la habitación con dos tazas de café y churros, los deja sobre la mesita de noche y comienza a jugar con Susto y conmigo. Desde aquel día disfrutamos de  una magnífica amistad tripartita que espero dure toda la vida.

Marrosa


EL MEJOR REGALO DE NAVIDAD
Era la Navidad del año 1900.Los carruajes corrían con desespero de un lado a otro. Miré al otro lado de la calle embarrada por la nieve que se derretía. Sam, me saludaba con la mano desde el  otro lado, enseñándome un precioso árbol de Navidad mientras gritaba algo.  Al cruzar  pude oír  por fin sus palabras, que me decían que lo había  reservado para mí, ya que era, el que había llegado en mejores condiciones. Realmente era un abeto  magnífico,  no estaba seguro de si cabría en el salón, pero no me importó. Decidí que lo mejor era volver con la furgoneta.  De camino hacia casa con estos pensamientos,  me pareció ver a lo lejos una luz blanquecina.  A medida que me acercaba, la luz tomó el aspecto de una  joven de níveos cabellos, que brillaba como cubierta de purpurina plateada.  Me fui acercando lentamente a ella, sin estar seguro de lo que veía. En aquel momento la joven se giró, y con la velocidad del rayo ya estaba cogiéndome de la mano, antes de que yo pudiese darme cuenta.  En ese momento me invadió una sensación tan profunda de felicidad que creí morir.   Cuando volví en mí, fui corriendo hacia mi casa. Más que correr, volaba y eso me extrañó, porque  cuando ocurrió lo que le acabo de explicar, yo tenía 50 años,  y como ve,  actualmente esa es la edad que aparento.  Han pasado 100 años desde que  aquel  precioso ángel de nieve, me diese un blanco susto,  al  convertirme con su tacto en un niño de apenas 5 años.

Jordana - Lola


QUE VIDA ESTA
¡No puedo más! ¡Estoy AGOTADO! ¡No tengo ganas de nada! ¡No me quedan pilas! ¡Buuufffffff! Mario Blanco farfullaba para sus adentros, mientras caminaba arrastrando los pies sin apartar la vista de las punteras de sus zapatos, ahora la izquierda, ahora la derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha ...
El bombardeo mediático había sido premeditadamente intenso durante la jornada, y la incordiante llovizna subliminal, como un calabobos norteño, le había ido colmando el alma de crisis, ajuste, injusticia, violencia, dinero, mentira, corrupción, miseria, hasta acabar convirtiéndola en un zumo de odio y depresión a partes iguales. ¡Buuuffffffff!, cuanto más vueltas le daba, más pesada era la losa y más sombrío el futuro. Andaba sin ver; no había transeúntes, ni vehículos, ni tiendas, ni chinos, ni excrementos de perros, sólo el mundo lúgubre que delataba su mirada perdida, habitado por hurgadores de basura y carritos con chatarra, en un apocalíptico escenario de calles mugrientas y edificios degradados.
Sumisa cabeza agachada, puntera izquierda, derecha, izquierda y ... las farolas no entienden de crisis, ni de miseria, ni de corrupción. El cabezazo fue seco, de esos que duele solo verlos. Trastabilló poniéndose las manos sobre la frente como si tuviera fiebre, pero no era alta temperatura, sino un punto de encuentro de señales eléctricas de neurotransmisores del sistema nervioso comunicando ¡¡¡ doloooorrrrr!!!!, con los latidos del corazón en un chichón en eclosión. Sintió que alguien le ponía una mano en el antebrazo, y escuchó aturdido, -“está bien?, se ha llevado un buen susto, eh!”. Mario Blanco, apartó las manos, y al abrir los ojos se vió acompañado de un hombre de mirada entre piadosa y divertida,  junto a la puerta de una frutería de chinos, y dos pasos más allá, unas cagarrutas de perro. Gracias a Dios. 

Josean 


GALLIFANTES
“Era de noche. Tuve un susto. El susto fue blanco. No quiero hablar más de ello…..”
¡Joder! Lo que tenía en blanco era mi mente. Llevaba toda la tarde en el ordenador y no fluían las palabras. Le tenía que entregar a Paco la Columna mañana a las ocho. Con lo fácil que era escribir en verano sobre las terrazas y la playa. También en invierno sobre la espiritualidad del aislamiento en los hogares para combatir el frío.
Pero de “Halloween” ¿Qué historia de miedo iba a escribir? ¡Joder, Paco, no se te podía haber ocurrido otra cosa! Yo era de comedias y debates y en mi vida había ido al Festival de Sitges.
-¡Papi! ¡Hola! Mira, qué he hecho hoy en el cole. ¡Estoy tan contento!
-¡Alex! ¡Pasa a la ducha y haz los deberes!- casi grité. Son las ocho y tienes que ir a dormir temprano.
-Pero, papi, no me haces caso. Estoy muy contento. ¿Sabes que este fin de semana es Halloween?
Iba a gritar, pero las pecas de su nariz me templaron el carácter.
-Pues claro, que lo sé, Alex. Paco, mi jefe, me ha encargado que escriba una historia terrorífica en la columna. Llevo toda la tarde enfrente del ordenador y no me sale. Además, estoy de mal humor porque no he venido a buscarte al colegio para entregar la historia a Paco mañana a las ocho y no he conseguido nada.
- No te preocupes papi. Yo creo que te voy a poder ayudar…. Tú siempre me ayudas  y hoy me toca a mí.
- Un beso, Alex. Te quiero. Dime porqué estas tan contento.
-Estoy muy contento del diez sobre diez que le han puesto a mi redacción de “Halloween” y quiero leértela.
“Halloween. Susto terrorífico. Susto blanco de los choferes calaveras que conducen limusinas para acompañar a los vampiros de dientes ensangrentados a morder a las mujeres de collares crucificados ……………………….”
Alex se durmió a las nueve y media abrazado a su Gallifante y yo me dormí a las diez sintiéndome feliz y orgulloso de plagiar a mi hijo que me ayudo a llenar mi mente en blanco con su imaginación prodigiosa.

Susana

SUSTO BLANCO
Hoy es su cumpleaños. Todavía no tengo ningún regalo y sólo me queda una hora. Menos el trayecto a su casa, veinte minutos. Piensa, piensa. Siente, siente…
Listo! Cojo el mobil, la chaqueta y me voy.
- Ding dong!
- Feliz cumpleaños!
- Hola cariño. Pasa, tomate algo
Cada cumpleaños lo mismo. Sus amigotes, las novias de los amigos y yo. Unas copas, musica, chicos con chicos, chicas con chicas. Pareciese que no hubíeramos superado los 16, a nuestros 40. A mitad de la fiesta mi regalo estaba al caer.
- Ding dong!
- Sr. Lopez?
- Sí yo mismo
- Le traemos este paquete
- Vaya! Es un pastel enorme, veamos si pasa por la puerta…
Una vez instalado en el comedor se apagan las luces y se escucha la música de nueve semanas y media. La mirada de todos aterriza sobre el pastel gigante justo en el momento que se rompe la cupula y sale una despampanante yo. Las primeras risas que se oyen son del Sr. Lopez, seguidas de los incondicionales y de las leales.
La fiesta se anima, la camiseta empieza a desgarrarse y la cremallera de la falda a deslizarse. Gritos, silvidos y auyidos despiertan al verdadero Sr. Lopez.
- Vale cariño, ya está, ya está. Venga bajate de ahí
- Dejalá hombre, que lo está haciendo fenomenal
La falda sobre su cara no ayuda.
- Que te bajes, ahora. Ya está. Se acabó
Los sujetadores caen sobre la oreja de su mejor amigo.
- Joder! No te lo repito más. Bajate ya. Se acabó la fiesta!
Y el acto final. Las braguitas que se deslizan, y atada a ellas una tibia tela se desenrolla y se desenrolla mostrando a su fin un virtuoso miembro viril.
La reverencia final descubre la cara de mi socio infiltrado tras la espectacular mascara de mi otro yo. Risas y aplausos.
Los proximos cumpleaños no se como serán. El Sr. Lopez me dio portazo esa misma noche alegando que le puse en evidencia delante de sus amigos, y que el susto de ver a su novia como a un transexual le dejó en blanco y ya no me conoce más.

gemma

NOCHE EN BLANCO
Odio quedarme dormido mientras tengo un trabajo en mente.
El otro día me fui a la cama después de tirar a la basura el último boceto para la nueva firma. Harto de no encontrar el logo especial que expresara a la vez juventud, pasión y seguridad. Me costó dormir mientras seguía descartando mentalmente todo un montón de ideas que no eran más que plagios retocados. Y cuando finalmente el sueño me había vencido llego la idea genial. No era cuestión de la forma, era una cuestión de color. Y además tenía claro cuál iba a ser ese color único que expresaría todo lo que el cliente quería y aún mucho más, libertad, confianza, intimidad. Me levante corriendo y volví a la mesa de trabajo. Por un momento temí que no iba a encontrar entre mis lápices ese color ideal. Aún me puedo ver revolviendo todas mis cajas de colores, incluso las que hacía tiempo no usaba, en busca de esa maravilla de la expresión. Y estaba! En el estuche de colores de mi hijo, brillante, acogedor, incitante, tierno. Lo tome con cuidado y empecé un nuevo boceto. Fantástico, aquel color convertía el nombre de la empresa en un cartel luminoso que brillaba en la noche. Más, quería más. Toda la noche la pasé diseñando bocetos, combinaciones con ese lápiz mágico al que ni siquiera había que sacar punta y que respondía a mi pensamiento oscureciéndose y iluminándose cuando necesitaba generar volumen. Nunca había tenido una noche tan productiva.
Me levante por la mañana con una sonrisa en los labios, satisfecho como pocas veces. Por suerte aún era temprano para llamar al cliente y darle la buena noticia. De momento podía escanear los bocetos para podérselos mandar.
Ahí estaba mi bloc de trabajo con la página abierta, blanca e inocente sonriéndome. Tarde aún algunos segundos en comprenderlo y necesite darme un buen tortazo para borrarme la estúpida sonrisa de mi cara. En blanco, ni un solo dibujo, ni un solo borrador, ni una sola raya...
El lápiz de mi hijo!! Tal vez fuera un sueño premonitorio!!
 Podía haberme ahorrado el trabajo de mirarlo. Los diez lapicitos gastados, despuntados y mordisqueados de su estuche no me inspiraban más que echarle una buena bronca por descudidado a mi hijo.
Pero tenía el color!! Me había pasado la noche trabajando con él!!
 Maldito color, ni siquiera podía recordar si era de la gama de los verdes, de los rojos o de los azules. Mierda de color, mierda de color, mierda de color.....
Realmente odio quedarme dormido con una idea en mente.
P.D.: Al final al cliente le presente un boceto de color marrón, un poco tirando a mierda, a él le dije que era color tierra y lo mostraba bien plantado en el suelo y a la vez dispuesto a florecer. No creo que me vuelva a llamar, me alegrare de olvidar este episodio.

Herman


SUSTO BLANCO
A trasmano del humano ir y venir, las gentes de Susto Blanco vivían ensimismadas en sus quehaceres. Susto Blanco no estaba demasiado lejos del lago Seco, que tanta vidilla daba a otros pueblos de alrededor con la extracción de sal. Pero no se sabe por qué oscura razón ellos siempre habían quedado excluidos de esta provechosa industria. Las resecas colinas que eran dominio del pueblito –a nadie se le había ocurrido jamás disputárselas- no daban para mucho, rebaños de cabras que solían ser de propiedad familiar y alguna huerta en la parte trasera de las casas que tenían la suerte de tener pozo. Los que tenían aljibe se dedicaban al pastoreo, a hacer quesos y a curtir pieles.
Encalaban sus casas una vez al año y la prisa les era ajena. El señor Alcalde hacía las veces de juez de paz, sus sentencias se fundamentaban en los más variados refranes y en la socarronería popular. Otra peculiaridad del señor Alcalde era que recurría al portugués cuando quería seducir a alguna mozuela, creía que al ser más meloso aumentaban sus posibilidades de enamorarlas. Les decía,:“Oh minha menina”, “Que a beleza e voce”, y otras galanterías semejantes. No se vaya a pensar que el señor Alcalde era mal visto por tales aficiones. En Susto Blanco se practicaba de siempre un exquisito respeto a la personalidad de cada cual.
Fuera  porque la proverbial tolerancia lo favorecía, o vaya usted a saber porqué, el caso es que en el pueblo abundaban los vecinos con algún que otro rasgo singular. El Paulino, sin ir más lejos, era un pastor que con el humo de un cigarrillo hacía las más variadas figuras, claro que allí en el monte había tenido tiempo de sobras para practicar. Naturalmente, el Paulino había empezado haciendo aros con el humo que exhalaba, ahora de su boca salían dragones y paisajes de la comarca.
No obstante la admiración que causaba, el Paulino había perfeccionado su arte más que nada por entretenerse. Lo que a él le motivaba de verdad era proclamar a quien quisiera escucharlo que en una vida anterior había sido un legionario romano. Concretamente de la décima legión, séptima cohorte, segunda centuria, y que como tal había tomado parte en la conquista de las Galias. Un día, el señor Cura le habló del conocido libro de Julio Cesar, y el Paulino no paró hasta que el sacerdote le consiguió un ejemplar y, a pesar de que las letras no eran lo suyo, se lo leyó. La narración de su antiguo general tenía poco que ver con las sensaciones que el recordaba: la garganta seca y el corazón que parecía que se te iba a salir justo antes de la batalla, el sueño, la humedad y el frío de las guardias interminables, el éxtasis al violar a una virgen, la camaradería, el aliento del enemigo en el que hundía su espada,…, y así se lo dijo al señor Cura que lo tachó de ignorante.

Felipe Deucalión


SUSTO BLANCO
El invierno pasado conocí a Heiny. Estaba pasando unos dias en los Alpes y me encontraba preparando unos artículos para la revista con la que trabajo.
La temperatura era baja y el cielo estaba muy gris, empezaban a caer los primeros copos. Ya declinaba el día y todavía era muy pronto. Se apoderó de mi un hondo sentimiento de tristeza.
Para no regresar al hotel entré en una taberna vieja que dejaba ver una luz cálida a través de los cristales. Me senté en una mesa y allí estaba el. Era un superviviente. Solo en una esquina, surcaban su cara profundas arrugas  y cicatrices. Un detalle me llamó la atención: llevaba un enorme gorro rojo de lana. Me acerqué un momento para pedirle fuego ya que tenía su pipa en la boca.
No se como empezó todo, pero Heiny me dijo que el había estado allí. Señalaba con el dedo la gran montaña que ya apenas se veía en el exterior por la escasez de luz. Mi curiosidad hizo que le preguntara por su estancia en el elevado pico y el con una amarga sonrisa me contestó.
Yo fui el guarda del refugio de la maligna montaña durante 20 años. Subí hasta allí cuando era todavía muy joven y ya me quedé. Lo convertí en mi hogar. Siempre admiré la belleza impasible de la imponente cumbre, pero no sin recelo, y pensé que coronaría su cima. Yo podría dominarla.
Los años pasaron y conseguí mi objetivo ya que era un experto escalador. Una tarde como hacía a menudo, salí de la cabaña y me puse el gorro porqué el frío era intenso.
Subí por las escarpadas laderas bastante arriba y oí un ruido atronador. Vi que no se trataba de ninguna tormenta. Las piernas empezaron a flaquearme temiéndome lo peor y corrí como pude montaña abajo.
Detrás de mi se levantó una gran avalancha. Me resistí lo que pude pero fui tragado violentamente por la nieve. Sentí dolor en todo el cuerpo y creí que moriría en pocos segundos. Pero no fue así. Quedé atrapado en una cavidad y pensé que habría sido del refugio.
Dos días más tarde se abrió la nieve y entró la luz. Me sacaron los equipos de rescate. Estuve largo tiempo en el hospital y me dieron la noticia de que el alud había barrido la cabaña, fue una suerte que yo no estuviera allí.
A mi me encontraron gracias al gorro rojo que perdí mientras corría. Esto me salvó la vida. Pero desde entonces mi pierna derecha quedó inútil.
Mi odio hacia la gran montaña se hizo inmenso y juré que no me acercaría a ella jamás. No pude volver a escalar i quise marcharme del país para no ver nunca más estos picos pero no tuve fuerzas.
El hombre no pudo contener una lágrima y se despidió de mi cortésmente.
Cuando dejé los Alpes y volví a casa, pensé que la historia de Heiny debía ser contada y por eso escribí este relato. 

Laia


LA DIMENSION DEL FOLIO
Enrique con veinticinco años, casado con Ana desde hace uno,  prepara su tesis doctoral sobre física y matemática cuántica, da un beso a su esposa y se encierra en su despacho pues no quiere que le desconcentren.
Sentado delante de su escritorio toma su  bolígrafo bic azul de punta gruesa, y comienza a garabatear su esquema, Ana está pasando  el aspirador el cual provoca un ruido que le molesta sobremanera,  opta por cerrar también  la puerta del distribuidor de la zona de día con la de noche.
Ahora sí,  inmerso en su tesis despliega su teoría, según la cual hay dimensiones que no solo están relacionadas con el espacio-tiempo sino también por colores, según sus cálculos la posibilidad de que exista una de color blanco es altamente probable ya que la suma de todos los colores da como consecuencia el tono blanco, enfrascado deja a su mente viajar por ella, al cabo de una hora deja de escuchar el aspirador, ya no oye el runrún del ordenador, ni el roce de su mano con el bolígrafo y el folio, completamente dentro de su teoría comienza a desplazarse por ella, no se percata que el color verde pistacho del despacho va cambiando a blanco, del suelo desaparece el parquet y asoma un agujero blanco, en el  calendario de sobremesa los días ya no son de tinta negra, la silla, la mesa, y resto de objetos han perdido su color , la tinta del bolígrafo pierde el azul tornándose blanca, asustado, mira y ya no ve la puerta de haya, no distingue donde está, un blanco radiante lo invade todo, incluido el exterior, sentado inmóvil  comienza a gritar llamando a su mujer , pero esta no le oye.
Aterrorizado mira por el rabillo del ojo, automáticamente ve aparecer  otro color, se desencaja, ha ido al verde, ve todas las primaveras , pasadas, presente y futuras delante de su vista al mismo tiempo, con los ojos desorbitados mira en sentido contrario y pasa al azul, el cielo y el mar se dan la mano no distingue donde empieza uno y acaba el otro, aparecen con los navíos oxidados por el agua, los que navegan en ese momento y los que lo harán próximamente,  la basura espacial baila revuelta con ellos una danza dantesca,  todo se cruza en el mismo momento, con una micra de inclinación se desplaza por todo el abanico de colores, a punto del desmayo Enrique queda paralizado, así descubre que el movimiento también queda inmovilizado cuando el permanece  absolutamente quieto, acaba de descubrir  que la ecuación que demuestra su teoría, espacio-tiempo-color, es  real, asustado en medio del blanco intenta averiguar donde se haya la puerta del despacho para salir, no la encuentra, desesperado da gritos de socorro, no haya respuesta y comienza a llorar.
Han pasado tres horas, su marido no contesta y Ana decide abrir las puertas  pues no lo ha visto salir, encuentra el folio mojado con un inmenso borrón de tinta azul, extrañada lo coge entre sus manos y….!! UUUffftttt, y se la trago ¡¡

Mar.ria


SUSTO BLANCO
Te oia trajinar, niña mia, al fondo de la casa, al final del breve pasillo, estabas en mi habitación depilándote, llegaba hasta mi el sonido eléctrico de la epilady y súbitamente cesó.Yo estaba al otro lado del breve pasillo, aburrida, mirando el alienante programa del televisor.Un negro pensamiento me pasó por la mente, asustarte, te oia recoger los cachibaches y deduje que saldrias en breve de mi habitación ensimismada en tus pensamientos. Y rauda y veloz corrí a esconderme en un rincón del cuarto de baño que colindaba con mi habitación y se encontraba al final del breve pasillo.No tardaste ni un minuto en salir, y resguardada en la oscuridad me dispuse a asustarte pensando que te dirigias hacia el comedor, pero no era así, no, error garrafal de cálculo, te dirigias directa y decidida hacia el cuarto de baño, donde yo te esperaba perversamente resguardada entre sombras.UHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!! escupí con todas mis fuerzas justo a un palmo de tu cara bella de niña buena, transformándose ésta al instante en una expresión de sorpresa que inmediatamente se volvió en absoluto terror y pavor que inesperadamente me asustó a mi misma también.Saliste corriendo a resguardarte a la habitación de donde habias salido, rota en estrepitoso llanto.Y yo corrí tras de ti inmediatamente arrepentida.Mi niña blanca, qué bien me salió el susto, tan bién que aunque yo pretendia que fuera blanco se oscureció hasta tornarse negro, negrísimo.
Lo siento, lo siento, perdóname mi amor esta estúpida broma, suplicaba, llorando yo también, intentando sin conseguirlo, sofocar tu llanto y tu espanto, tu susto blanco.
Kiseki