lunes, 28 de abril de 2014

GATO NEGRO



FELIX FELINUS
Aquella mañana Felix Felinus, erudito de El Departamento de Estudios Felinos de la UniversiKat, llegó a su despacho un poco más tarde que de costumbre. Abrió su agenda y encendió el ordenador, no sin antes prepararse una taza de café. En su mesa una foto de su gato Coconut  jugando con su mascota, el entrañable Topo Gigio, le miraba atentamente: todo apuntaba que hoy también podía ser un gran día.
El correo electrónico se actualizó alertando a Felinus que mensajes recién llegados precisaban de su atención y lectura con más o menos premura; así de acuerdo a su naturaleza decidió proceder con calma.
El primer mensaje que se postró ante sus ojos decía así:        

ASUNTO: RESOLUCIÓN ESTUDIO COMPARATIVO-MUESTRA / El Gato Negro
FECHA: Lunes 28 Abril 2014   08:05h
Apreciado colega,
Nos complace adjuntarte en este correo la resolución a nuestro estudio conjunto que, a fecha de hoy, ha sido admitido a trámite por el Tribunal Académico Regional para su difusión y avalado por numerosas asociaciones y protectoras animales.

Adjunto:
El estudio comparativo realizado por el Departamento de Estudios Felinos de esta UniversiKat para valorar la calidad de la muestra llevada a cabo sobre la figura de El Gato negro:

CONCLUYE
Por todos los datos aportados, contrastados y analizados en esta muestra, podemos afirmar que el gato negro ha sido y sigue siendo desde hace siglos,  especialmente desde la caída de la Imperio Egipcio, víctima de las campañas de difamación y descrédito por parte de colectivos que carecen de argumentos racionales o científicos a la hora de defender su postura; de modo que cuya imposición y divulgación transgrede los derechos fundamentales de todo ser vivo.

Felix Felinus, se sintió muy contento: los años de esfuerzo y dedicación, no siempre reconocidos, habían por fin dado su fruto y hoy,  lo celebraría con su equipo.

¡Verdaderamente, fue un gran día!


Marta Albricias



LOS TIEMPOS ADELANTAN QUE ES UNA BARBARIDAD
El miércoles, Christian envió el siguiente whatsapp a su chica.
- Cari, ¿qué passssa? Desde que has vuelto de tu pueblo, no me coges el móvil y no contestas a mis whatsapps.
El jueves, ante la ausencia de respuesta, Christian insistió.
- Cari, no sé qué te pasa, pero este finde nos vemos en el Gato Negro y lo hablamos.
En esta ocasión, su whatsapp sí tuvo contestación.
- Tu puta madre.
Aunque Christian se olía la tostada, prefirió hacerse el sorprendido.
- A qué viene eso, cari, no entiendo nada.
- Pues pregúntale a la Sorayita y ella te lo explicará.
- Ya te fueron con el chisme. Lo del otro día fue solo un piquito de amigos.
- Conque un piquito de amigos. Mira la foto que os hizo la Yoli con el móvil, mamonazo.
A Christian no le hacía falta mirar la foto. Decidió afrontar la situación sin ambages.
- Bueno, sí, cari, hubo filete. Pero yo iba muy pasado de chupitos, no sabía lo que hacía. Y ya conoces a la Sorayita, se lo monta con cualquiera.
- Déjame en paz, hijo puta.
El viernes, Christian volvió a intentarlo y de nuevo mandó un mensaje gratuito a su chica.
- Cari, perdona, siento mucho lo que pasó, pero es que iba muy puesto de todo. Esta noche pago yo los chupitos en el Gato Negro.
- Ni perdona ni leches. Está noche me lo voy a hacer con el Charly.
Con el Charly no, pensó Christian. A este cabrón no se le escapa una. Y la tiene más gorda que yo, que se la he visto en el lavabo del Gato Negro.
- No te pongas así, cari. Entiendo que estés cabreada, pero esta noche lo hablamos y verás que reconciliación más guapa vamos a tener.
- Deja de llamarme cari. Para ti, soy la Vero y punto.
- Pero yo te quiero, Vero.
- Eso díselo a la Sorayita.
- Vale, Vero, comprendo que quieras la revancha, pero con el Charly no. Que solo fue un filetillo de nada.
- Con el Charly, esta noche me lo hago con el Charly. Y si no lo quieres ver, no vayas por el Gato Negro.
Aquella noche Christian llegó al Gato Negro antes que de costumbre. Pero Charly ya estaba en el bar pavoneándose ante sus colegas. Esta noche me tiro a la Vero, decía una y otra vez Charly. Y ante el escepticismo de sus colegas les mostró el móvil, y añadió, mirad que whatsapp me ha mandao.
Christian se dirigió al otro extremo de la barra, como si no hubiera oído nada. Pidió tres chupitos, los cogió y fue a sentarse en el rincón menos iluminado del local. Se bebió los tres chupitos casi sin respirar para frenar sus ganas de salir corriendo. Esperó sujetándose las rodillas con las manos.
Cuando Vero apareció acompañada de Yoli, Charly se fue directo hacia ellas. Christian se levantó con toda la calma de que fue capaz, se acercó a la barra, pidió dos chupitos más y se los tomó sin más demora. Luego se aproximó con parsimonia a Charly, que le daba la espalda, le dio unos golpecitos en el hombro y nada más girarse le propinó un gancho de derecha en toda la mandíbula. Charly se desplomó como una marioneta a la que hubieran cortado los hilos. Sus colegas querían venganza, pero otros clientes se interpusieron, y no tuvieron otra opción que recoger a Charly y tratar de espabilarlo.
Vero se interesó por Christian que se dolía de la mano derecha. Aquella noche tuvieron una reconciliación muy guapa.
Otro efecto colateral de aquella noche fue que Christian tuvo que llevar tres dedos entablillados durante unas semanas.


Felipe Deucalion



ASESINATO EN EL CENTRO ARTÍSTICO
Dedicado a mi entrañable grupo de amigos: Hermán, Felip, Mª José, Marta, Susana, Assia…..“Todo parecido con la realidad, no es mera coincidecia, sinó que la realidad ha sido deformada, para divertimento de mis amigos, de los cuales, no me cabe la menor duda, poseen un elevado sentido del humor.”

Me habían llamado del centro cultural para resolver un desagradable caso, pues al parecer la policía andaba en sus pesquisas y el Sr. Puig no estaba dispuesto a que su centro se mantuviera cerrado, hasta ¡Dios sabe cuándo! los mossos hallaran un culpable y cerraran el caso.
En el salón cafetería del centro cultural, la señorita Marta, la recepcionista, a la hora de cerrar el centro, y hacer su ronda diaria para ver si quedaba alguien por las estáncias, vió una persona, al parecer  dormida,  en el gran sofá rojo que había en medio del salón. Al acercarse se llevó una mano al pecho y profirió un agudo grito. El Sr. Puig el director del centro, que se hallaba en su despacho, llegó corriendo.
Una asidua al centro yacía en el sofá,  con un terrible golpe en la cabeza.
Al parecer, ese día, se habían reunido en la cafetería, como cada viernes, varios tertulianos miembros de un  grupo de lectura,
-La verdad-, dijo el Sr. Puig, -eran algo extravagantes, pero ninguno parecía un asesino-.
-Bueno bueno, -dije- no avancemos acontecimientos Sr. Director…-
Artal se dedicó a buscar al entrañable grupo y los reunimos en el centro cultural para interrogarles.
Todos los componentes del grupo parecían de lo más agradables y sin nada que esconder al parecer. Y todos confirmaron que Susana, que así se llamaba la victima, se había quedado en la cafetería al marcharse ellos, porque quería tomarse un te, antes de irse.
Nada parecía coincidir con ese terrible suceso, salvo que por alguna razón aquella persona se hallaba en el lugar y el momento inadecuado.
Fui a la cafetería y me senté en el mismo sitio donde había estado la víctima.
Desde allí quedaba a mi espalda casi toda la cafetería. Pero si giraba la cabeza a cada lado podía ver las dos paredes laterales de la habitación, donde había un espejo en una de las paredes sobre la repisa de la chimenea.
Me senté en el otro lado del gran sofá circular y observé la habitación. Había estado otras veces allí con algun amigo, para tomar un café, y me parecía que había algo que faltaba o que antes no estaba allí. Las dos repisas estaban vacías….
Llamé al Sr. Puig y a la Srta. Marta. Y les pregunté si todo estaba igual.
La Srta. Marta exclamó faltan el gato negro que había sobre la chimenea, y la venus de la otra repisa que supongo los tedrá  la policía.
El gato negro, era una figura de porcelana de unos 20 o 25 cm. De alto, de un gato negro sentado sobrte sus patas traseras, y la venus, una figura en bronce con una base de mármol.
Me dirigí con Artal a la comisiaría de policía de la Via Layetana. Allí encontre a nuestro viejo amigo el inspector Martí,  que afortunadamente llevaba el caso y el cual se alegró mucho de verme, ya que no tenían ni idea de lo que había pasado.
Le pedí que me dejase ver todas las pruebas que se llevaron de la escena del crimen y compartiría con él mis pesquisas.
En una bolsita aparecíeron los fragmentos del gato de porcelana. Pero no era el arma del crimen. El arma del crimen había sido la estatuilla de venus en bronce con la base de marmol, que fue con lo que golpearon a la pobre Susana. Y que tambíen nos mostró el inspector.
Entonces, dijo Artal,- el gato negro en su interior debía contener algo-.
Preguntamos al inspector si habían interrogado a todos los que trabajan en el centro y dijeron que sí. Miré las declaraciones y vimos que le había tomado declaración a una camarera de la cafetería. Recordé que el que llevaba la cafetería era un hombre. Pregunté por su declaración y el inspector no parecía saber nada de otro camarero.
Hablamos con el Sr. Puig, y nos dijo que Pere, el encargado de la cafetería, llevaba varios dias de baja con la gripe. Exactamente desde el lunes.
Fuimos a casa de Pere, y uno de sus compañeros de piso nos dijo que hacía ya varios días que había dedicido cambiarse y se había llevado sus cosas.
Dejamos el caso en manos de la policía para que buscasen al presunto asesino.
Le dijimos al Sr. Puig que mirase si faltaba alguna colección valiosa de las que se guardaban en el centro, como monedas, joyas o alguna cosa que se pudiese esconder facilmente en el gato negro de porcelana. El Sr. Puig recordó una colección de monedas del Siglo I, valoradas en 50.000 euros, que habían sido cedidas al centro, no hacía mucho por uno de sus socios para exponerlas, pero al abrir  la caja, estaba vacia. Más tarde, la Srta. Marta recordó que Pere había tenido la gentileza de ponerle un pié de mármol a la figura del gato negro que estaba hueca, para que tuviese más peso y no se rompiese.
¡Maldito granuja! dijo Artal, ¡claro, ahí debió guardar las monedas y debió volver aquel día a buscarlas!
-Pero, entonces, ¿cómo entró ese día?, yo deberia haberlo visto-, dijo la srta. Marta.
Seguramente estaría observando y cuando vd. Salió para empezar a cerrar y hacer la ronda,-dije- él sabía que el último lugar donde iría sería la cafetería, debió entrar y seguramente la camarera estaría en el lavabo o en la galería fumando. Pere debía conocer bien sus costumbres.
Y continué mi hipótesis de lo ocurrido. Pere, Cogió el gato y lo golpeó contra la repisa y guardó las monedas en algúna bolsa o mochila. Pero no se percató de que la Srta. Susana estaba en el salón, ya que quedaba escondida tras el enorme sofa. Esta al oir el ruido se sobresaltó y se levantó, entonces Pere cogió la figurilla de la venus y le golpeó en la cabeza , y dándola por muerta, la dejó sentada sobre el sofá rojo. Luego debió salir por la salida de emergencia que hay al fondo del  salón, cuando oyó acercarse a alguien.

Había pasado una semana de aquel tétrico asunto y Artal y yo nos reunimos con el inspector Martí, que había ido al Hospital Clínico a tomar declaración a la Srta. Susana, que ya se había repuesto del traumatismo. Mientras almorzabamos copiosamente a cargo de nuestro querido inspector, éste nos contó que ya habían localizado al agresor y recuperado la colección de monedas. El tal Pere, al enterarse del donativo de la colección y de su valor, debió pensar que era su oportunidad para dejar de ser un simple camarero e ideó el plan para hacerse con las monedas.
Lo habían atrapado gracias a la colaboración de un  anticuario del barrio,  al que intentó vender las monedas por la mitad de su valor.
-¿Ves Laertes, como aún queda gente honrada?- me dijo Artal-
El inspector Martí me miró y no pude evitar sonreir, mientras mordía mi pipa.
Lo que no sabía mi joven amigo Artal, es que dificilmente se puede colocar una colección registrada por el Museo de historia de la ciudad.


Lola Ruiz






martes, 22 de abril de 2014

LA GRAN ILUSIÓN



LA GRAN ILUSION
Dicen que la ilusión, junto con la esperanza, es lo último que debe perderse. Por eso, yo no perdía la mía a pesar de los malos momentos y aunque no  se materializara o tan siquiera se vislumbrara.
Cuando las mayores inclemencias llegaban, me esforzaba en retroalimentar mi ilusión. La esculpía a mi manera creando una perfecta divinidad ilusoria. Pasaron los años y el cincel de mi creación ya no sabía que rincones de mi ilusión escultórica debía retocar. Así que decidí conservarlo guardado y mantener mi creación ilusoria y aceptarla no tan sólo por su belleza, sino también incluso con sus imperfecciones reales y visibles. Me di cuenta que había sido una buena decisión porque cuando llegó el momento real de disfrutar ya, por fin, de la materialización de mi ilusión, no experimenté, en absoluto ninguna decepción.

Susana

LA GRAN ILUSIÓN
Nació en una época de crisis, su infancia fue dura, pero no más que la de la mayoría de chicos de su época.
Sus padres se esforzaron para que tuviera estudios, pero cuando su padre enfermo los dejo para coger el pequeño negocio familiar.
Se caso con la chica más bonita que pudo encontrar y al año ya eran padres.
Trabajo todos los días y saco adelante el negocio hasta que fue una empresa floreciente. Aprovecho al máximo sus contactos políticos y en los años de bonanza llego a ser realmente rico.
Sus cuatro hijos estudiaron en estados unidos. Su amante era francesa.  Su mujer no le pidió el divorcio nunca, aunque pasaron algunos años separados. Nadie duda que se quisieran.
Uno de sus hijos murió en un accidente de coche. Fue un momento muy duro para toda la familia.
La empresa estuvo a punto de cerrar por no adaptarse a las nuevas tecnologías. Le costó un infarto de corazón, pero consiguió reflotarla, con la ayuda de su hijo mayor. Escogió ese momento para jubilarse le vendió su parte a su hijo y ya no volvió a ocuparse del asunto.
A los 65 ya tenía tres nietos. Los solían acoger con su mujer en la finca de la playa. En aquellos años fue feliz y además hizo felices a las personas importantes para él, especialmente a su mujer.
A los 73 tuvo otro infarto, la ambulancia no llego a tiempo.
Murió en el jardín de la finca.
Fíjate en los detalles, mira el orden de las cosas, tal vez intuyas las causas y efectos que manejan su vida. Y si contemplas el panorama completo ¿no te parece que emerge un sentido, algo trascendente que justifica su vida?
Ese porqué, ese para que... parecen tan reales que nunca dirías que son una ilusión.

Herman

LA GRAN ILUSIÓN DE PATRICIO
Patricio era una pequeña hormiguita obrera que vivía en una colmena, fría triste y oscura.
Todos los días patricio, cumplía con sus obligaciones y las faenas que le encargaban sus capataces.
Tenía una celdilla para dormir, comía en el comedor hormigueril, y así pasaba sus días, su vida era gris y triste. Pero un día patricio se despertó, se sentó en la cama y vio una extraña luz que salía de uno de los lados de la colmena. Patricio se encaminó hasta allí, y vio que la colmena se hallaba extrañamente vacía. Había un gran agujero por el que salía la luz, salió fuera y la extraña luz le cegó los ojos. Cuando se habituó a la claridad, Patricio descubrió un mundo lleno de colores, nunca había visto nada semejante, Patricio empezó a andar por aquel sendero lleno de luz y de color, todo le parecía maravilloso. Pero de repente le sobrevino una sensación de angustia. Patricio se despertó y se dio cuenta que seguía dentro de la colmena gris y oscura, pero ahora más triste que nunca., ya que intuía que en algún sitio tenía que haber un mundo lleno de color y de ilusión. Que lastima se dijo todo ha sido una grandísima ilusión, un espejismo. Patricio, les explicó a sus compañeros lo que le había pasado. Los compañeros creyeron que a Patricio se le había ido la cabeza, y se lo dijeron a sus jefes. El jefe supremo que sabía muy bien todo lo que existía fuera de la colmena se preguntó cómo patricio había intuido eso. Llamaron a la hormiga y Patricio les conto a los jefes lo ocurrido. Por supuesto los jefes no estaban dispuestos a que Patricio se rebelasen contra ellos y se lo comentasen a las demás hormiguitas trabajadoras, así que optaron por darle un somnífero a Patricio y cuando se despertó, se encargaron de explicarle que todo había sido un sueño, y que los sueños son preciosos  porque si se portaba bien durante la vida,  cuando se muriese iría a un lugar de ilusión,  un lugar lleno de luz y de color dónde poder descansar eternamente.

Lola Ruiz.

ILUSIÓN
Érase una vez en el país de las palabras bonitas, un hermoso bebé al que pusieron por nombre Ilusión.  Sus padres Illusio e Illusionis  se sintieron muy dichosos con su llegada y la pequeña Ilusión creció disfrutando de una feliz infancia junto a sus amigos: Magia, Espejismo  y Fantasía. Junto a ellos, Ilusión era parte importante en las vidas de todo aquel que se dejaba llevar por el encanto de sus juegos que -alterando la percepción del mundo a través de los sentidos-  hacían las delicias hasta de los cerebros más hábiles.
Ilusión se hizo mayor y vivió su juventud contagiando entusiasmo y alegría por doquier, hasta que un fatídico día… empezó a darse cuenta de que los sinsabores existen y se sintió triste cuando supo que con los años eran cada vez menos las personas que la tenían presente en sus vidas. Fue entonces cuando decidió darle un giro a su existencia y para ello empezó por explorar los horizontes  de su propia voz, intentando darle un nuevo matiz. Si conseguía hacerlo...podría seguir creciendo y  llegar a más personas durante el más tiempo posible de sus vidas; ser ella misma y no quedarse relegada al mundo mágico que había heredado de sus padres.
Pero… ¿Cómo podría lograr su objetivo?,  ¿Cómo podría darle más sentido a su persona?
Cuentan, que fue un buen día -en el que la invitaron a una fiesta donde entre los invitados había ilustres magos- cuando sin esperarlo… conoció a Deseo, a Esperanza, a Voluntad, a Esfuerzo,  a Ánimo y  a Confianza  y  con el tiempo;  a medida que su amistad fue haciéndose más fuerte, supo que  junto a ellos sería capaz de alcanzar su gran ambición: la de ir más allá manteniendo su propia identidad. A partir de entonces, gracias al trabajo en equipo con todos sus buenos amigos, hasta los más mayores pudieron optar por vivir sus vidas disfrutando del buen hacer de Ilusión en lo relacionado con lograr y llegar a la meta de todo aquello que fuese realmente anhelado y deseado. De este modo,  mucha más gente podría seguir teniendo ilusiones que sin duda proporcionarían más felicidad a sus vidas y en el mejor de los casos, la satisfacción de llegar a cumplirlas.
 Y así fue como la misma Ilusión alcanzó su Gran Ilusión.

 Marta Albricias

LA ILUSIÓN SACRÍLEGA
El padre Serafín bordea la cincuentena y es el más joven del convento. Bueno, ya no, porque hace poco que han llegado dos escolapios hondureños recién ordenados. Nuestro eclesiástico nunca ha tenido eso que se llama crisis de fe, su vocación siempre ha sido inconmovible. Lo que peor ha llevado ha sido el voto de castidad, cuantas veces tuvo que confesar sus prácticas masturbatorias de joven y no tan joven. Pero el transcurrir de los años logró lo que no consiguieron las plegarias y penitencias.
Josefa es una mujer vital que complementa su exigua pensión de viudedad cuidando ancianos y vendiendo productos de belleza y ropa, que consigue a precios de ganga, a sus amigas y conocidas. Últimamente frecuenta el convento de los escolapios, porque por las mañanas se ocupa de la higiene del padre Damián que a su edad no controla muy bien sus esfínteres. El padre Serafín, tesorero de la comunidad, ha percibido la alegría de vivir que emana Josefa, y eso ha despertado algo más que su adormecida lujuria. Se siente atraído por ella, aunque aún no se atreve a admitirlo.
Paulatinamente, las conversaciones entre Josefa y el padre Serafín se prolongan más allá de lo necesario para pagar los servicios prestados por la buena mujer. Y cuando Josefa, que es muy tocona, le pone la mano en el antebrazo o en el hombro, las entrañas del padre Serafín se estremecen. Y la primera vez que ella le dio dos besos al despedirse, el pobre casi se desmaya. El escolapio no tiene escapatoria y lo reconoce abiertamente, esta mujer lo tiene embelesado.
Josefa también está encandilada con el padre Serafín. Como dice ella, mi padre Serafín tiene labia y maneras, vamos, que es fino y educado. Lo que, a ojos de ella, le distingue favorablemente de otros hombres que también la rondan.
Esta tarde Josefa ha convidado al padre Serafín a tomar café en su casa. En el trayecto hasta el domicilio de su amada, más que tener un ataque de mala conciencia, el eclesiástico es presa del nerviosismo que suelen padecer los neófitos en las artes amatorias. Una vez en la casa, el curita está a punto de derramar el café cuando coge la taza para dar el primer sorbo. Después, el padre Serafín no sabe muy bien cómo, pero acaba en la cama con su Josefa.
Una vez satisfechos sus deseos carnales, Josefa sonríe, el padre Serafín le ha recordado a un novio tímido y cohibido que tuvo de mocita en su pueblo y al que engatusó para que fueran a un pajar. El padre Serafín, por su parte, un instante antes de ser víctima de la culpa por el sacrilegio cometido, intuye vagamente que el cielo del que gozan los bienaventurados se debe parecer a lo que él acaba de sentir.

Felipe Deucalión

LA GRAN ILUSIÓN
En la pequeña peluquería las mujeres tenían una conversación muy animada.
- Para mi, la gran ilusión de la vida sería encontrar un novio guapo, rico y bueno, que me llevara a todas partes y me invitara a todo.
- Anda Pepi que antigua. Mi gran ilusión consistiría en hacer un viaje alrededor del mundo sin importarme cuanto tardara y con todos los gastos pagados.
- Vosotras sois muy fantasiosas. Si me tocara la lotería o una herencia, compraría una casita con jardín en el pueblo. Eso si sería mi gran ilusión.
En aquel momento entró Rosamari, que venía corriendo para hacerse mechas, a ver si la cogían antes de cerrar.
Las risas no cesaron, y Pepi alzó la voz:
- Oye Rosa, estábamos hablando sobre cual sería la gran ilusión de nuestras vidas. ¿Qué nos dices de la tuya?
Rosamari se puso seria y respondió:
- El sueño de mi vida sería escalar el K2, pero como queda fuera de mi alcance, me conformaría con ver desde su cima la cordillera del Karakórum.
Las chicas se quedaron estupefactas y con sorna contestaron que esto era una ilusión absurda, que no servía de nada, y que sería mejor que pensara en algo más beneficioso para ella.
Pasó un año y el destino quiso que aquella tarde a las cinco, volvieran a coincidir las mismas chicas en la peluquería.
Al darse cuenta de ello, Pepi dijo:
- Es increible, volvemos a estar las cuatro juntas como el año pasado. Esto se merece una celebración. ¿Os acordáis que estuvimos hablando de nuestras ilusiones? ¿Qué ha sido de vuestra vida durante este tiempo?
- Bueno, dijo Pepi, yo no he encontrado un novio guapo y rico, pero he conocido a Javi. No tiene ni un duro, pero de momento nos va bien. ¿Y tu que tal Gloria?
- Ah, pues con unos ahorrillos logré viajar a Tenerife y quedé encantada. No hace falta ir tan lejos para sentirse como en la luna.
- Ah, pues mi marido y yo, seguimos viviendo en el mismo piso de siempre, pero lo hemos pintado y arreglado un poco, y además tenemos una balsa hinchable en el terrado, explicó Eugenia. En verano se está la mar de bien.
Rosa las miró y dijo:
- Yo he visto cumplida mi gran ilusión. Con los cupones del café, me tocó un sueldo para toda la vida y me pagué un viaje a China. Al atravesar la frontera de Pakistan, pude ver la cima del K2 desde la ventanilla del avión. Fue un milagro, porqué en aquel momento no estaba tapada por las nubes. Desde la cabina nos lo comunicaron. Se veía muy bien la cordillera.
Además salgo con Carlos, al que conocí en ese vuelo, y nos vamos a vivir a la casa que tiene a las afueras. Y aunque eso no me importa en absoluto, él está forrado.
Las chicas se quedaron muy sorprendidas, y al cerrar la peluquería, fueron todas al supermercado a comprar el mismo café de Rosa.

Laia