viernes, 19 de diciembre de 2014

MÍRAME A LOS OJOS (una mirada a la exclusión social)




MÍRAME A LOS OJOS
Mírame a los ojos y dime qué ves, dijo ella.
Veo una intensa luz que ilumina la oscuridad de mis noches,  Una lluvia suave que riega mis áridos desiertos.
Eso que ves no soy yo.  Es el reflejo de tus deseos.  Te pido que me mires a los ojos y veas mis fuerzas, mis fragilidades, mis alegrías, mis pesares.
Entonces la miró, y sus claros ojos le mostraron las profundidades de sus agitados océanos.  Se zambulló en sus naufragios, en sus anhelos.  Se perdió en sus tesoros, en sus misterios.  Entró en su ser, en la aventura de verla a ella.

María Jesús (Mariajes)



MÍRAME A LOS OJOS
Estoy comiendo un brownie que me ha traído mi madre a la cama para que soplara la vela de mi séptimo cumpleaños. Mi madre me da un beso y con su uniforme y sus sneakers blancas se despide de mí porque se tiene que ir corriendo a trabajar a la cafeteria. Hoy no haycolegio y me tengo que quedar solo en Watts ( L.A.). Mi madre no se sientetranquiladejándome solo en casa pero no tiene otra alternativa y me dice Mírame a los ojos “ y mientras lo hago me contesta  “ Si oyes disparos vete corriendo por la puerta trasera a casa de la vecina”. Bajo y me siento en el escalón de la entrada con mi brownie, cierro los ojos y mi mente canturrea la estrofa de la canción de Gloria Stefan “ Mírame, dame fuerza y alivio, mírame que es lo que necesito, mírame para tenerlo todo, solo basta quedarme fundida en tus ojos”. Y me acuerdo de Caridad, la niña de los ojos lindos gracias a los cuáles resistí mis tres años en la estaciónmigratoria Siglo XXI en Tapachula antes de quefuéramos de los pocosafortunados que se trasladan desde Chiapas a USA.

Sonrío, echo de menos a Caridad però me olvido recordando los mensajes escritos por los niñosen el tablón del Centro de derechos humanos Fray MatíasCórdoba. Caridad escribió en papel rosa “Necesito que nos den medicinas y nos permitan llamar al Consulado  y a nuestras familias “. Yo escribí en papel blanco“Quiero que laven los baños” y Roberto escribió en papel azul“Necesito un buen shampoo y jabón por alergia”.

Oigo un disparo pero es tan lejano que no obedezco a mi madre y continuo disfrutando de mi brownie en el escalón mientras mis labios canturreanMírame, que es la paz tu mirada,mírame que mi dicha no alcanza,mírame que la luz y la calma que me brindan tus ojos , tranquilizan mi alma


Susana


MÍRAME A LOS OJOS
Miriam y Saul, estaban jugando en la pradera que había por debajo del poblado, cuando un
rayo cayó del cielo. – Miriam,¿ has visto eso?- le pregunto el niño. –Sí, ¡vamos a ver!- le
respondió Miriam. Al llegar al lugar, vieron una luz blanca que salía del cràter. Se asustaron y
se echaron de bruces a tierra. Saul, levantó la cabeza y miró dentro del cràter. Aquella figura
alada, le miraba con unos ojos de infinitos colores. –¡Es un ángel!-. Saul intento levantarse,
pero la mano de Miriam le asía por la manga. –¡No, Saul. No sabemos qué es!-
-¡Es un ángel, Miriam!- le gritó Saul-, ¿que no lo ves?- y salió corriendo donde se hallaba la
figura alada. Miriam horrorizada corrió en sentido contrario
El ser resplandeció cuando Saul se acercó a él. Le tomó de la mano y sentándolo en su regazo
lo envolvió con sus alas doradas . Saul le dijo- mamá, ¿eres tú? . Sabía que vendrías a
buscarme-
-Sí cariño. ¡vamos!, hace tiempo que te busco, y ahora tienes que volver conmigo. Vas a ser
grande, vas a nacer en Belén... –
-Pero mamá, yo no tengo alas, ¿cómo voy a ir contigo?-
-Mírame a los ojos... – le dijo ellaCuando
Miriam volvió encontró un bebè llorando entre las ropas de Saul...
Miriam ya tenia 14 años y se dirigió al siguiente poblado, Belén, con el bebè entre los brazos,
dijo que un ángel le había dado este niño, y le había dicho que su nombre era Jesús.


Lola Ruíz



PROPUESTA

Le miré a los ojos y pude ver como cambiar la E por la I y la X por la N.

Inclusión
digNidad
Compromiso
sensibiLización
mUltifactorial
recurSos
justIcia
Óptima
educacióN


bieneStar
repartO
partiCipación
Identidad
diversidAd
moviLización

Marta Albricias


LA EXCLUSIÓN SOCIAL
Antonio fue un niño difícil, de eso hará unos 50 años, hoy sería tildado de hiperactivo, sus padres sufrieron por esta circunstancia.

Terminó la educación obligatoria con la calificación de fracaso escolar, sus padres también lo sufrieron.
En la década de la veintena desempeñó trabajos de baja cualificación y poco esfuerzo, su medio natural era la noche, las discotecas ,la compañía femenina y lucir palmito vestido de Dolce y Gabanna, gracias a sus padres que además de sufrir le costeaban los caprichos.
En una de esas noches hizo diana y una de las chicas le dio la sorpresa , meses más tarde, de su futura paternidad. Antonio lo aceptó resignado y sus padres se alegraron pensando que el hecho le obligaría a sentar cabeza.

El boom de la construcción le regaló un trabajo de encofrador y un sueldo de ministro, así que se hizo con un ático dúplex de trastero, parking e hipoteca anexos, completó el cuadro con un vehículo centroeuropeo de alta gama con préstamo de serie y la vida le regalo un segundo hijo a mediados de la treintena. Fueron días de vino y rosas.

El frenazo de la construcción se llevó su sueldo de ministro, sus préstamos se transformaron en hipotecas basura, su ático y su vehículo fueron subastados por el banco y las propiedades de sus padres, avaladoras de los préstamos, también fueron fagocitadas por el banco y aún con todo no terminó de pagar lo que debía con lo que la justicia le puso en la frente el sello de insolvente. Con tanta adversidad económica se vio abandonado por su mujer y sus hijos, Antonio se desmoronó y regreso a casa de sus padres ,a la noche y a las discotecas y con cuarenta años  cumplidos ingreso en las listas del desempleo.

Sus padres, ya mayores, no encajaron tanta contrariedad y fueron perdiendo poco a poco la salud hasta que dejaron este mundo, Antonio ante tanta desolación busco amparo en la cocaína y ésta, sin piedad, le exigió prostitución con ambos sexos y trapicheos de camello segundón.

El deterioro físico y mental actuó rápidamente y Antonio se convirtió en un residuo social , se vio obligado a recurrir a los cicateros servicios sociales, a dormir en los portales y a contactar con la más baja ralea del colectivo marginal, en esa forma de vida se instaló y ya estrenando la cincuenta así continúa malviviendo.


Cármen Gómez
                                                                                                                            


MÍRAME A LOS OJOS
Estaba en el tugurio del puerto como muchas noches. Me gustaba escuchar las historias que allí se contaban de barcos piratas y tesoros, y buscaba tripulación para zarpar lo antes posible hacia Dominica para entregar un cargamento de pescado. Si lo lograba en dos días los beneficios serían cuantiosos, de lo contrario no podrian pagarnos.
Acababa de contratar a dos marineros y necesitaba a otro para la travesía. En la mesa contigua había un indio que no dejaba de mirarme. Sus ojos muy negros me inquietaban y no me sentía bien. Le lancé un insulto y le dije que apartara su vista de mi, pero se acercó y me contestó que debería darle el trabajo.
Me reí en su cara replicando que necesitaba un hombre fuerte y experimentado, no un viejo. Me miró a los ojos con tal fijación que empecé a temblar. Aceptame o se que te arrepentirás, susurró. Así lo hice.
Aquella madrugada salimos del puerto con viento a favor y el mar en calma. Yo estaba al timón del pequeño velero excesivamente cargado, mientras los marineros trasteaban en cubierta. Sólo el indio permanecía sentado sin abrir la boca y como si estuviera en trance. Me revolvía de rabia pensando en su inutilidad. Pasó el día y cuando se desvanecieron los últimos rayos de sol, me sorprendió con una voz ronca y fuerte, gritándome como si estuviera poseído, que le mirara a los ojos y no apartara mi vista de él. Vi unas chispas fosforescentes en sus pupilas. Entonces me hizo desviar el rumbo del barco en dirección opuesta a nuestro destino. Me asustó su cara descompuesta, e hice virar la embarcación.
En cuestión de minutos el cielo se volvió del todo negro, un viento de través hacía zozobrar el buque y nos envestian olas de ocho metros. Una lluvia torrencial nos impedía la visión. Pensé que no saldríamos vivos.
Pero pasado un tiempo indefinido, la tormenta cesó de forma súbita. El barco quedó quieto y el cielo destapado, salpicado de estrellas. Yo no comprendía. Entonces el indio se levantó y con sus brazos intentó abarcar el firmamento diciendo que estábamos en el ojo del huracán, la única zona de calma.
Repentinamente volvió la tormenta, pero la sorteamos como antes en una noche de infierno guiados por el anciano.
Al día siguiente, el viento dejó de rugir, y por la tarde  llegamos a la isla. Fuimos el único barco que atracó en la ensenada. Nos contaron que el huracán había asolado parte de la costa del Caribe.
Cuando fui a pagar al indio, ya no estaba. Sólo me quedó grabada su mirada de brujo.


Laia



LORENA DEL RAVAL
Lorena ha cogido el metro en Sant Antoni. Se ha sentado, sin embargo su cuerpo está tenso. Fuera del barrio está a la defensiva, aunque le gustaría irse del Raval. Esta tarde va al Besós, a ver a la Patri, que es medio atontada, como su madre, pero gracias a una tía que se murió y a los servicios sociales que les ayudaron a hacerse con la herencia, ahora tienen un piso de propiedad y ya no están de alquiler en la desvencijada escalera de Lorena.
Durante el trayecto solo levanta la vista cuando se siente observada, entonces sus ojos taladran desafiantes a quien le está mirando. No tiene más de quince años, es rubia, ojos negros, y su cuerpo, bien proporcionado, anuncia la rotundidad de las curvas de una matrona. Viste camiseta y pantalón rosa, no es un conjunto, el pantalón es más pálido y desgastado. Entre la camiseta y el pantalón hay espacio para lucir el nacimiento de las caderas, el vientre y el ombligo, donde se pondrá un piercing en cuanto pueda. Calza unas bambas blancas agrietadas por el uso, pero eso sí, de marca.
Lleva las uñas pintadas de amarillo, raya en los ojos y pintalabios bermellón. La Patri y ella han quedado con unos chavales. Su amiga también va maquillada, que en eso se da más maña que en echar cuentas. En la explanada del Forum esperan a los chicos que llegan con algo de retraso. Vienen del centro comercial, se han agenciado bolsas de ganchitos y nachos, latas de Red Bull y birras, y dos botellas, una Cointreau y la otra de güisqui.
El botellón es amenizado con unos petas y unas rumbitas que palmean con mucho arte. Ya de noche, van a la playa que hay junto a la desembocadura del Besós. Hacen una hoguera y lían más petas. Lorena se estira en la arena junto a un gitano rubiales al que le tiene echado el ojo, él también se tumba, y los dos dejan de jalear el rap aflamencado que desgranan por turnos los demás chavales para encandilar a la Patri.
                                          …………………………                                                   
La madre de Lorena la tuvo de muy joven. Su actual protector, un latinoamericano de camisa a medio abotonar y cadena de oro en la pechera, vive con ellas, lo que le otorga, a su entender, la autoridad paterna.
-          Déjate de vainas, muchacha ¿Dónde carajo pasaste la noche?
-          ¿A ti qué coño te importa? Tú no eres mi padre.
El novio de su madre no se inmuta, y sin despeinarse le suelta una guantada que le deja un lado de la cara más enrojecido que el otro. La madre interviene.
-          Lorena contesta bien. Te tengo dicho que no nos faltes al respeto.
Lorena tiene los ojos brillantes, pero las lágrimas ni se asoman.
-          Ahora vete al cole, que llegas tarde –remata la madre.
Lorena, ajena a cuanto la rodea, camina rápido aunque no tiene prisa. No se permite compadecerse a sí misma y según se acerca al instituto una rabia indiscriminada la va dominando. Cuando entra en clase, el profesor acaba de repartir una ficha de trabajo.
-          ¡Me cago en los putos moros y en los sudacas de mierda! ¡Todos los dominicanos son unos manguis, y los marroquís, unos chorizos! –estalla Lorena.
-          Mira Lorena, –le contesta Hanan sin perder la compostura- aquí sólo hay dos españoles que sois el profesor y tú, y cuando suene el timbre el profesor se irá.
La chica mira al profesor, quien hace un gesto de asentimiento para indicar que Hannan tiene razón. Lorena se traga su mala leche, agacha la cabeza, se sienta en su sitio y no vuelve a abrir la boca.
                                          …………………………                                                     
Un año después ha comenzado un nuevo curso. A la salida del instituto, Lorena exhibe orgullosa a su hija, sus antiguas compañeras de clase la rodean y por turnos tienen al bebé en brazos. Los chicos observan curiosos la escena.


Felipe Deucalión



LUCES DE NAVIDAD
Dudo que llegara a los treinta años.
Su pelo recogido en un cuidado moño intentaba darle algo de dignidad a su persona y su mirada se perdía en el vacío y no puedo evitar preguntarme que pasará por su cabeza.

A su alrededor, dos mocosos de unos cuatro o cinco años corretean y juegan con una caja de cartón. Uno de ellos mete al otro dentro y lo zarandea mientras las carcajadas de ambos se pierde entre el ruido de los motores y los cláxones que llenan de estruendo la avenida.

Ajenos a lo que ocurre a su alrededor, sus fantasías hacen que esa caja de cartón se convierta en una nave espacial, en un barco o en una oscura cueva habitada por un dragón.
Ella se levanta perezosamente y gira su cabeza a ambos lados como intentando decidir hacia que lado de la calle dirigirse.
Empieza a lloviznar aguanieve. Va a ser una fría y húmeda noche.

Yo no puedo dejar de observarla, aparcado justo en la esquina del semáforo donde ella vive, trabaja, reza y sueña, mientras espero que mi mujer salga de la juguetería con los regalos de navidad.
En momento, de forma totalmente fortuita nuestras miradas se cruzan y atisbo en sus ojos un rastro de orgullo como queriendo decir: “Mírame a los ojos”…y mantengo su mirada…triste, vieja, cansada.

Y entonces me doy cuenta de que el bulto que lleva atado al pecho no es mercancía para vender y me quedo hipnotizado al ver el movimiento de una manita minúscula que parece que esté reclamando la atención de alguien mientras el tráfico avanza lentamente.

Pienso que su vida está regida por los tiempos del semáforo y todos sus mecanismos vitales están ligados a ese minuto que se enciende la luz roja mientras ella observa los rostros de los conductores. Indiferentes. Anónimos.
Y recorre las primeras filas con la única esperanza de que en ese preciso minuto alguien se percate de su existencia y eche mano a su bolsillo buscando alguna moneda. Ese es su ciclo vital…un minuto…y de un puñado de minutos al día depende poder alimentar a sus hijos.

El tráfico es mucho más caótico que de costumbre pues una empresa está instalando las luces de navidad.
Su semáforo se encuentra en el centro de un parterre que divide en dos la ancha avenida con cuatro carriles de circulación a cada lado.
Bajo la llovizna, los niños dejan de jugar y se quedn mirando como los instaladores se elevan a las alturas encima de una pequeña plataforma.
Unos minutos más tarde el trabajo está terminado y hacen una prueba de encendido y mientras las luces rojas, verdes y amarillas comienzan a tintinear ella se dirige hacía mi coche, sin bajar la mirada…”Mírame a los ojos”…

Los niños arrancan a correr hacia ella y los pierdo por un instante de vista mientras se mezclan con los apresurados peatones que cruzan por el paso cebra con grandes bultos y paquetes.
Bajo mi ventanilla y me fijo en la mano que tiende hacia mi, áspera, fría, ajada…En ningún momento aparta su mirada de mi y no deja de acariciar suavemente la manita que sigue moviéndose dentro de las telas.
Los niños llegan a su lado y tiran de la falda de su madre y ella baja la cabeza y el mayor con su bendita ignorancia le dice: “¡Mira mamá! ¡ Las luces de adorno son como nuestro árbol de navidad!”
Y vuelven corriendo hacia su árbol metálico que cambia de color cada minuto y se meten los dos en la caja mientras sus miradas vagan en el cielo.
Estoy a punto de dejar un billete en su mano, pero ella vuelve a mirarme y de nuevo su mirada lo dice todo…”Mírame a los ojos”.

Ve el billete en mi mano pero en ese mismo instante sé que no lo va a coger, y en el mismo momento que una espesa lágrima brota de sus ojos, aparta su mirada mientras se saca un pecho para dar de comer a su pequeño mientras los conductores enfurecidos la increpan porque está interrumpiendo el calvario de sus propias vidas.

Veo desaparecer su moño detrás de un autobús y me prometo a mí mismo no olvidarla.


Javier







viernes, 28 de noviembre de 2014

EL AHORA




ADIVINANZA
Vuelvo a existir consciente de cada presente sin perderme la vida mientras camino por ella. Llegué tras “el antes” y me transformaré en “el después”.

Marta Albricias


AHORA
Antes era cuándo he empezado a escribir la frase. Luego será cuándo teclee este escrito en el ordenador  y ahora se definirá justo en el mismo momento en que la tinta esté escribiendo el punto final de este párrafo
Susana


ARA
Ara. Ara veig el cel d’un blau gairebé insultant. Ceruli.
Ara, el camí es fa petit fins a desaparéixer en un punt.
Ara els arbres amb el seu verd més intens m’acompanyen a cada costat.
Ara resten enrera i apareixen uns altres de nous.
Uns ocells travessen el camí. També ara.
Veig com s’acosta una casa i ara se’n va.
El cavall camina en el centre i observo el seu llom brillant movent-se.
Ara escolto la fusta del meu carro que grinyola.
Sento que existeixo. Soc jo mateixa.
Se que Ara és l’únic que tinc: el meu tresor.
Laia


AHORA
-¡Qué día madre, qué día...!-, decía Aixa mientras se metía corriendo bajo el tejadillo de una
cafeteria. A su lado, una señora, también se había refugiado allí, de la llúvia a cántaros que
había empezado a caer de repente. Aixa, se quitó el pañuelo de la cabeza que llevaba
agarrado a modo de tienda de campaña. -¡Por Diós, qué manera de llover!- dijo.

La señora le respondió: -¡y parece que va a estar así todo el día, y justamente ahora, que iba a
recoger a mis nietos al col·legio!-

Aixa, le dió el pañuelo y le dijo - ¡Tenga!, al menos con esto podrá llegar hasta el col·legio- La
señora agradecida, cogió el pañuelo y le dijo -¡Grácias!, pero... ¿y usted..., qué va a hacer usted
ahora? Aixa le contestó: - No se preocupe usted, aquí y ahora, me voy a tomar un cafelito
tranquilamente en esta cafetería

Lola Ruíz


EL AHORA
Ella reparó en el detalle de que siempre había estado a su lado pero nunca había reparado en él. No hace mucho que se dio cuenta de su existencia y notó que cuando lo frecuentaba su vida se enriquecía, se expandía, en una palabra disfrutaba más de todos sus actos.

Así que decidió incorporarlo a su vida, de manera que cada actividad que realizaba: comer, charlar con amigos, escuchar música, ver películas, asistir a representaciones teatrales, trabajar, descansar, amar, etc. lo vivía como momentos únicos e irrepetibles, sus sentidos se convirtieron en sensores ultrasensibles capaces de percibir intensamente cualquier sensación o emoción producida aquí y ahora, como si no hubiera existido el pasado, ni existiría el futuro, sólo existe el momento actualísimo.

De esa forma intenta captar cada vivencia aprovechando y saboreando como único cada momento . Se reeduca para erradicar el hábito tan arraigado de percibir embrutecidamente de manera que cada vivencia se experimenta como superficial porque el pensamiento o bien está proyectado hacía el mañana o bien está anclado en el ayer, ignorando por completo el ahora, único momento que realmente existe y que requiere toda nuestra atención si queremos vivir en plenitud nuestra vida.

No es fácil instalarse en esa nueva forma de percepción pero hay que intentarlo porque en ello nos va la vida, elegimos que sea consciente o no.

Carmen Gómez



EL AHORA
Sonó el despertador.  Se levantó despacio.  Estiró los brazos y todo su cuerpo se desperezaba, se preparaba para vivir este día de trabajo, en el que como siempre, tendría que estar alerta para responder continuamente con la respuesta adecuada, discernir lo urgente y lo importante de lo que no lo fuera, solucionar problemas… y todo ello sin olvidarse de respirar hondo de vez en cuando para evitar sobrecargarse por estrés.

Se acercó a la ventana y vió que la ciudad ya estaba despierta en plena actividad de tráfico y peatones que iban en distintas direcciones con un ritmo frenético.  Y todavía es martes –se dijo.  Pero de pronto miró al cielo y sonrió ante el bello y sereno paisaje de sol naciente y nubes que tenía ante sus ojos.  Se quedó unos minutos disfrutando de ese cielo, de ese momento que había atrapado al tiempo con sus ojos, con su cara, con sus manos, con todo su cuerpo. Se sintió relajado..  Y más feliz aún al recibir un mensaje de contestación de una amiga a la que deseaba ver.

Marchó a la redacción del periódico donde trabajaba, y comprobó que las arenas movedizas en las que desarrollaba su trabajo, con pozos de abusos, corrupciones, desarraigos, genocidios, agresiones, desapariciones, y tantas cosas terribles que forman parte del ahora,… ya no se lo tragaban.  Porque su amor a sí mismo y a la vida era suficiente.

María Jesús (mariajes)



VIDAS EJEMPLARES: ESTEBAN O LOS PELIGROS DE UNA LARGA ESPERA
Esteban, el eremita, soportó años de ayuno y mortificaciones en su cueva. Su progreso espiritual estuvo jalonado de sufrimiento, rezos y soledad. Atemperó sus deseos carnales, en invierno, con inmersiones en la poza del cercano río y envolviéndose el bajo vientre con ramas de zarzales el resto del año. La oración y revivir con detalle la pasión de Cristo ocuparon sus días, excepto cuando pescaba o preparaba sus frugales ágapes consistentes en ensaladas de hierbas amargas, las más de las veces, y algún barbo o alguna trucha o bermejuela, si Dios lo tenía a bien.

Su rigor ascético logró, no sin esfuerzo, alzarse por encima de los deseos terrenales. Y a pesar de ello, su alma no se elevaba hasta la divinidad, permanecía atascada en su maltratada envoltura carnal. No alcanzaba las regiones celestes, ni siquiera las inferiores, ni la sombra de un ángel fue capaz de entrever. Aunque no por eso cejó en su empeño.

Para mayor tormento del eremita, en los últimos meses, las apetencias ordinarias reaparecieron. De día, el hábito de su estricta disciplina mantenía las tentaciones bajo control, pero de noche soñaba con jugosos chuletones que desprendían un delicioso aroma y, sobre todo, se recreaba con la visión de sor Catalina sin hábito ni enaguas. Ella que había sido quien le había incitado a que se hiciera ermitaño, y que para él representaba la pureza absoluta. Desesperado, se encaramó a la peña más alta y se arrojó a las revueltas aguas del río que se vislumbraban desde lo alto.

Sobrevivió a la caída de milagro, la corriente lo arrastró como un pelele, los cantos rodados le magullaron todo el cuerpo, tragó agua en abundancia y las fuerzas le abandonaron. Entonces, con la oscuridad abatiéndose sobre su conciencia, pensó que ahora o nunca, y renació, o eso creyó el pobre eremita. Alguien, o algo, lo impulsó hacia la superficie y el río lo depositó en un recodo.

Al rato abrió los ojos y la luz le cegó. Esteban, el ermitaño, lo comprendió de inmediato: el Espíritu Santo acababa de entrar en él y lo había salvado, o para ser más precisos, lo había resucitado en el nivel espiritual de la santidad. No tenía que esperar más, ya era un bienaventurado. Por fin podría gozar sin restricción alguna. El pobre eremita conjeturó que transfigurado por el Espíritu había trascendido a esta vida, a la carne y al pecado.

Esteban fue detenido mientras, enloquecido, trepaba por la fachada del convento de sor Catalina.


Felipe Deucalión

                                                              

AHORA
Aquella noche de diciembre de 1132, el frío era tan intenso que la barba de Venceslaus estaba helada. El caballo resoplaba con fuerza y dejaba sus profundas pisadas en la nieve. Tres figuras más lo acompañaban, encorvadas y ateridas por las bajas temperaturas. Por fin, iluminado con algunas antorchas, divisaron el castillo. Venceslaus lo había abandonado a la edad de dieciséis años para ser ordenado sacerdote y dedicar su vida a Dios.

La emoción que sentía al acercarse le dificultaba la respiración.
Hacía 20 años que no veía a su hermano Gotislav, el rey, y ahora era el momento. Habían tenido noticias el uno del otro, a través de algunas cartas enviadas por mensajeros que en algunos años se jugaron la vida para entregarlas, pues el castillo estuvo sitiado por los enemigos del monarca. Además en aquellos tiempos no era prudente viajar solo.

Cuando llegaron a la puerta, los guardas les permitieron entrar al recinto. Después de atravesar varias estancias,  estrechamente vigiladas, les condujeron a la sala del trono y fueron anunciados.
El corazón casi le saltó del pecho a Venceslaus cuando se abrió la puerta y vio a su hermano.

Gotislav se levantó y dijo titubeando: ¿eres tu, de verdad?
- Si soy yo, ¡el mismo que corría contigo para cazar conejos!

Venceslaus se dio cuenta enseguida que el rey presentaba un aspecto lamentable. Era joven y sin embargo su cara denotaba un sufrimiento constante. Ni su leve sonrisa logró borrar los surcos profundos que le delataban.

Venceslaus le dijo: ya eres rey, es lo que querías. ¿Eres feliz?
Gotislav respondió amargamente: no. En mi juventud estuve siempre añorando el pasado, cuando vivian nuestros padres y éramos felices. Más tarde tuve que preocuparme constantemente por el futuro: como vencer a mis enemigos y conservar mis fronteras y  las alianzas que debía aceptar para conseguir que ocurriera lo que yo quería. La vida se me escurre y yo no la siento. Tu en cambio pareces dichoso.
Venceslaus dijo: si lo soy, el más feliz del mundo. Ahora mismo estoy aquí contigo, veo las estrellas por esta ventana, y las lámparas de aceite que hacen mover las sombras. Yo vivo el ahora. No se que va a pasar después. Este es mi secreto. Una vez que lo consigues alcanzas la felicidad.

Gotislav se acercó más a su hermano y lo besó. Entonces se dio cuenta que aquel era el momento más intenso de su vida. 


Laia

                                                                                                                            










viernes, 14 de noviembre de 2014

CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO




AD INFINITUM
Y pensó: no me gusta la realidad, así que enseñó a su hijo y a su hija el camino de la felicidad, les dijo que un beso desata el nudo del enfado, que un malentendido se aclara con una sonrisa y que un abrazo disuelve el orgullo más empecinado.
Consiguió eternizar un sentimiento sirviéndose de su efímera existencia, pues la hija y el hijo lo transmitieron a sus hijos  y éstos a los hijos de sus hijos y así ad infinitum.

Carme Gómez


LA PRINCESA Y EL PRÍNCIPE CONTRA EL DRAGÓN
Y el príncipe no tuvo que mostrarse heróico y valeroso en todo momento, ni rescatar a una princesa que se pasara los días sufriendo (o aburriéndose) lo indecible, a la espera de un salvador. El príncipe pudo también emocionarse en ocasiones  y hasta llorar, tanto como lo pudiese hacer la princesa.
La princesa no tuvo nunca que cambiar el carmín de su barra de labios por la mercromina.
La princesa y el príncipe lucharon juntos contra el dragón.

Marta Albricias


TIERNA CONMISERACIÓN
Las tupidas cejas del Conde le otorgaban un aire amenazador. Sus víctimas desfallecían inmovilizadas por sus gélidos ojos grises.
Así le ocurrió a la virginal doncella que sostenía entre sus brazos. Pero al contemplar la inmaculada blancura de su cuello, una conmoción irrumpió en el interior del Conde. En su pecho latió un sentimiento nuevo que le impidió proseguir con su rutina.

Desde entonces los hospitales de Transilvania han sufrido robos de plasma sanguíneo.

Felipe Deucalión


RUPTURA
Aquel otoño cayeron las hojas y la complicidad entre nosotros. Las desavenencias edificaron muros de frío silencio. Con la primavera, las urgencias del deseo pasaron a ser claudicaciones, victorias del otro. Nuestra guerra no tuvo vacaciones, las demandas de ternura se interpretaron como reproches. Ni lo cotidiano se mantuvo al margen de los litigios: ¿has tirado la basura?, ¿a quién le toca limpiar el baño?, ¿este sábado podríamos ir a Ikea?

Nos llevó amargos años convencernos del absurdo de jugar a verdugos y culpables.

Felipe Deucalión



MALTRATO PSICOLÓGICO
Tina y Dino están en la fiesta.  No se habían visto antes.  Sus miradas se encuentran.
Ella queda fascinada por el encanto que destila el muchacho, alto, moreno, elegante y misterioso.  Es como un príncipe.  El percibe esa mirada de ella, un ser liviano, como un perfume encarnado en una joven bonita, criada entre rosas blancas, y a quien varios muchachos de la fiesta están mirando.

Se encuentran.  Bailan y ella se deja llevar por él, feliz.  Se enamoran.  Y se casan.

Tina ha encontrado a su príncipe.  Por fin. Su vida ya no tiene ese vacío. Se siente afortunada de ser la esposa de un hombre tan maravilloso.  Cree que tiene que conservarlo.  Sobre todo, que esté contento y nunca la deje.

Dino ya ha conseguido que sea suya.  Se siente afortunado de poder presumir de tener una mujer hermosa por esposa. Y se siente grande, más grande que ella.  Le gusta esa sensación de verla suya y un poco inferior, algo tontita y dependiente de él.  “.  Dino no se da cuenta de que es un poco tonto al creerse superior”. “Tina no se da cuenta de que, en este aspecto él es un poco tonto. Ella cree que es normal que él sea superior a ella.”

Fin de la luna de miel.  Vuelven a incorporarse a sus respectivos trabajos.  Tina trabaja menos horas y puede volver a casa rápidamente para preparar la cena que compartirá con su esposo.  Dino entra en la casa y apenas le habla, le contesta con monosílabos.  Ella lo disculpa interiormente porque viene siempre tan cansado y de mal humor, pobrecito, debido a los problemas que tiene en el trabajo.  Y lo mima, y así un día y otro día.  No se da cuenta de que , aunque la quiere, le está haciendo daño con sus palabras, con sus silencios.  Pero a veces en soledad ella llora y piensa que quizás hay algo que no hace bien, o que quizás no es bastante buena para él.

Y así pasan los días.  Tina ya no se pone los zapatos de tacón cuando sale con sus amigas, para que él no se mosquee y se irrite.  Cada vez se siente más deprimida y dependiente de él, y él cada vez está más dominante y despreciativo con ella, aunque a veces le regala flores, pues es un hombre que cuando está de buenas es encantador.

Tina cada vez se siente más enana. Y Dino, cada vez más grande e irascible, se está convirtiendo en un tirano.

Tina pierde entidad, ya no cuenta.  Internamente lleva un burka.


María Jesús (Mariajes)




ULA Y MOLOK
Ula es una mujer muy activa, se levanta la primera y sale fuera de su choza para despertar a las demàs mujeres con el grito de la mañana. Ula es la más anciana de todas. Muchas de las demàs mujeres son sus hijas.

Molok, también se levanta junto a Ula, y despierta a los Hombres. Se reparten las faenas, Ula con las mujeres preparan las bandejas con la fruta troceada, mientras los hombres, limpian el lugar donde van a comer, y colocan las piedras o troncos para sentarse en círculo. También són los hombres los que barren las chozas sacando el polvo fuera de ellas. Durante el desayuno, todos deciden qué lugar del bosque recorrerán. Ellas para ir a recolectar frutas y recoger plantes y espigas, ellos saben que no han de volver donde fueron ayer a cazar. Molok les va enseñando los lugares de bosque que conocen, y eligen un lugar que hace tiempo que no han frecuentado.
Ula y Molok son muy respetados por todos los demàs, ya que han logrado sobrevivir hasta esa avanzada edad.  Después de comer, no se guarda nada, los hombres se llevaran los restos de la caza para diseminarlos por el bosque, así atraerán a los animales, y siempre hallan caza cerca del poblado. Las mujeres devuelven a los lugares de donde toman los Frutos y espigas, los restos que sobran de la fruta y el pan. Así sus almas permanecerán tranquilas porque devuelven al bosque lo que es del bosque y solo toman lo imprescindible. El bosque les provee de la necesario para cada día. Por eso respetan el bosque, porque el bosque es su dios, y tal como respetan el bosque así se respetan unos a otros.

Al regreso las mujeres aplastan sobre una piedra los granos de las espigas mientras otras trocean la fruta. Con la harina de los granos amasan unas tortillas. Cuando llegan los hombres, unos despellejan las piezas de caza y otros preparan el fuego, donde se pone a asar la carne. Las mujeres ponen las tortillas de harina sobre piedras al lado del fuego para que se tuesten. Una vez terminada la preparación de la comida, todos se sientan alrededor del fuego. Esto ocurre cuando el sol comienza a descender del centro del cielo. Todos comparten los alimentós. Aunque no es una norma de convivència, los hombres y mujeres adultos dejan un pellizco de su comida dentro de los cuencos de Ula y Molok, en señal de aprecio. Estós dan las gracias sonriendo y llaman a los ninos y les reparten en sus cuencos lo regalado. Así todo forma un círculo perfecto. Cuando éste círculo se rompa por la pérdida de uno de los integrantes , otro ocuparà su lugar.

Esto ocurre 20.000 años a.c.


Lola





INFERN
Ella s’amagava sota unes ulleres de sol. Era rossa i el cabell tallat recte li tapava mitja cara. Observant-la una mica millor, vaig descobrir que era més jove del que semblava.
Jo no sabia encara perquè m’havia citat en aquell bar i amb tant recel.
Soc advocat i em guanyo be la vida. Bo especialment en casos de separacions matrimonials.
Finalment ella va aixecar-se de la cadira i em va donar la mà tremolosa.
- Em dic Anna, i he acudit a vostè perquè estic desesperada.
Em vaig posar sérios i vaig preguntar-li el motiu, incrèdul.
- Ja fa deu anys que em vaig casar i la cosa cada vegada ha anat a pitjor. El meu marit s’ha tornat molt violent i m’amenaça de matar-me si el deixo. Això es obra seva!
Em vaig quedar de pedra quan es va treure les ulleres. La seva cara que tenia unes faccions molt atractives, estava coberta d’hematomes i blaus.
De seguida vaig sentir-me atret per ella. Li digué que demanar ajuda era el millor que havia fet. Per començar, era necessari que abandonés la casa amb les seves pertinences més essencials. Vam quedar d’acord i el dia següent, quan el seu cònjuge havia sortit, vam anar plegats a recollir tot el que va ser possible.

També posarem la denúncia per maltractaments, de la qual em vaig encarregar jo. Ella per la meva gran insistència, va accedir finalment a instal.lar-se uns dies a casa meva. Haig de reconèixer que m’estava enamorant de l’Anna.

Mentre va durar tot el procés del judici contra el seu marit, la petició de divorci, l’ordre d’allunyament i tot plegat, ella va perllongar la seva estança a casa. Vaig notar amb gran alegria que jo li agradava.
El destí m’estava regalant el que més volia.
Ara fa sis anys que l’Anna i jo estem junts. Ella va poder sortir del seu infern i començar una nova vida. No va ser fàcil, doncs moltes vegades tenia por que tornés el seu ex-marit per matar-la. Un parell de vegades el vam veure rondant la casa.
Però avui l’Anna és completament feliç. Fa pocs mesos ens assabentarem que ell havia mort d’un infart. 

Ella va tenir sort, peró hi ha altres dones que no han tingut la mateixa fortuna.

Laia                                    

sábado, 25 de octubre de 2014

PANDEMIA


PANDEMIA
¡Pandemia ven pacá! La llamó su madre. ¿Dónde está la Pandemia? Preguntó su padre.
Aquel año en el que nació la niña, los misioneros de Kinshasa no hacíanmás que pronunciar esa palabra. Y aunque ellos no conocían su significado, a la madre de Pandemia le gustoaquel nombre. ¡Mira qué bonito, Pandemia! Era un nombre acústico, sonoro y a ritmo de tambor quedaría precioso.  Así que con Pandemia se quedó. Pandemia, era una preciosa niña, morenaza de enormes ojos negros y de piel de color chocolate brillante. Tenía 8 años y hasta aquel momento no sabíalo que realmente significaba su nombre. Ese día, unas monjitas vinieron a su casa y convencieron a sus padres para llevarla al colegio. La llevaron a una especie de tienda de campaña, que habían levantado a un lado del poblado, que hacía las veces de escuela. Al entrar por la puerta, sor María salió a su encuentro y le preguntó. ¿Cómo te llamas preciosa? – ¡Pandemia!Dijo la niña. –¿Queeeeee? Dijo sor María. ¡Pandemia, Señora, me llamo Pandemia! Todos los niños se rieron de ella. Sor María la cogió de la mano y la llevó hasta una silla y la sentó en ella. ¿Porqué os reís de mi? Le preguntó  la niña a su compañero. Porque tienes nombre de enfermedad. Le dijo éste. La niña al volver a su casa les dijo a sus padres que a partir de entonces no quería que la volviesen a llamar Pandemia, sino Pan que Pandemia era una enfermedad y que el Pan en cambio era la vida.

Y sus padres desconcertados la llamaron Pan desde aquel momento.


Lola


PANDEMIA
Soy una transmigrante, alma inquieta condenada a ir de un lugar a otro y a nutrirse parasitándo...voy de cuerpo en cuerpo. Los dioses desde su sabiduría irónica, se las han arreglado para que siga dividida e incapaz de cruzar la gran división que hay hasta la muerte. Alma vetusta y cansada, cansada de alojarme aquí y allá; tanto o más cansada que lo está la dama de las atenciones amorosas del caballero flamenco.
Durante este mismo siglo, mi alma pobló el cuerpo torturado de un joven soldado en un campo de prisioneros de guerra. También me echaron a tiempo del cuerpo agonizante de un sabio de la meditación Zen; viví también en morada temprana saciándome de los granos de una juventud.
En épocas anteriores, habité las entrañas de un gladiador romano, un bantú africano y un juglar medieval. Más tarde, me incrusté en las venas de una mujer que acostumbraba a sentarse a tejer a los pies de la guillotina mientras contemplaba la decapitación de la aristocracia francesa.
Durante un tiempo, llevé una vida aventurera capitaneando un barco pirata donde hizo que tripulantes desaliñados e insubordinados, caminasen por la plancha de proa hasta pasar por la quilla para ser atados con una cuerda y arrojados al mar.

Me horroriza la carga de estos múltiples estilos de vida.

Si hay lecciones de vida que aprender, parezco incapaz de aprenderlas. 
Y es entonces cuando vuelvo a colocarme en un  lecho de muerte, allí donde pertenezco.



Marta Albricias



PANDEMIA DE SUEÑOS
 Los habitantes de Serienza eran flacos y alargados, de carácter lánguido y piel blanquecina. Con frecuencia enfermaban, posiblemente debido a que casi siempre estaba nublado y lloviendo.  Algunas veces llovía a cántaros.  Otras veces la lluvia era finísima e interminable, y duraba días y días.

Un día llegó un viajero moreno, gordito y con cara sonriente.  ¿De dónde viene usted? Le preguntaron sorprendidos de ver a alguien tan diferente de aspecto. Viajo en busca del secreto del misterio infinito, dijo. Que qué misterio es ese?  Es algo que todo lo abarca, todo lo contiene. Empezó en una pequeña isla del Mediterráneo llamada Ensuenza, de la que algunos habitantes salieron en barco hacia otras islas.  Con el tiempo, el misterio infinito se extendió, y ahora está en todas las poblaciones de todos los países de todos los continentes. Es una pandemia.Una pandemia de sueño contagioso.  Las personas que lo padecen entran en un estado de somnolencia, y poco a poco se van quedando dormidos en las sillas de las oficinas, las escuelas, de pie junto a las puertas, fregando los platos…  Duermen durante una semana y cuando despiertan tienen muy buen humor y sus relaciones sociales mejoran.

Pues aquí no hay de eso –dijo el de Serienza. Somos un pueblo trabajador y eficiente.  ¡Y no nos podemos permitir holgazanes ni dormilones en las fábricas.!¡Ya tenemos bastante con las bajas laborales por enfermedad!

A pesar de las reticencias lo invitaron a comer.  El viajero, agradecido, les contó un
Chiste que provocó fuertes risas.  A continuación uno de los comensales recordó otro chiste que había oído de niño y lo contó, provocando también fuertes risas.  Y así unos y otros fueron recordando y contando las cosas graciosas que desde hace tanto tiempo tenían olvidados,  llenándose la sala de risas.  Los vecinos, al oírles se acercaban a ver qué ocurría y se unían también.  Y los otros vecinos, y al final todo Serienza estallaba en risas.  Más tarde, al regresar a sus respectivos domicilios o lugares de trabajo, se iban quedando dormidos por todas partes.  Y soñaban.  Y en sus sueños caminaban a cámara lenta, flotaban, danzaban, extendían las manos, sus brazos y piernas se alargaban, y se podían enlazar con otras manos, con  otros seres,  danzando, por el aire unos, por tierras llenas de flores otros.  Y se formaron redes de seres danzantes que flotaban rodeando el planeta y por encima de los países y los continentes.

Nuestro viajero observaba que Serienza era ahora una ciudad de paz, suspiros y ronquidos, que había sido alcanzada por el misterio infinito de la pandemia de sueños.



María Jesús  (Maríajes)


PANDEMIA
De repente se desató una pandemia sorprendente, todo absolutamente todo quedaría autodestruido en el plazo de una semana, así rezaba el titular del periódico de más difusión, se refería a todo absolutamente todo el dinero en efectivo. Las causas se desconocían, permítaseme la licencia.

Daban como solución a la ciudadanía el depositar en los bancos el líquido de que dispusieran, era la única manera de conservar su poder adquisitivo. A cambio el gobierno dispondría  lo necesario para que todos los pagos, aunque fueran de pequeño importe, pudieran realizarse informáticamente, con tarjetas, con móviles o con ordenadores.

Una vez superada la contrariedad inicial con que el común de la ciudadanía, ausente de todo espíritu crítico, recibe cualquier novedad, se acomodó rápidamente a la idea de prescindir del monedero, casi le suponía una ventaja, el bolso sería más ligero y no se preocuparía de llevar suelto para comprar el pan y nadie les robaría.

El ratero de calle y el carterista se quedaron sin empleo, de nada les serviría el tirón del bolso o la sustracción de la cartera del distraído viandante, pues no encontrarían ni una triste moneda ya que habían sido retiradas de la circulación y suponiendo que el destino les regalara un billete de los que se encuentran fortuitamente por la calle no tendría objeto  ya que no se admitían pagos en efectivo.

El traficante de estupefacientes o de armas se quedaría sin comercio, cómo iba a cobrar las papelinas si no existía el efectivo, cómo iba a justificar una entrada de dinero en su cuenta si carecía de trabajo conocido. En la misma situación se encontraba el proxeneta.

Cómo cobrará el político corrupto sus favores al capital, ya que cualquier recepción de dinero dejará un rastro imborrable en su cuenta bancaria y será difícil su justificación sin revelar su procedencia.

A medida que pasaba el tiempo y en la sociedad se extendían los efectos  de esa extraña pandemia se iban notando las consecuencias en forma de seguridad ciudadana, disminución de las corrupciones de todo tipo, ausencia de rateros y ladrones,  incremento de la recaudación tributaria, disminución de la población reclusa y planteamiento de legalización de actividades hasta ahora consideradas ilegales como la prostitución o el comercio de sustancias psicotrópicas.

Cabe señalar que algunos miembros destacados de los partidos más representativos cambiaron de país de residencia y eligieron Bahamas, Surinam, Bermudas o Luxemburgo por poner algunos ejemplos de paraísos fiscales, con ello provocaron la envidia de muchos ciudadanos, envidia que dejaba al descubierto que estaban hechos de la misma materia que los huidos ¡qué pena!, pocas veces las pandemias ofrecen un paisaje social tan prometedor como en este caso.


Carmen Gómez



PANDEMIA MODERNA
Un joven chino publicó un anuncio para practicar solo actividades inocentes con su pareja y así ganar lo suficiente para comprarse un iphone 6. Las actividades inocentes son comer o estudiar junto a su novia, pero no ir más allá, por el módico precio de un euro la hora.

Cuando el Beni leyó la noticia en la Vanguardia se le encendió una luz en su cerebro. Qué listo el chino, alquilar a su novia para poder comprarse el iphone 6. Anda que no iba a vacilar él con el nuevo iphone, iba a ser el macho alfa de la oficina, la envidia de sus compañeros y la admiración de sus compañeras.

La novia del chino era guapa, tenía una cara fina, estilizada. La Toñi era más ordinaria, tenía la cara como un pan de kilo y la boca como un lector de deuvedes. Pero la china se llamaba, Xiao Ai, que eso ni es un nombre ni es ná. Su novia era la benjamín de los Berrocales, toda una institución en el barrio, solo que, al ser pequeña y mimada por todos, no participaba de la afición por la violencia de sus hermanos y hermanas. A ella le gustaban los bailes de salón y bailaba el tango que parecía que se te estuviera tirando. Medio barrio se había apuntado al cursillo de bailes de salón del centro cívico con la esperanza de marcarse un tango con su novia. En eso, el Beni llevaba ventaja al chino, porque, a ver, ¿quién iba a pagar por estudiar o comer junto a la novia de otro? En su barrio ni Dios. En China puede que fueran tan gilipollas como para pagarle al chino de los huevos. En cambio, por bailar un tango con la Toñi iba a tener cola, y les iba a poder cobrar mucho más que un euro por hora, que era la tarifa del chino por estar junto a su novia. Él lo menos les cobraría veinte euros por tango.

Hay que ver cómo son las mujeres, según ellas no pasa nada porque bailen con otros, no tienes que ponerte celoso. Pero si les dices que vas a cobrar por dejarlas bailar con otros, no veas cómo se ponen. Al Beni le costó que la Toñi asimilara la idea. A ti te gusta bailar el tango, ¿verdad?, le decía machaconamente. Y no hay nada de malo en que lo bailes con otros, ¿verdad?, insistía el pobre. Al fin, la Toñi, no se sabe si por no oírlo más, o por cariño, o, simplemente, porque le gustaba bailar el tango, accedió.

Dos tangos se marco la Toñi con dos puteros redomados, el Poratrás y el Figura, antes de que la noticia llegara a oídos de los Berrocales. Una noche que el Beni salía del metro lo rodearon, lo invitaron a acompañarles a un descampado próximo, le machacaron una rodilla, tres costillas, un brazo y la quijada, amén de aliviarle cuarenta euros de la cartera. El Beni pasó a ser conocido como el Patatiesa, y jamás volvió a bailar el tango con la Toñi.


Felipe Deucalión