sábado, 25 de octubre de 2014

PANDEMIA


PANDEMIA
¡Pandemia ven pacá! La llamó su madre. ¿Dónde está la Pandemia? Preguntó su padre.
Aquel año en el que nació la niña, los misioneros de Kinshasa no hacíanmás que pronunciar esa palabra. Y aunque ellos no conocían su significado, a la madre de Pandemia le gustoaquel nombre. ¡Mira qué bonito, Pandemia! Era un nombre acústico, sonoro y a ritmo de tambor quedaría precioso.  Así que con Pandemia se quedó. Pandemia, era una preciosa niña, morenaza de enormes ojos negros y de piel de color chocolate brillante. Tenía 8 años y hasta aquel momento no sabíalo que realmente significaba su nombre. Ese día, unas monjitas vinieron a su casa y convencieron a sus padres para llevarla al colegio. La llevaron a una especie de tienda de campaña, que habían levantado a un lado del poblado, que hacía las veces de escuela. Al entrar por la puerta, sor María salió a su encuentro y le preguntó. ¿Cómo te llamas preciosa? – ¡Pandemia!Dijo la niña. –¿Queeeeee? Dijo sor María. ¡Pandemia, Señora, me llamo Pandemia! Todos los niños se rieron de ella. Sor María la cogió de la mano y la llevó hasta una silla y la sentó en ella. ¿Porqué os reís de mi? Le preguntó  la niña a su compañero. Porque tienes nombre de enfermedad. Le dijo éste. La niña al volver a su casa les dijo a sus padres que a partir de entonces no quería que la volviesen a llamar Pandemia, sino Pan que Pandemia era una enfermedad y que el Pan en cambio era la vida.

Y sus padres desconcertados la llamaron Pan desde aquel momento.


Lola


PANDEMIA
Soy una transmigrante, alma inquieta condenada a ir de un lugar a otro y a nutrirse parasitándo...voy de cuerpo en cuerpo. Los dioses desde su sabiduría irónica, se las han arreglado para que siga dividida e incapaz de cruzar la gran división que hay hasta la muerte. Alma vetusta y cansada, cansada de alojarme aquí y allá; tanto o más cansada que lo está la dama de las atenciones amorosas del caballero flamenco.
Durante este mismo siglo, mi alma pobló el cuerpo torturado de un joven soldado en un campo de prisioneros de guerra. También me echaron a tiempo del cuerpo agonizante de un sabio de la meditación Zen; viví también en morada temprana saciándome de los granos de una juventud.
En épocas anteriores, habité las entrañas de un gladiador romano, un bantú africano y un juglar medieval. Más tarde, me incrusté en las venas de una mujer que acostumbraba a sentarse a tejer a los pies de la guillotina mientras contemplaba la decapitación de la aristocracia francesa.
Durante un tiempo, llevé una vida aventurera capitaneando un barco pirata donde hizo que tripulantes desaliñados e insubordinados, caminasen por la plancha de proa hasta pasar por la quilla para ser atados con una cuerda y arrojados al mar.

Me horroriza la carga de estos múltiples estilos de vida.

Si hay lecciones de vida que aprender, parezco incapaz de aprenderlas. 
Y es entonces cuando vuelvo a colocarme en un  lecho de muerte, allí donde pertenezco.



Marta Albricias



PANDEMIA DE SUEÑOS
 Los habitantes de Serienza eran flacos y alargados, de carácter lánguido y piel blanquecina. Con frecuencia enfermaban, posiblemente debido a que casi siempre estaba nublado y lloviendo.  Algunas veces llovía a cántaros.  Otras veces la lluvia era finísima e interminable, y duraba días y días.

Un día llegó un viajero moreno, gordito y con cara sonriente.  ¿De dónde viene usted? Le preguntaron sorprendidos de ver a alguien tan diferente de aspecto. Viajo en busca del secreto del misterio infinito, dijo. Que qué misterio es ese?  Es algo que todo lo abarca, todo lo contiene. Empezó en una pequeña isla del Mediterráneo llamada Ensuenza, de la que algunos habitantes salieron en barco hacia otras islas.  Con el tiempo, el misterio infinito se extendió, y ahora está en todas las poblaciones de todos los países de todos los continentes. Es una pandemia.Una pandemia de sueño contagioso.  Las personas que lo padecen entran en un estado de somnolencia, y poco a poco se van quedando dormidos en las sillas de las oficinas, las escuelas, de pie junto a las puertas, fregando los platos…  Duermen durante una semana y cuando despiertan tienen muy buen humor y sus relaciones sociales mejoran.

Pues aquí no hay de eso –dijo el de Serienza. Somos un pueblo trabajador y eficiente.  ¡Y no nos podemos permitir holgazanes ni dormilones en las fábricas.!¡Ya tenemos bastante con las bajas laborales por enfermedad!

A pesar de las reticencias lo invitaron a comer.  El viajero, agradecido, les contó un
Chiste que provocó fuertes risas.  A continuación uno de los comensales recordó otro chiste que había oído de niño y lo contó, provocando también fuertes risas.  Y así unos y otros fueron recordando y contando las cosas graciosas que desde hace tanto tiempo tenían olvidados,  llenándose la sala de risas.  Los vecinos, al oírles se acercaban a ver qué ocurría y se unían también.  Y los otros vecinos, y al final todo Serienza estallaba en risas.  Más tarde, al regresar a sus respectivos domicilios o lugares de trabajo, se iban quedando dormidos por todas partes.  Y soñaban.  Y en sus sueños caminaban a cámara lenta, flotaban, danzaban, extendían las manos, sus brazos y piernas se alargaban, y se podían enlazar con otras manos, con  otros seres,  danzando, por el aire unos, por tierras llenas de flores otros.  Y se formaron redes de seres danzantes que flotaban rodeando el planeta y por encima de los países y los continentes.

Nuestro viajero observaba que Serienza era ahora una ciudad de paz, suspiros y ronquidos, que había sido alcanzada por el misterio infinito de la pandemia de sueños.



María Jesús  (Maríajes)


PANDEMIA
De repente se desató una pandemia sorprendente, todo absolutamente todo quedaría autodestruido en el plazo de una semana, así rezaba el titular del periódico de más difusión, se refería a todo absolutamente todo el dinero en efectivo. Las causas se desconocían, permítaseme la licencia.

Daban como solución a la ciudadanía el depositar en los bancos el líquido de que dispusieran, era la única manera de conservar su poder adquisitivo. A cambio el gobierno dispondría  lo necesario para que todos los pagos, aunque fueran de pequeño importe, pudieran realizarse informáticamente, con tarjetas, con móviles o con ordenadores.

Una vez superada la contrariedad inicial con que el común de la ciudadanía, ausente de todo espíritu crítico, recibe cualquier novedad, se acomodó rápidamente a la idea de prescindir del monedero, casi le suponía una ventaja, el bolso sería más ligero y no se preocuparía de llevar suelto para comprar el pan y nadie les robaría.

El ratero de calle y el carterista se quedaron sin empleo, de nada les serviría el tirón del bolso o la sustracción de la cartera del distraído viandante, pues no encontrarían ni una triste moneda ya que habían sido retiradas de la circulación y suponiendo que el destino les regalara un billete de los que se encuentran fortuitamente por la calle no tendría objeto  ya que no se admitían pagos en efectivo.

El traficante de estupefacientes o de armas se quedaría sin comercio, cómo iba a cobrar las papelinas si no existía el efectivo, cómo iba a justificar una entrada de dinero en su cuenta si carecía de trabajo conocido. En la misma situación se encontraba el proxeneta.

Cómo cobrará el político corrupto sus favores al capital, ya que cualquier recepción de dinero dejará un rastro imborrable en su cuenta bancaria y será difícil su justificación sin revelar su procedencia.

A medida que pasaba el tiempo y en la sociedad se extendían los efectos  de esa extraña pandemia se iban notando las consecuencias en forma de seguridad ciudadana, disminución de las corrupciones de todo tipo, ausencia de rateros y ladrones,  incremento de la recaudación tributaria, disminución de la población reclusa y planteamiento de legalización de actividades hasta ahora consideradas ilegales como la prostitución o el comercio de sustancias psicotrópicas.

Cabe señalar que algunos miembros destacados de los partidos más representativos cambiaron de país de residencia y eligieron Bahamas, Surinam, Bermudas o Luxemburgo por poner algunos ejemplos de paraísos fiscales, con ello provocaron la envidia de muchos ciudadanos, envidia que dejaba al descubierto que estaban hechos de la misma materia que los huidos ¡qué pena!, pocas veces las pandemias ofrecen un paisaje social tan prometedor como en este caso.


Carmen Gómez



PANDEMIA MODERNA
Un joven chino publicó un anuncio para practicar solo actividades inocentes con su pareja y así ganar lo suficiente para comprarse un iphone 6. Las actividades inocentes son comer o estudiar junto a su novia, pero no ir más allá, por el módico precio de un euro la hora.

Cuando el Beni leyó la noticia en la Vanguardia se le encendió una luz en su cerebro. Qué listo el chino, alquilar a su novia para poder comprarse el iphone 6. Anda que no iba a vacilar él con el nuevo iphone, iba a ser el macho alfa de la oficina, la envidia de sus compañeros y la admiración de sus compañeras.

La novia del chino era guapa, tenía una cara fina, estilizada. La Toñi era más ordinaria, tenía la cara como un pan de kilo y la boca como un lector de deuvedes. Pero la china se llamaba, Xiao Ai, que eso ni es un nombre ni es ná. Su novia era la benjamín de los Berrocales, toda una institución en el barrio, solo que, al ser pequeña y mimada por todos, no participaba de la afición por la violencia de sus hermanos y hermanas. A ella le gustaban los bailes de salón y bailaba el tango que parecía que se te estuviera tirando. Medio barrio se había apuntado al cursillo de bailes de salón del centro cívico con la esperanza de marcarse un tango con su novia. En eso, el Beni llevaba ventaja al chino, porque, a ver, ¿quién iba a pagar por estudiar o comer junto a la novia de otro? En su barrio ni Dios. En China puede que fueran tan gilipollas como para pagarle al chino de los huevos. En cambio, por bailar un tango con la Toñi iba a tener cola, y les iba a poder cobrar mucho más que un euro por hora, que era la tarifa del chino por estar junto a su novia. Él lo menos les cobraría veinte euros por tango.

Hay que ver cómo son las mujeres, según ellas no pasa nada porque bailen con otros, no tienes que ponerte celoso. Pero si les dices que vas a cobrar por dejarlas bailar con otros, no veas cómo se ponen. Al Beni le costó que la Toñi asimilara la idea. A ti te gusta bailar el tango, ¿verdad?, le decía machaconamente. Y no hay nada de malo en que lo bailes con otros, ¿verdad?, insistía el pobre. Al fin, la Toñi, no se sabe si por no oírlo más, o por cariño, o, simplemente, porque le gustaba bailar el tango, accedió.

Dos tangos se marco la Toñi con dos puteros redomados, el Poratrás y el Figura, antes de que la noticia llegara a oídos de los Berrocales. Una noche que el Beni salía del metro lo rodearon, lo invitaron a acompañarles a un descampado próximo, le machacaron una rodilla, tres costillas, un brazo y la quijada, amén de aliviarle cuarenta euros de la cartera. El Beni pasó a ser conocido como el Patatiesa, y jamás volvió a bailar el tango con la Toñi.


Felipe Deucalión

viernes, 10 de octubre de 2014

DOLOR DE MUELAS




UN DIA DE FURIA
Rabio, lloro, me retuerzo, vuelvo a llorar, golpeo el sillón de rabia, golpeo las paredes, y pienso porqué me tiene que  pasara mi estas cosas?, y entonces me  siento en el sofá,  pongo mi cabeza entre mis manos,  tapo mis ojos, vuelvo a llorar.De repente paro, me enrabio, corro pasillo abajo, golpeo las puertas a mi paso, entro en la habitación,  me tiro sobre la cama, vuelvo a llorar, golpeo la almohada, me levanto, salgo de la habitación, doy un portazo, me vuelvo al sofá, pongo la tele, intento desconectar, de repente, de nuevo, ¡la rabia!, salgo corriendo hacia la cocina, abro el cajón y ahí estás, me tomo el nolotil, y mientras lo trago grito. ¡@?><!maldito dolor de muelas!

Loli Ruiz



DOLOR DE MUELAS
Llegó a mi vida como una suave caricia juvenil. Se quedó como un insoportable dolor de muelas. Uno de esos fastidiosos, insoportables, que te fastidian tanto en la boca como en la cartera. Mejor no negarlo, en su caso, la cartera me dolía más.
Te gastas una pasta en dentistas y al final te dicen “No es posible sacarlo, está pegado al nervio trigémino y podría ser peligroso para usted. Le puedo dar un calmante”
Ojala mi abogado también me hubiera ofrecido un  calmante después de decirme que ni pensara en divorciarme si no quería perder la mayoría de la fortuna que tanto me había costado conseguir.
Siempre hay alternativas. Encontré un dentista sin escrúpulos dispuesto a sacarme de encima la maldita muela. Lo más fascinante fue que me cobraba más del doble que el ex presidiario sin escrúpulos que se ofreció a sacarme de encima a mi maldita mujer.
Imagino que los escrúpulos no deben ser tan terribles, seguro que lo son menos que la falta de ellos. Resultado: mi cara de idiota. Nada claro si es consecuencia de la sección del nervio trigémino que dejo paralizada mi mandíbula, o se me quedo así cuando mi dulce esposa le ofreció al ex presidiario lo que yo le había pagado al dentista.


Herman




DOLOR DE MUELAS
Como si llegaran a buen puerto mis ansias
Como si hubiera donde hacerse fuerte
Como si hubiera, por fin, destino para mis pasos
Como si encontrara mi verdad  primera
Como traerse el hoy cada mañana
Como un suspiro profundo y quedo
Como un dolor de muelas aliviado
Como lo imposible ya hecho


Es un día normal, tan normal como otro cualquiera, pero no consigo sacar esta canción de mi cabeza. Llevo todo el día con esta estrofa de Joaquín Sabina que se repite continuamente como un soniquete.

“Como un dolor de muelas”… Menos mal que es aliviado, porque el solo hecho de pensarlo hace que se me ponga la piel de gallina. Cierro los ojos y veo la imagen de la Torre Eiffel de París, mientras aprieto mi mano sobre mi mejilla izquierda intentando contener el horrible dolor, que no consigo aliviar con los antiinflamatorios. Desde arriba, rodeada de personas extrañas, hago un esfuerzo para   contemplar la panorámica de la ciudad dispuesta bajo mis pies, pero lo único en lo que pienso es en bajar de allí y esperar a que esta pesadilla pase rápido y que este horrible dolor de muelas se sienta aliviado.



María José  



VUELTAS EN LA CAMA
A ver si el nolotil me hace efecto y se me pasa de seguida este dolor de muelas. Me ha de pillar dormido, no quiero tener otra bronca como la de anoche ¡Qué lío, por Dios! Que mareo de discusión, al principio, ella me hacía responsable de habernos convertido en un matrimonio más, de llevar una existencia anodina y rutinaria. Desde luego no soy Indiana Jones, trabajo en una aseguradora, pero eso ya lo sabías cuando te casaste conmigo, le repliqué. A ver, Federico, no lo haces bien, has de apoyar el lado que no te duele en la almohada, venga date la vuelta. Así, mucho mejor, en nada me duermo.
Por lo visto, según averigüé finalmente entre una caterva de reproches a mi falta de carácter y a la poca consideración en que la tiene mi familia, lo que ella no soporta es pasar las vacaciones en el pueblo con mis padres. A la señora le gustaría viajar a lugares exóticos, como mínimo a Vietnam, y mejor aún a las islas Fiyi. Como que estos lugares están a la vuelta de la esquina, le dije ¡Mierda, otra punzada en la muela! Claro que si hubiera ido al dentista cuando se me cayó el empaste, pero como para gastos estamos. Y ella quiere pasar las vacaciones en las antípodas ¡Hay que joderse, con la señora!
Ya, parece que el nolotil ya me hace efecto ¡Qué descanso! Claro que yo sé lo que le pasa. Pasa que varias de sus amigas están embarazadas y a Rosalía también le gustaría estarlo, y como yo le argumento que entonces nos convertiríamos en el matrimonio típico, y que nuestras vidas quedarían hipotecadas por la criatura, ella le da la vuelta y me chincha con lo de las vacaciones, que de siempre que le repatea los higadillos pasarlas en el pueblo. No, si retorcida, la muy puñetera lo es un rato largo.
¡Ay va, la puerta! Me voy a hacer el dormido  ¡Hostia, la muela otra vez!


Felipe Deucalión




DOLOR DE MUELAS Y PERSONALIDAD

Una caricatura

Perfeccionista:
Dentro de ocho horas y dos minutos...cuatro segundos... en cuanto el antibiótico haya hecho efecto mi cavidad bucal volverá a gozar de normalidad. Espero no cometer ningún error...aunque claro....si en vez de a las 8h me lo hubiese tomado a las 7:30h...ahora ya solo faltaría media hora para dicho efecto aliviador.

Colaborador:
Debo mantener mi estado de ánimo lo mejor posible por mí mismo y para que así, cuando el dolor cese...el dentista pueda explorarme mejor.


Triunfador:
Hoy me he levantado con un flemón y un dolor de muelas que me está matando, necesito un analgésico y pedir cita urgente con el dentista. Salgo a la farmacia...espero no encontrarme a nadie conocido por la calle; que nadie me vea así: demacrado, con los ojos hundidos y con la mejilla deformada.


 Observador:
Teniendo en cuenta que el efecto del analgésico es de 5 horas en caso de dolor fuerte a moderado y que el del antibiótico es de 8h en ciclos completos….dentro de aproximadamente un par de horas...el dolor habrá disminuido. Calma...sobretodo mucha calma...

Leal:
Confío plenamente en el buen hacer y la pericia de mi odontólogo al que acudo desde hace más de veinte años.

Desafiador:
Dolor de muelas, no vas a poder conmigo ni me vas a agriar el día y la noche con tus espasmos: voy a luchar contra tus punzadas hasta eliminarte.

Pacificador:
Sí lo sé, lo sé….dueles porque hay algo que no va….y estoy en ello, estoy aquí en la consulta del dentista esperando mi turno para que manos expertas me indiquen un solución y ni tú ni yo tengamos que sufrir más.

Entusiasta:
Duele !!! Pero pronto pasará…no hay mal que cien años dure…Solo con pensar que dentro de un rato ya estaré mejor….ya me encuentro bien! Proyecto mi mente y me visualizo sin dolor de muelas: es maravilloso !!!


Marta Albricias



 DOLOR DE MUELAS
Una vez a la semana se daba el capricho, desayunaba en la famosa cafetería que se encuentra camino al trabajo. Sus kilos y su colesterol recomendaban otra cosa per sus frustraciones y carencias se lo pedían a gritos.

La cafetería era un espectáculo visual y odorífico, allí detrás de las vitrinas trasparentes lucían las tentaciones gastronómicas de todo tipo xapatas, briox, pulguitas, sandwichs, cañas, croisans, berlinas, ensaimadas, muffins, palmeras, xuxos, bizcochos, pasteles. Con sus mejores colores y olores prometían sensaciones intensas y extensas, de esas que hacen que te olvides de tu triste existencia.

Nuestra mujer ya conocía algunos de los placeres gastronómicos allí expuestos y antes de manifestar a la camarera su pedido evocó experiencias pasadas para afinar y acertar y conseguir así su mejor elección.
Recordó que el café con leche estimulaba sus papilas hasta el punto de olvidarse del impertinente del jefe. La cremosidad de la leche, junto con la espuma que coronaba la taza mezclada con el oro negro del café la trasladaba a las montañas de Colombia, con Juan Valdés y su burrito, disfrutando del verdor de los cafetales y del intenso azul del cielo caribeño. Multiplicaba el placer con una buena dosis de azúcar
-         Me da otro sobrecito de azúcar? Le pedía siempre a la camarera
En alguna ocasión había tomado té, adornado con especias para que no pareciera agua caliente, otras veces pedía Cola-Cao también muy gustoso pero sus recuerdos viajaban a la infancia y se veía con la bata del cole bebiendo rápidamente la leche achocolatada para no llegar tarde al colegio y momentos después la leche se le detenía en el mitad del pecho un buen rato igual que las palabras de su madre diciéndole que tenía que levantarse antes de la cama.

La vitrina de la pastelería reclamó su atención igual que la camarera quién le preguntó cuál de las delicias expuestas era el objeto de su elección, nuestra mujer dudaba ya que le gustaba todo y a todo renunciaría en cuanto decidiera su preferencia, renunciaría a todas las tentaciones a cambio de obtener sólo una, así es la vida.
Conocía la textura crujiente de las cañas de hojaldre que inundaban su boca con el fluido de la crema pastelera y notaba la vainilla y la canela cómo envolvían y endulzaban sus amargos pensamientos.
Qué decir de las xapatas lubricadas con salsa tártara acogiendo una loncha de salmón ahumado al primer mordisco se trasladaba a los fiordos noruegos a disfrutar del sol de medianoche y de su espectacular masa boscosa.

Cómo olvidar el pastel de chocolate con aquel bizcocho tan tierno como los besos de su primer y último novio, tanto tiempo ya . Cómo olvidar el sabor del cacao penetrando en sus papilas y alternando con la sorpresa que aportaba el contraste producido por las ligeras betas de mermelada de naranja amarga que amplificaban el sabor inefable del chocolate.

Finalmente la elección de nuestra mujer recayó en una buena porción de pastel de chocolate con mermelada de naranja amarga. Lo disfrutó consciente y lentamente, era el máximo placer que aquel día experimentaría. El cálido café con leche constituía el telón entre mordisco y mordisco de pastel, en aquellos momentos su índice de felicidad era máximo y le gustaría eternizarlo, instalarse a vivir así, con el pastel de chocolate.
Pero su ansiedad acortaba aún más la duración del ya breve placer del desayuno caprichoso, finalizado el cual dirigió sus pasos hacia el trabajo a encontrarse con su áspera realidad y a la vez que recordaba su reciente placer gastronómico una punzada de dolor le atravesó el cerebro. ¡No me digas! un pequeño resto de pastel se había alojado en algún intersticio dental y sus consecuencias eran aquel lacerante dolor de muelas.


Carmen



DOLOR DE MUELAS
Volvía del campo en el que había estado trabajando desde altas horas de la madrugada. Sediento, cansado, sudoroso y con un dolor en el lado derecho superior de la boca que había comenzado al morder el trozo de pan duro que llevaba en el zurrón.  La desagradable sensación se fue acrecentando hasta hacerse insoportable. El, que todo lo aguantaba, los más duros trabajos en el campo, la cantera en los fríos inviernos, los sabañones, la sed y el hambre en tiempos de escasez.

Pero esto era distinto. Era un dolor impertinente, afilado, rabioso, como de pinchazos de un hielo ácido punzante.  Era un dolor de muelas.

Al llegar a la plaza del pueblo vio un grupo de gente congregada en torno a un hombre que manipulaba con unas tenazas en la boca de otro que estaba sentado con los puños apretados y con cara de pánico. Se trataba de un sacamuelas experimentado y que llevaba varias horas trabajando, a juzgar por la cantidad de dientes que colgaban de su collar y los que había sobre la mesa junto convarias herramientas.  En el suelo del estrado había un mono al que unos niños echaban algún mendrugo.

Algunos miraban por curiosidad y morbo con expresión de malicia.  Otros hacían cola para ponerse en manos del personaje del collar de dientes.  La expresión de la cara de estos últimos era de sufrimiento y miedo.  Nuestro amigo decidió añadirse a estos últimos.  Intentó mentalizarse.  Su dolor era ya tan terrible que , el que sentiría cuando le sacaran la muela, si resultara ser todavía peor, al menos no lo sería ya por mucho tiempo.

Llegó su hora. Para su sorpresa, el sacamuelas vertió una poción en un vaso.  Tras aceptar el precio con ese añadido, bebió un buen trago, y el resto lo mantuvo en la boca durante un rato, siguiendo las instrucciones del hombre del collar de dientes.  La bebida mejoró su ánimo y el dolor disminuyó.  Pero cuando el sacamuelas empezó, como su nombre indica, a sacarle la muela donde se situaba el mal, comenzó a gritar y a ver un universo de estrellas, rayos y centellas.  Cálmese hombre –le dijo un niño de los que daban pan al mono- y piense en otra cosa, en algo bueno. 

Pensó en Dios, pero no funcionó.  El dolor era peor que insoportable.  Pensó en que estaba en el cielo, recordó que este año las cosechas habían sido buenas.  Pero nada le aliviaba.  De pronto, mientras veía al sacamuelas sudar tinta de tanta fuerza que estaba haciendo para arrancarle la muela, vislumbró la solución.  Entonces la muela aflojó y salió.  Bebió otro trago de poción y con un trapo en el agujero que dejaba la ausencia de muela, y habiendo pasado sus monedas a engrosar la bolsa de cuero del sacamuelas,  marchó con la mano en la mejilla. 

Llegó a casa con el dolor mitigado por la promesa de que en dos semanas estaría bien, pero, y sobretodo, por el plan que había empezado a urdir en su cabeza.  Y es que a partir de aquel día encargaría a su hijo mayor de las labores del campo, y seguiría los pasos del sacamuelas de pueblo en pueblo.  Había decidido aprender el oficio maldito, a la espera del día en que el hombre del collar de dientes necesitara los servicios de otro como él y se los pidiera.  Esta sería su venganza,  la venganza del sacamuelas de un cuadro de El Greco.


María Jesús (mariajes)