jueves, 22 de junio de 2017

AUNQUE LLUEVE NO HACE FRÍO





AUNQUE LLUEVE NO HACE FRÍO

Mi amiga Miwako no dejaba de decirme que fuese a Tokio unas vacaciones, que tenía ganas de volverme a ver. Así que decidí pasar las primeras vacaciones sin la familia. Cogí un vuelo con escala en Amsterdam y me fui a Japón.

En el Aeropuerto de Tokio, Miwako y su marido me esperaban para recogerme.
Fuimos en el coche hasta las afueras de Tokio, una especie de pueblo residencial, muy bonito y tranquilo. La casa de mis amigos era una casita con jardín, como aquellas que vemos en los mangas japoneses. Como la casita de Doraemon o la de Shin shan. Era pequeña pero muy acogedora. Tenía un jardín-huerto donde cultivaba varias frutas y verduras como fresas, tomates, mezcladas con Kikus Sakuras junto a Anémonas y Orquídeas. Era todo como un cuento de hadas, fuimos a un jardín de un templo budista, la paz y la tranquilidad era deliciosa. Miwako se extrañaba de que yo apreciara tanto aquella calma y armonía. Para los japoneses era primordial mantener la armonía dentro de sus hogares tanto como fuera. Las personas se saludaban con cortesía ya que es impensable molestar ni ofender al vecino. La consecuencia sería que esa persona no volvería a saludarte en toda su vida. !Era un mundo increíble! !cómo se podía pasar del bullicio del centro de Tokio al casi silencio de los barrios de las afueras y los pueblecitos!.

La làstima era que llovía con frecuencia​ y hacía una terrible humedad "jimejime" como dicen ellos. Pero no me importaba hasta la lluvia resultaba armónica ya que con el silencio se podía oír el chip chap de las gotas contra el suelo de la calle. Y como decía mi amiga Miwako "aunque llueve no hace frío".

Lola Ruiz