viernes, 10 de noviembre de 2017

LA FIGURA



LA FIGURA
Un universo formado por puntos, muchos puntos. Una sucesión de puntos que se unen para formar una línea. Una línea que se combina con otra, y con otra, o simplemente se va moldeando hasta configurar un dibujo. Un dibujo que, a su vez, poco a poco va tomando forma  y adquiriendo movimiento. Este movimiento hace que las líneas se alarguen, que se estilicen de forma sutil hasta convertirse en ritmos acompasados que bailan al son de una música. Notas que se combinan para formar una melodía, que te acarician el alma y te erizan la piel dejando que todo fluya. Ritmo y música se unen para formar un solo elemento:  la figura.

María José


MÁS ALLÁ DE LA PIEL
Una suave y delicada arruga se pasea por su mejilla llegando hasta su cabello cada vez más plateado. Las líneas que en su frente se han ido haciendo cada vez más profundas, albergan historias de una vida plena que se esparce por toda su figura. Sus manos huesudas y frágiles, envueltas en una piel cada vez más trasparente, siguen trasmitiéndome fuerza y calidez.

Hace ya muchos años que nos miramos, que nos aprendemos; perdiéndonos y encontrándonos, descubriéndonos un poco más cada día; mientras, sigo viendo algo hermoso como siempre: más allá de la piel que envuelve su figura.

Marta Albricias



viernes, 20 de octubre de 2017

EN MI RELLANO



EN MI RELLANO
Manuel,
el que baja cada día a pié,
el que huele a romero recién cortado,
el que se para sin aliento,
en mi rellano...

Metiéndose la camisa en el pantalón,
poniéndose los zapatos,
porque llega tarde al trabajo...
En mi rellano.

!Ay Manuel!, el que levanta la barbilla y cierra los ojos,
mientras hueles el aroma de mi café,
en mi rellano...

Desde mañana, Manuel,
Tendrás un café bien calentito en mi puerta,
cada vez que pases corriendo ,
Por mi rellano.

Lola Ruiz




EL OCTAVO SEGUNDA
Subiendo los escalones de la escalera de su casa una noche después de trabajar hasta tarde, se tambaleó de cansancio mientras las bolsas de llenas de frutas y verduras, que acababa de comprar en la tienda del barrio, oscilaban colgadas de su brazo. Llegó al rellano de aquel octavo piso, desde el que se apreciaban unas vistas impresionantes, cuando de repente se dió cuenta que la puerta de su piso había desaparecido, que solo había un piso: el octavo primera. Frotó sus ojos para ver mejor. Pensó que el cansancio le estaría jugando una mala pasada. 

Las bolsas repletas de frutas y verduras seguían columpiándose pesadas en su brazo cansado y un sudor frío le invadió. Cerró los ojos para intentar no marearse y se mantuvo unos segundos con los ojos así para darse cuenta de que con los ojos cerrados, sí podía ver la puerta de su piso y que además esta estaba abierta y que de su casa salía un delicioso aroma de comida recién hecha, de que se oían risas y buena música, mientras una luz tenue invitaba al más plácido de los descansos. No entendía nada: -Será este mi rellano ? Dónde estoy?  En verdad estoy en mi rellano?  siguió dudando...

Abrió los ojos, pudo ver la puerta de su piso y seguía sin entender nada lo que sí supo es que el tiempo asignado a sus ojos había expirado: visitaría al oculista más famoso del país para que le implantara un nuevo par procedente de la mejor fábrica del país, y mejor todavía con garantía de kilómetro cero y a ser posible de color cian.


Marta Albricias


jueves, 22 de junio de 2017

AUNQUE LLUEVE NO HACE FRÍO





AUNQUE LLUEVE NO HACE FRÍO

Mi amiga Miwako no dejaba de decirme que fuese a Tokio unas vacaciones, que tenía ganas de volverme a ver. Así que decidí pasar las primeras vacaciones sin la familia. Cogí un vuelo con escala en Amsterdam y me fui a Japón.

En el Aeropuerto de Tokio, Miwako y su marido me esperaban para recogerme.
Fuimos en el coche hasta las afueras de Tokio, una especie de pueblo residencial, muy bonito y tranquilo. La casa de mis amigos era una casita con jardín, como aquellas que vemos en los mangas japoneses. Como la casita de Doraemon o la de Shin shan. Era pequeña pero muy acogedora. Tenía un jardín-huerto donde cultivaba varias frutas y verduras como fresas, tomates, mezcladas con Kikus Sakuras junto a Anémonas y Orquídeas. Era todo como un cuento de hadas, fuimos a un jardín de un templo budista, la paz y la tranquilidad era deliciosa. Miwako se extrañaba de que yo apreciara tanto aquella calma y armonía. Para los japoneses era primordial mantener la armonía dentro de sus hogares tanto como fuera. Las personas se saludaban con cortesía ya que es impensable molestar ni ofender al vecino. La consecuencia sería que esa persona no volvería a saludarte en toda su vida. !Era un mundo increíble! !cómo se podía pasar del bullicio del centro de Tokio al casi silencio de los barrios de las afueras y los pueblecitos!.

La làstima era que llovía con frecuencia​ y hacía una terrible humedad "jimejime" como dicen ellos. Pero no me importaba hasta la lluvia resultaba armónica ya que con el silencio se podía oír el chip chap de las gotas contra el suelo de la calle. Y como decía mi amiga Miwako "aunque llueve no hace frío".

Lola Ruiz

viernes, 9 de junio de 2017

LA QUINTA PLANTA




EL HOMBRE DEL SOMBRERO
Al principio no le quise dar importancia a los rumores que circulaban por el hospital. Era evidente que enfermeras y auxiliares cuando se las destinaba a la quinta planta, cambiaban su puesto con alguna novata o si no podían, simulaban cualquier enfermedad, hasta el extremo que, con frecuencia, había que recurrir a suplentes o estudiantes en prácticas para atender esta unidad clínica.

Yo sospechaba que estas resistencias se debían a que esa era la planta en la que se concentraban los enfermos terminales y trabajar en cuidados paliativos es emocionalmente muy duro. Solo Alicia, una veterana auxiliar, permanecía inmune a las historias, que situaban en el servicio de medicina paliativa a un señor de tez pálida, vestido de negro y con sombrero, que cuando los enfermos estaban solos entraba en su habitación, les saludaba quitándose el sombrero y salía sin decir nada.

Al parecer, la visita del hombre del sombrero sorprendía a los enfermos pero no les alarmaba. Probablemente por ello, esta historia no se había extendido más allá de los familiares de los pacientes, quienes atribuían la extraña visita a alguna alucinación producto del cóctel de calmantes con el que se les atiborraba, o, simplemente, a que alguien se había equivocado de habitación.

Sin embargo, como oncólogo, me llegó a preocupar la reacción del personal sanitario, que redundaba en una merma de la calidad de los cuidados prestados a estos pacientes. Por eso pedí el traslado a la quinta planta. Lo primero que hice al llegar a la unidad de paliativos fue hablar con Alicia. Para mi sorpresa, ella también creía en la historia del señor vestido de negro que visita a los enfermos terminales y les saluda con el sombrero. Le pregunté, entonces, por qué no intentaba rehuir esta planta como hacían todas sus compañeras. Me contó que desde que su hijo había muerto no le encontraba sabor a la vida, para ella encontrarse con el señor del sombrero sería una bendición.

Esta mañana, Alicia me ha dicho que el de la quinientos veinticuatro explicaba que la noche anterior había entrado en su habitación el consabido señor de negro. He ido a hablar con él y me ha confirmado lo contado por Alicia. En respuesta a mis preguntas, ha reconocido que jamás había oído hablar del señor del sombrero, que le había parecido un agradable caballero, y que en absoluto se había sentido amenazado o asustado por su presencia. Por lo demás, el paciente estaba consumido por el curso de su enfermedad, pero en sus cabales, sus respuestas eran atinadas, no me ha dado la impresión de que desvariase. Claro que pudo haber sufrido alguna ilusión perceptiva. A media tarde se lo han llevado al depósito.

Hace un rato, me he cruzado en el pasillo de la quinta planta con un señor de cara pálida y vestido de negro. Yo iba mirando unos papeles, no le he visto hasta que lo he tenido a mi lado, entonces se ha quitado el sombreo a modo de saludo. Me he quedado petrificado, él ha seguido andando. Los enfermos ya habían cenado, se cena muy pronto en los hospitales, empezaba a anochecer y no había nadie más en el aséptico pasillo.

La verdad es que me he dejado llevar por la fuerza sugestiva de esta maldita leyenda. No debería haber abandonado precipitadamente el hospital. Bueno, conducir me relaja, ahora lo veo todo claro, que burro he sido, mira que dejarme llevar por un temor tan irracional. ¿Qué son estas luces? Pero, ¡qué hacen todos estos coches en contra dirección por mi carril! …

Felipe Deucalión



LA QUINTA PLANTA
Me había llamado al despacho el Director de la empresa CHANG FIAO, para encargarme de un caso difícil, ya que no deseaba que trascendiera a la prensa antes de que el caso se hubiese resuelto.
El Sr. Chang Chen, representante de la familia Chang, una de las más importantes de China , nos pidió que fuésemos al lugar de los hechos, en un bar musical del Passeig de Gràcia, ubicado en la última planta del edificio.
Llegamos al edificio y entramos al ascensor hacía la quinta planta. Al llegar, entramos directamente en un precioso bar musical, de estilo tropical, con una enorme pecera en el centro de la sala, llena de peces de colores. Allí nos encontramos con el inspector de policía el Sr. Martí, que nos explicó que el cadáver era un hombre de unos 40 años de edad, de rasgos asiáticos, sobrino segundo del Sr. Chang Chen y que era su “lugarteniente” en Barcelona, el encargado de los bares y salones de ocio que tenían en la ciudad.
La exploración del forense confirmaba que aunque el cadáver había sido hallado dentro de la enorme pecera, éste había sido estrangulado anteriormente y metido en el estanque después de que estuviera muerto.
Al día siguiente de la autopsia, se celebró la incineración del cuerpo, con muy pocos asistentes, en el cementerio de Collserola. Naturalmente Artal, el inspector Martí  y yo estuvimos presentes. Nos desconcertó la joven viuda, de unos 30 o 35 años de edad, asiática y de una gran belleza. Se apoyaba en un joven hombre, alto y fuerte,  con chaqueta de cuero y gafas negras, con apariencia de  guardaespaldas.
La viuda, no parecía  muy desconsolada, y se mostraba orgullosa y altanera. El Sr. Chang Chen nos dijo que había llegado esa madrugada desde Hong Kong.  Como es natural en nosotros, investigamos a fondo a la viuda. Nos costó lo suyo, pero al fin pudimos descubrir que en realidad la joven viuda es la verdadera heredera de la fortuna. La joven es la hija del Sr. Chang Da, y  sobrina del Sr. Chang Chen, heredera del Clan de su padre y su tío, obligada a casarse con un sobrino de su tío, al que por lo visto no apreciaba demasiado. El marido permanecía en Barcelona, llevando los negocios de la familia, mientras que la Señora Chang Li Li, se dedicaba a otros tipos de negocios, no tan limpios, para poder hacerse con el control del negocio familiar, al que las mujeres no tenían derecho.
Llamamos a declarar a la Sra. Chang Li Li, la viuda del finado, y nos pareció una mujer arrogante y que nos hablaba con desprecio, a pesar de que el traductor se afanaba por expresarlo de manera políticamente correcta. El pobre traductor estaba sudando, realmente temía a la joven dama. Como no pudimos hallar al culpable, el caso se cerró y la Sra. Chang Li Li volvió a China. Salió la noticia en la prensa  escondida entre varias páginas de anuncios. El Sr. Chang, vino a vernos y nos dijo que siguiésemos con la investigación, que todos los gastos correrían a su cargo, pues la víctima había sido para él como un hijo, ya que al morir su primo, el padre del joven Chang, lo dejó a su cargo para que pudiera prosperar en la vida. Él estaba convencido de que su sobrina tenía algo que ver en el asunto, por lo que nos pidió que la investigásemos. Lo cual hicimos muy complacidos porque a nosotros tampoco nos gustaba demasiado la sobrina.
Artal, por medio de un colega chino que había estudiado con él en la  universidad, estuvieron haciendo preguntas e indagando en la comunidad china, que ya estaba enterada de la muerte por causas extrañas, ocurrida en la familia Chang.
Era cierto que la Sra. Li Li, era una persona odiosa para la comunidad china que conocían las noticias de su país. Al parecer había desafiado a su padre continuamente. “Impensable que una mujer quisiera llevar los negocios de los hombres en China” decían.
Artal y su amigo encontraron que en los vuelos de esa noche en que la Sra. Chang decía haber llegado a Barcelona, no figuraba entre los pasajeros de ninguna compañía, además una figura así no pasaría desapercibida. Como no pasó para el personal asistente en el vuelo de Swiss Global Air Lines, y no precisamente por su belleza sino por el desprecio xenófobo con el que los trató y por los malos modales del mastodonte que la acompañaba.
La Sra. Chang con su guardaespaldas, había llegado a Barcelona a las 7 de la mañana  del lunes y el cuerpo del esposo se halló a las 8 de la tarde. Por lo que tuvo tiempo de sobras para perpetrar el asesinato ayudada por su guardaespaldas, con el que suponemos mantenía algún tipo de relación más íntima que la estrictamente profesional.
Como el caso ya estaba cerrado aquí, y de nada serviría reabrirlo, pues la Sra. Chan ya estaba en su país, le pasamos todos los detalles al Sr. Chang, quien nos dijo que su sobrina y su acompañante lo iban a pagar muy caro en China. De lo cual estamos completamente seguros, pues el Sr. Chang, era muy respetado en la comunidad china, al igual que el padre de la asesina.


Lola Ruíz

viernes, 19 de mayo de 2017

LA PRÓXIMA ESTACIÓN


LA PRÓXIMA ESTACIÓN
La próxima estación es un lugar seguro, donde a veces llueve, pero siempre sale el sol.
Donde todo se ve de muchos colores, aún en los días grises.
Donde  las montañas y los ríos son el paisaje de un cuadro.
Donde la belleza se impone a la razón y a la sinrazón.
Es el lugar de los amantes, de los ilusionados, de los soñadores, de los rezagados y de los que quieren vivir deprisa.
Es donde formas parte del lugar a las pocas horas de llegar.
Es el lugar donde los niños juegan a soldados y princesas, donde sus sueños son sacados de un cuento.
Es el lugar donde a todo el mundo le gustaría ir y quedarse allí para siempre.


María José  




viernes, 5 de mayo de 2017

DESIDIA




DESIDIA
Me gustó tanto estar estirada en la hamaca, viajando en tu yate, mientras el sol tostaba mi piel. Y es que no hay como la indolencia en pleno estío. Eso sí, una indolencia con comodidades, que de veraneos de botijo viendo rudos muchachos en camiseta imperio estaba más que harta.

Los tíos no tenéis malicia, sois tan previsibles. Dos caídas de ojitos y un roce, digamos que al azar, y tu ego te obnubiló. Te creíste que estaba coladita por tus huesos y ni se te ocurrió pensar en alguna explicación alternativa. Se te veía tan autosuficiente cuando, después de hacer el amor, me decías “oh nena, dale al paipay que me voy a asfixiar”.

No fue difícil convencerte para que pusieras el yate a mi nombre. Estabas tan seguro de tu arrollador poder de seducción. Y por otra parte, el argumento de que te ahorrarías impuestos fue definitivo. No entiendo por qué os cuesta tanto pagar impuestos a los ricos. Lo jodido es tener poco y encima tener que pagar impuestos, pero vosotros que nadáis en dinero. Solo puede ser por pura tacañería. En fin, ahora me saco una pasta alquilando el yate y durante quince días del verano las gotillas que levanta en su raudo navegar me refrescan a mí.

Este minirrelato está inspirado en la canción “Desidia” de Objetivo Birmania


Felipe Deucalión






DESIDIA
Postrado en el sofá mirando al techo, observando cada imperfección de la pared como si de su piel se tratase; contando los cuadros, repasando el quicio de cada puerta con los ojos entreabiertos, lo justo para poder diferenciar entre los reflejos de los haces de la luz que se proyectaba en el suelo del salón, que se colaban por las ventanas abiertas de par en par…..aquella tarde de agosto al lado del mar; ver sin mirar… pensar sin hacer…bañado en malestar…empapado en desidia….

De vez en cuando se preguntaba cuando dejaría de sentirse así, no acertaba saber cuándo ni cómo; lo que sí sabía es que empezaba a añorar sus estados más diligentes, supo que tarde o temprano pasaría y se durmió.

Y soñó que paseaba por la calle, abrazando a un nuevo día como si este fuese el último de su vida; no andando sino flotando: cada paso un acorde, cada giro una refrescante pausa, cada mirada una flor; cada frase una canción!
Despertó y volvió a sentir que echaba de menos su sofá.

Marta Albricias

viernes, 21 de abril de 2017

IMAGEN



                                                         Artista: Lita Cabellut




OH CAPITANA, MI CAPITANA

Te han negado el mando de la Nao,

la que trajiste a buen puerto

con tus manos hábiles.

Unas manos pequeñas, pero firmes.

Aquellas que asieron el timón

en la terrible tormenta,

cuando todos los demás,

se afanaban en atarse a los mástiles.



Oh Capitana, mi Capitana,

Corre hacia el puente,

olvida la tristeza.

Ningún otro consigue sacarla del puerto.

La Nave se niega a recibir más orden

que las de tus manos seguras.

Embarcas con la cabeza alta.

Saludas al mástil mayor.

Coges el timón con la derecha

mientras con la izquierda

te abrochas la casaca.

Miras a la tripulación y gritas:

!Izar la vela mayor!

!Sujetar la botavara!

Pones Proa a barlovento,

!Adelante, a toda vela!.


Lola Ruiz





A LA ESPERA DE LA SABIDURÍA
La chica gira levemente la cabeza, la inclina y cierra los ojos. No quiere recordar la melancolía que emanaba de su hermana pequeña esta mañana. Tampoco quiere apreciar la eficiencia con la que la señora ordenaba los comprobantes de la compra con tarjeta de crédito. Ni quiere ahondar en los llamativos colores que envuelven las arrugas del caballero embelesado con un jovencito.

No, no quiere observar nada de lo ocurrido a su alrededor durante esta mañana. Ni siquiera se fija en la casaca vintage que por motivos exclusivamente cromáticos le ha hecho ponerse la pintora. No. no mira nada, se reconcentra en sí misma.

Y así, abandonada a su suerte, aguarda la revelación de los dioses. Espera esa súbita iluminación que la hará partícipe de la melancolía de los adolescentes, de la eficiencia de un hogar administrado como una empresa y del deseo imposible de los ancianos.


Felipe Deucalión

viernes, 7 de abril de 2017

LOS GITANOS


LA MALA VENTURA
Revisaba los puestos del mercadillo a la búsqueda de un chándal, que me permitiera ir los fines de semana informal pero arreglado, y de ropa interior, que me había dicho la Merche que me hacía falta ¡Ay!, la Merche, la de dolores de cabeza que me causaba. Hacía años que no me dejaba ni abrazarla siquiera, decía que no le apetecía. Y lo más jodido es que cada día se la vía más hermosota, más exuberante. Vamos, que las tetas se le salían de los sostenes. Y, en cambio, yo cada vez estaba como más pansido, como chupado. Los amigos me decían que me lo hiciera mirar, que no era normal tener la cara que yo traía ¡Ay, si ellos supieran!, porque lo normal en estos casos es sospechar que te la está pegando, que por eso va ella tan esplendorosa por la vida y yo tan arrastrado.

Hacia el final del mercadillo encontré a una gitana que vendía bragas. Le pregunté si tenía calzoncillos. Me respondió, “no, pero si quieres te la digo, resalao”, y cogiéndome la mano me miró la palma. Se le puso cara de susto y dejó caer mi mano. Qué pasa, me voy a morir pronto, le pregunte. No, la salud la tienes mu bien, me dijo. Entonces es mi mujer, le dije yo. A ver, tu pregunta y yo te diré, me contestó. Vale, ¿mi mujer se acuesta con otro hombre? No, me respondió, tu mujer no se acuesta con ningún hombre ¿Seguro?, le insistí. Seguro, tu mujer no te pone los cuernos con ningún hombre, remachó ella. Aliviado con esa respuesta, no quise hacer más averiguaciones sobre mi señora y me fui del mercadillo.

Cuando unos meses después pillé a la Merche encamada con su amiga Rosario, me acordé de la gitana. La muy cabrona me había dicho la verdad, con palabras engañosas, pero me la había dicho.


Felipe Deucalión





ALMA GITANA
Alma gitana
alma gitana
que persigue los colores del viento
bailando a la luz de la luna,
contando las estrellas.

alma gitana
alma gitana
paseando por caminos
dejando atrás paisajes
el horizonte es tu bandera.

tantas veces temida
y tantas otras
incomprendida:
alma ancestral,
tejes tus propias
normas para saber
si todavía puedes
si todavía eres

alma gitana
no dejes
nunca
de compartir
un trocito de cada tierra.


Marta Albricias





viernes, 24 de marzo de 2017

LOS OJOS DE LA CIUDAD





LOS OJOS DE LA CIUDAD
En las ventanas, en los balcones y terrazas; desde lo más alto y lo más bajo. Ojos con sus miopías y con sus dioptrías; miradas limpias y miradas sucias. Miradas de colores: de lejos y de cerca, ojos que hablan mil y un idioma, que pueden contar mil y una historia; miradas hechas de años y otras que aprenden a mirar. Miradas relajadas o tensas, ojos que hablan, ojos que callan; miradas que cobijan mientras otras desahucian, ojos que sienten, y que se sienten. Miradas valientes de ojos apocados y miradas apocadas de ojos valientes.
Ojos de fiesta y ojos de trabajo. Ojos que cuando se cierran para volverse a abrir descansan y sueñan, y ojos de los que su mirada nos acompaña, aun así tras haberse cerrado para siempre.

Ojos de noche, ojos de día; ojos que no duermen y no tan solo en la Gran Manzana.


Marta Albricias





A OJOS DE KING KONG
El rey Kong trepó por el rascacielos sin esfuerzo alguno. En la mano derecha llevaba a su amada y en la muñeca de la misma mano lucía una argolla, un resto inocuo del vano intento de retenerlo de los humanos. Al llegar a la cumbre, contempló unos instantes a su amada, solo su mano, en la que la pobre se debatía, la retenía del vertiginoso vacío. La deposito con suavidad en el reborde del pináculo y se encaramó al mismo.

Desde lo alto, lanzó su feroz grito de desafío, y por si había dudas, se golpeó el pecho. Unos mosquitos gigantes revoloteaban a su alrededor. A sus pies se extendía el bosque de cemento, aquel sombrío laberinto que no formaba parte de su reino. Allí no había sitio para él y mucho menos una madriguera solitaria que poder compartir con su amada ¡Mierda! Aquellos mosquitos picaban a distancia. Kong se lío a dar manotazos y casi alcanza uno.

Insistió en los manotazos y derribó a uno de aquellos dípteros gigantes que cayó girando sobre sí mismo. De nuevo observó a aquellas hormiguitas bípedas que se afanaban entre acantilados de hormigón ¿Qué misterio se escondía en aquellos surcos rectilíneos que se entrecruzaban de continuo? ¿Qué placer encontraban en amontonarse en proporciones gigantescas? ¿Podía allí caber el amor? El suyo desde luego… Kong vio interrumpidas sus reflexiones. Está vez, los mosquitos le habían dado en el pecho, con sus gruesos dedos se palpó las heridas y olió su propia sangre. Dirigió una última mirada a su amada, justo antes de que nuevas ráfagas le arrojaran rascacielos abajo.


Felipe Deucalión



ELS ULLS DE LA CIUTAT.
 Surto a passejar per la meva ciutat estimada. Després de la gran guerra a penes resten dues o tres cases a cada illa. I encara que la ciutat sembli buida, noto com un miler d’ulls se’m claven al clatell.

La ciutat té ulls, a cada balconada que ha restat dreta, a cada finestra… M’imagino tots aquells nens i nenes sense ningú, amagats a les fosques. Esperant que es faci fosc per a sortir al carrer per arreplegar alguna cosa que els grans hagin deixat per portar-s’ho a la boca.

Em poso bé la banderola que porto al braç de la mitja lluna, i deixo davant de la font, de la que encara queda un costat sencer, les quatre bosses que porto plenes de menjar. Encenc una cigarreta i espero una mica per si algú nen vol sortir a recollir alguna cosa. Es en va, ja sé bé que no sortiran. No es refien, els hi hem fet tant de m...al, i s’han sociabilitzat ells mateixos. Cada vegada en queden menys. 

No volen saber res dels adults. Alguna cosa ha canviat, perquè quan nosaltres tenim fills, desapareixen, i en canvi quan compleixen 15 anys,  tornen a nosaltres.
Llenço  la cigarreta y quan estic a punt d’anar-me, un jove s’apropa a mi. Vols una bossa de menjar? Li pregunto.

No!  Em diu amb el cap. M’han fet fora!  Noi ja ets un home oi? Sí, em respon.
Vine doncs amb mi!. I ens tornem al campament dels adults.

Lola Ruiz.



ELS ULLS DE LA CIUTAT
Abans que l'avió toqués terra, ja era sabut que J. Robson venia a la capital per a entrevistar-se amb Hamed Al Halil, el president del país per cercar la forma d'afeblir els terroristes que cada cop s'estenien a més barris de la ciutat i anaven ampliant el seu domini. Amb poc temps podien contactar fàcilment amb les altres cèdules operatives per tot l'estat. La ciutat tenia ulls, però uns ulls perversos que no dormien mai.
Podien veure tots els racons i no se'ls permetia plorar per ningú.

Robson va ser recollit a l'aeroport per un agent del govern, de paisà, amb un cotxe corrent i d'aparença inofensiva. Però tot i així, el vehicle fou vigilat. Ja a la duana, un agent va advertir al seu contacte, de l'entrada de Robson al país. Un taxi amb dos homes del grup terrorista els va anar seguint. Tenia ordres de liquidar l'estranger abans que pogués arribar a la seu del govern.

El cotxe on viatjava Robson va donar unes quantes voltes per carrers secundaris per evitar que els poguessin seguir. Però encara que el taxi que els venia al darrera, va girar per un carreró per no ser descobert, el va rellevar una motocicleta amb un home i una dona que es situà al costat del vehicle d'en Robson.

La ciutat no tancava mai els seus cent ulls. Estaven alerta dia i nit. El xofer i Robson es van plantar a l'avinguda principal, a cinc quilòmetres de l'edifici governamental. Anaven a una velocitat lenta respectant els senyals. De sobte, un home completament tapat i encaputxat, va sortir d'enlloc i es situà davant del cotxe. Robson que no només sabia negociar, sinó que estava ensinistrat en l'exèrcit, va cridar: -Salti!- I en una dècima de segon, el xofer es va llençar a terra a un costat del vehicle i Robson a l'altre. Amb una habilitat fora del corrent, l'home va llençar una granada de mà dins l'automòbil i desaparegué. L'explosió va ser forta però ells dos van sortir il·lesos, només amb alguna rascada.

Immediatament es va acordonar la zona, però no van trobar el terrorista. Malgrat l'incident, Robson es va poder reunir amb el president, encara que li semblà un home dur i poc raonable.
Passats dos anys, el país ja estava totalment en mans dels extremistes i el seu cap d'estat havia oblidat completament els pactes i les promeses que havia fet a en Robson perquè el seu govern l'ajudés. Es més, els superiors de l'agent tenien un negoci pròsper de venta d'armes amb Hamed.
J. Robson feia temps que havia deixat la diplomàcia i els serveis secrets, i desenganyat de tot s'havia retirat amb la família a un lloc remot que mai va desvetllar, perquè sabia massa coses i ja no creía  en cap causa. La vida era molt curta per malgastar-la així que es va dedicar a viure-la, i encara que ho van intentar, ningú el va trobar. Era un dels millors agents que havien tingut.

Laia                                                                        


viernes, 3 de marzo de 2017

LLUVIA NOSTÁLGICA




AUSENCIA
Seguía cautivado por la voz de su mujer, especialmente en noches así: noches lluviosas de gotas repicando en los cristales; noches de gotas blancas y negras musicando la más bella de las melodías y que solo sus oídos podían escuchar: la misma que tantas veces habían compartido. Había aprendido a vivir con ello, así eran las cosas.

Hoy se retiró pronto hacia el altillo subiendo los peldaños uno a uno, despacio, cansado y de nuevo los ojos en blanco de su amada se le aparecían por todas partes; en cada una de las fotos enmarcadas que vestían el apartamento, mientras que la lluvia seguía acentuando cada vez más su nostalgia. Pudo sentir su mano acariciándole: aquella lluvia le devolvía el sentir de lo que más había querido y una vez más se había apoderado de él. 

Entró en la habitación y al retirar el edredón una nebulosa blanca le cubrió la espalda, y gritó:
-Oh no !, el jodido ectoplasma otra vez !.


Marta Albricias




¿POR QUÉ SE EMBORRACHÓ NOÉ?
Llevaba lloviendo todo el día, Noé se enjugó el rostro. Aquella lluvia le ponía nostálgico, miró al cielo con rabia y entró en su tienda. No lo podía evitar, en días como éstos se acordaba de cómo era el mundo antes. En un rincón de la tienda, vio el ánfora que contenía el primer vino obtenido desde que abandonaron el arca, allá en los montes de Ararat.

No estaba mal aquel vino y Noé echó otro trago, y otro más, y entonces rememoró el bullicio de la gente en un día de mercado, la alegría que inundaba sus corazones al ver tantas mercancías de todo tipo, el griterío de los vendedores que prometían cosas únicas y fabulosas, aunque solo fuera por su precio. No es que ahora estuviera mal, tenía la compañía de su familia, su mujer, sus tres hijos y las mujeres de estos, pero eran la única familia en toda la faz de la tierra. Echaba de menos las ciudades, sus palacios con sus imponentes muros y sus fieros guardias, sus magníficos templos en los que ejercían su oficio las prostitutas sagradas. Así fue como se estrenó Noé, y guardaba un bello recuerdo de aquella muchacha de su edad, pero mucho más avezada que él en las embestidas del amor. Vale, sí, también había casuchas de adobe, prostitutas callejeras y ladronzuelos. Y además en sus corazones anidaba el mal y le habían dado la espalda al Señor. Sí, pero eran mi gente, evocó Noé, y le dio nuevos tragos al ánfora.

Los vapores etílicos se le subieron a la cabeza, lloró con amargura por los ausentes, sus amigos de la infancia, sobre todo. Luego se desnudó y danzó. Al principio, al ritmo de las gotas que golpeaban la tienda. Pero poco a poco, incrementó la cadencia de su baile hasta desembocar en el frenesí de una muchedumbre arrastrada por las aguas.

Felipe Deucalión





LLUVIA NOSTÁLGICA
Mi amigo Marcos me había invitado a un concierto de piano en el Palau de la Música.
-¡Claro, cómo no!... ¡Me encanta Chopin!- le dije cuando me llamó al móvil. Cuando colgué pensé – Uf, vaya royo, concierto de piano… Qué tostón y encima ahí no podremos hacer manitas…
Pero me gustaba mucho Marcos y no iba a perder la ocasión de que me diera un achuchón y algún besito al acompañarme a casa.

Quedamos en la puerta del Palau. Estaba guapísimo con aquella americana azul y los pantalones tejanos. Le daba un aire elegante pero informal. Yo, por mi parte, con mi vestido tres cuartos y mi chaquetita negra. Sexy, pero no demasiado… A esta edad ya no está una para ir enseñando los muslos…

Entramos al Palau y tomamos asiento. Marcos estaba pletórico, no dejaba de decirme lo mucho que le gustaba aquel pianista y empezó a explicarme la vida y milagros de aquel músico. Yo atendía ensimismada en aquellos preciosos ojos negros.
Se hizo el silencio, me coloqué  lo más cómodamente posible en la butaca dispuesta a aguantar estoicamente dos horas de piano. Cerré los ojos y empezó a sonar la música de Bach, en primer lugar. No me pareció gran cosa, cuando de repente todo cambió. Marcos me agarró la mano y me la apretaba con fuerza bombeando al son de la música y ésta empezó a entrar por mis oídos como si de una nube de algodón de azúcar se tratase, llenando mi mente de sensaciones hasta entonces inauditas para mí. La música me llenaba, me encendía, me elevaba con los acordes más graves, y al momento me hacía descender con los acordes más tenues. Y así, cómo en una montaña rusa, mi pecho y estómago se llenaban de un sinfín de mariposas de colores que subían y bajaban. El piano sonaba cómo una cascada maravillosa de notas. Era una lluvia de melodías que Marcos me hacía sentir con la magia de su mano apretando la mía.

Al final salimos y fuimos a tomar una copa. Le comenté que nunca había disfrutado tanto en un concierto como aquel día. De repente sentí sus labios y en mi mente empezó a sonar de nuevo esa lluvia nostálgica de  melodías que me hacía estremecer.


Lola Ruiz



LLUVIA NOSTÁLGICA
Ana estaba asomada a la ventana, contemplando las gotas de lluvia, esa lluvia que le hacía recordar tiempos pasados.
Tenía 50 años, estaba casada, no es que le fuera del todo mal en su matrimonio. Rodolfo la quería y ella se dejaba querer, pero muchas veces se preguntaba que hubiera sido de su vida si hubiese tomado otras decisiones en el pasado.

La habían detectado un principio de Alzheimer, por eso intentaba continuamente ejercitar su memoría, antes que le pasara como a los habitantes de Macondo en Cien años de soledad, antes de que perdiera el habla y la cabeza.

Ella ansiaba recordar, así que decidió coger su cámara de fotos y como en los viejos tiempos salió a pasear por la playa, aprovechando que ya no llovía.

Empezó a caminar por la orilla, a fotografiar olas que aún estallaban furibundas contra las rocas. Recordó que a uno de sus amores lo había conocido así, vestida y paseando por la playa, pero esa relación pasional y tempestuosa no tenía futuro.

También se acordó de Iván, estaba ciegamente enamorada de él, incluso se quedó embarazada de él, pero era joven, tenía 25 años y decidió abortar. ¿Hubiese sido más felíz con ese hijo? Seguramente, porque cuando conoció a Rodolfo ella tenía 40 años y a los dos le vino la menopausia precoz, así que la posibilidad de ser madre ya quedaba descartada. Bueno se sobreentiende que la posibilidad de tener un hijo biológico y ninguno de los dos cónyugues se planteó la posibilidad de adoptar, era muy complicado y más a su edad.

Decidió volver a casa y leer y pensar, antes que sus pensamientos y recuerdos huyeran de su mente.


Inma




LLUVIA NOSTÀLGICA
Ella estaba tras los cristales, con la mirada perdida, ensimismada en sus pensamientos de tiempos pasados. La  lluvia caía inexorablemente cubriendo el bosque de una fina cortina blanca que desdibujaba el día, haciéndolo más irreal. Había poca luz y el cielo grisáceo contribuía a una atmósfera lúgubre y misteriosa. A través de la ventana podía oír el constante repicar de las gotas de agua al estrellarse contra el suelo y los árboles. La gran casa familiar aislada en este paraje maravilloso, ahora triste, había sido el hogar de una mujer que ella no llegó a conocer lo suficiente. Se llamaba Clara y contaba su vida en el diario que estaba leyendo esa tarde acurrucada al lado del gran ventanal. Clara fue una joven de gran belleza y buena posición social. En esta casa ahora casi vacía, se habían celebrado banquetes y fiestas y acudían a ellos todos los jóvenes casaderos y de buena familia, de la comarca. Todavía parece que se oyen en el gran salón, el roce de las sedas de los vestidos de gala, y el rumor de los invitados y sus risas, como los ecos de una época ya lejana.

En  ese tiempo conoció Clara a su prometido. Bajo la rutilante luz de las lámparas de cristales transparentes, sus miradas se perseguían como hipnotizadas. Las dos familias quedaron encantadas con la proposición de matrimonio del joven que era el principal heredero de la fortuna familiar.
Pero los acontecimientos siguieron un rumbo distinto. Se fijó la fecha de la boda inmediatamente a la vuelta del novio que tuvo que ausentarse a la ciudad a cerrar unos negocios que no podía aplazar.
En el enorme caserón todo bullía de actividad y preparativos para la inminente boda. La tarde de su regreso, Clara estaba frente a esa misma ventana. Un fino aguacero empapaba la tierra.
La terrible noticia llegó de improviso. El coche de caballos en el que viajaba su prometido había volcado y perecieron los dos ocupantes. Clara se quedó inmóvil viendo caer la lluvia y no se movió ni comió en varios días. Meses más tarde se casó con un próspero industrial y aquí finaliza su diario.

Ella cerró sus páginas y recordó a su abuela Clara, una mujer de ojos grises como un cielo nublado, a la que nunca le gustaron las tardes de lluvia, ahora ya sabía por qué.

Laia




viernes, 10 de febrero de 2017

LA SOLUCIÓN



LA SOLUCIÓN
¿A ver cómo era…? Equis al cuadrado con las equis al cuadrado, las equis normales juntas y los números juntos aparte. ¡Jólineeees… qué coñazo!, no pueden poner cosas más fáciles y reales?. Quien va a sumar en la vida real equis ni íes, están locos. Total si yo para trabajar en el colmado de mi padre, con saber devolver los cambios y saber contar ya tengo  bastante. ¡Pues no soy yo bueno ni na a la hora de devolver cambios! Jeje. ¡A mí me van a engañar!
A ver Manu, céntrate que el profe te mira… A ver, más cuatro equis al cuadro menos dos equis al cuadrado menos dos equis al cuadrado, más tres equis normales, menos equis normal menos dos equis normales más ocho menos cinco menos tres, dos puntos la solución es….
Pero  qué solución va a tener esto, si no hay Dios que se aclare….
Jope que buena está la Mati, a esta sí que le daba yo soluciones jejeje…
A ver, como esto no hay quien lo soluciones, no tiene solución, así que solución igual a cero y ya está. Total como luego corregimos, pues ya me entero…
El profe: -¿Manu, dinos cuál es la solución?
Manu: - No tiene, profe, por lo tanto es cero.
El profe: - ¡Muy bien Manu, me has asombrado!
¡¡¡Hala, sal a la pizarra y explícanos cómo lo has hecho!!!

Lola Ruiz



THE SOLUTION
Acababa de salir del curro y estaba agobiadísimo. Me esperaba una solitaria velada sin más compañía que la tele y mis angustias. A la entrada del metro, un subsahariano me dio un papelito que publicitaba a un maestro curandero y vidente, dotado de don hereditario y enorme experiencia. Para demostrarlo añadía entre paréntesis, 10 años en Europa. Era toda una garantía.

Una de sus múltiples especialidades consistía en las relaciones de pareja, lo que incluía: unir amores imposibles, impotencia sexual y recuperar pareja sin causarle daño. Me hizo gracia eso de sin causarle daño, porque yo no estaba muy seguro de si quería recuperar a mi expareja o no, pero de lo que estaba seguro, era de que quería causarle daño. Lo de la impotencia sexual me podía venir bien, pero al carecer de pareja, no era urgente.

Otras especialidades del gran vidente africano hacían referencia al mundo profesional: atracción de clientes, negocios, poder encontrar trabajo y exámenes. Seguro que eran ramas prometedoras en su ámbito laboral, solo que a mí no me hacían falta por el momento.

Por último había una serie de especialidades varías, tales como, mal de ojo, salud, depresión, alcohol y drogas, justicia, problemas familiares, deportes y enemigos. Alguna de estas categorías no me quedaban muy claras. A qué se refería el maestro curandero con deportes. Lo de la justicia, aunque no era muy específico, sabía que lo mejor era no tener tratos con los tribunales, así que podía interpretarlo. Al igual que lo de los enemigos, y en este campo sí que me podía ser útil el gran mago subsahariano. Quería que le arruinara la vida al cretino que se encamaba con mi ex.

El folleto informativo, para finalizar, ponía: trabajo todos los días de 8h a 22h, trabajo a distancia, desplazamiento posible. Seriedad, resultados rápidos y garantizados en 3 días. Y eso fue lo que acabó de decidirme. Se iba a enterar el gilipollas ese que se lo hacía con mi ex.

Felipe Deucalión




viernes, 27 de enero de 2017

BOMBEROS






EL BOMBERO TORERO O POR QUÉ NOS AGRADA CONTEMPLAR LAS DESGRACIAS AJENAS
Hay espectáculos que nos dicen más de cómo es una sociedad que un sesudo tratado de sociología, tal es el caso del Bombero Torero. Quizá solo lo recuerden los mayores, pero en el pasado siglo era frecuente que en plazas de toros, permanentes o improvisadas, actuara el Bombero Torero, quien encabezaba a una decena de enanitos que vestidos de toreros se enfrentaban a una vaquilla que los volteaba y a la que ellos trataban de torear.

El Bombero Torero, que era un tipo normal, iba vestido de bombero, naturalmente, y llevaba una manquera que usaba para imponer orden entre los traviesos enanitos, o controlar a la vaquilla si ésta se enfurecía en demasía. La finalidad de dicha representación era reírse de los enanitos, que rodaban por el suelo, y de las perrerías que le hacían a la vaquilla.

No vayan a pensar ustedes que el show del Bombero Torero era algo único en aquella época. La verdad es que tenía una dura competencia en el ramo del toreo cómico o charlotadas, que eran como también se denominaba esta modalidad taurina. Los principales rivales del Bombero Torero eran el Toronto, el Gran Kiki, don Canuto, el Gran Tato y el Chino Torero. Y casi todos ellos se valían de enanos para mayor comicidad de su función.

El Bombero Torero y sus colegas son un buen antídoto contra la nostalgia sensiblera. Y por otra parte, nos ayudan a entender por qué esos videos, en los que se ve como apalean a alguien, se convierten en virales en la modernísima red.

Felipe Deucalión





ALARMA EN EL CUERPO DE BOMBEROS

Ese día hacía un calor terrible. Los servicios meteorológicos habían pronosticado que aquel agosto iba a ser el más caluroso desde hacía una década. Se notaba tensión en el ambiente. Hasta Artal y Helena estaban tensos. Así que como ya era la una, les propuse invitarles a comer en el bar de Mauri.
Aceptaron gustosos. Después de comer nos llamaron de la comisaría de Vía Layetana.
-¡Vámos chicos, tenemos un caso!-
Nuestro caso era hablar con el bombero que había encontrado un cuerpo en un incendio. Eso no tendría mayor importancia a no ser que el cuerpo presentaba un orificio de bala en la sien.

Nos habían encargado a nosotros el caso porque el jefe de bomberos no quería que el caso saliese en la prensa ni que la policía anduviera investigando a sus hombres, para no manchar el buen nombre del cuerpo de bomberos. Empezamos nuestras pesquisas. El almacén que se había quemado parecía ser una tapadera, pues se suponía que era un almacén atunero del puerto, pero allí no había maquinaria para enlatar atún ni ningún resto de pescado ni señales de haberlo había nunca. Pero sí que la policía científica había encontrado restos de lo que podría ser un laboratorio de cocaína. 

Preguntando a nuestros contactos de la calle que se movían al margen de la ley, nos pusieron en contacto con uno de los camellos, al que tuvimos que enseñar un buen fajo de billetes y decirle que queríamos montar una fiestecita donde no debía faltar la coca, y así lo llevamos a un bar, donde entre copa y copa nos contó que uno de sus jefes que venía de vez en cuando para ver cómo iba el negocio, había desaparecido. Y que se decía que lo habían visto entrar en el almacén atunero pero no lo habían visto salir, y que desde entonces el cotarro lo llevaba otra familia. Así que por fín pudimos ponerle nombre al cadáver. Era Fino Montori, de la familia que llevaba la parte del puerto y la izquierda del casco antiguo. Una vez hubimos informado al inspector Martí, éste se puso en contacto con la familia Montori para que viniesen a reconocer el cadáver. Por supuesto nadie sabía nada del desaparecido desde hacía varios días. El patriarca habló con el inspector de policía y seguramente con algún superior porque se cerró el caso. Al día siguiente fuimos a cobrar al despacho del inspector Martí, quien nos pagó muy generosamente. Yo le miré extrañado y me dijo – el resto es una propina del cuerpo de bomberos por haber podido salir indemnes de la situación.

Al día siguiente se leía en el periódico: “aparece un cadáver en la zona del puerto cerca de atarazanas. La policía cree que se debe a un ajuste de cuentas. Ante la imposibilidad de conocer la identidad de la víctima ni de su agresor se cierra el caso hasta que se presenten nuevas pruebas”.
Naturalmente no nos quedamos con el resto del dinero, lo donamos para el calendario del año siguiente del cuerpo de bomberos.

Lola Ruiz.

viernes, 13 de enero de 2017

EL NIÑO


EL NIÑO
Cuando le dije a la familia que estaba embarazada, lo primero que dijeron mi madre y mi tía fue: “ésta traerá el niño”. Una familia matriarcal, ésa es mi familia. Sólo nacen niñas. Mi madre había tenido cuatro hijas y yo soy la mayor de las hermanas. Mi tía por parte de mi madre, tenía dos hijas. Por el contrario por parte de mi padre (que en paz descanse) eran cinco, la mayor una niña y los demás todo niños. Sin embargo la mayoría de los hombres de mi familia paterna habían muerto jóvenes. La mayoría de las ascendientes de mi familia materna habían alcanzado los 96 años de edad.

Mis hermanas también tienen niñas. Cuando se quejaban de que no había niños en la familia, yo siempre les decía que “mejor hijas sanas que varones enfermos”. Había ganas de niño en mi familia.
Así que cuando estaba de 8 meses, mi tía me decía, “¡Uyyy por la forma de tu barriga, tú traes un niño!.
Ante tanta insistencia, y como estaba pronosticado que sería un niño, sólo pensamos nombres de niño, así que nuestro hijo se iba a llamar Jan, o Xavier o Carles, y sin previo aviso, me hospitalicé a los 8 meses pues había roto aguas.

Me hubiese gustado poder ver por un agujerito las caras de mis familiares que aguardaban en la sala de espera, cuando salió mi marido con el médico y anunciaron -¡Es una niña!...


Lola Ruiz.



REFLEXIONES
- Papá; para qué necesita Superman un coche si él puede volar !?
 Preguntó el niño a su padre mientras deambulaban por los pasillos de la tienda repleta de juguetes.
- Pues, porque quizá un día no pueda ya hacerlo y así...
- Pero este coche no vuela, Papá!
- Bueno quizá pueda enfilarse por la cañerías de los edificios, como si fuese un tren...
- Pero, si no vuela y si las calles estuviesen llenas de tráfico hasta llegar a los edificios? tampoco  entones podría trepar por ellos, ni rescatar a nadie, ni defender lo defendible...
- Ah!, quizá habría un carril para él: el carril Superman, especial para coches que pudiesen escalar edificios...
- Pero, es que más que un coche, parece una moto, un uniplaza...no puede llevar a nadie con él, que pasaría si se encontrase con Superwoman ? no le podría invitar a dar una vuelta !?
- Seguro que Superwoman tiene otro parecido y así podrán volar juntos...
- Pero papá, a Superwoman tampoco le haría falta un vehículo como este, ella también puede volar por sí misma...
- Mira !,  le dijo el padre al niño mientras señalaba otro juguete en la última estantería,
- El coche de Spiderman !!!
- Pero papá! Spiderman no vuela.


Marta Albricias



EL NIÑO DE ROQUETAS
Emiliano siempre tuvo la cara aniñada, de pequeño no llamaba la atención, pero conforme fue creciendo todo el mundo se fijaba en su cara, por eso fue conocido como el Niño de Roquetas. Tuvo diversas ocupaciones: ayudante de trilero, donante de sangre, vendedor de estupefacientes, repartidor de pizzas y segurata de garitos.

Donde más carrera hizo el Niño de Roquetas fue como segurata de garitos, estuvo en diversos locales, algunos de ellos de alto standing situados en la Costa Brava. En uno de estos garitos de postín tropezó con el Indio Melquíades y comenzó a hacerle pequeños recados. Con el tiempo el Niño dejo el curró de segurata y trabajó exclusivamente para el Indio.

El de Roquetas se ganaba bien la vida, el Indio era espléndido con sus subordinados. El problema era que se complacía en humillarlos, al pobre Emiliano le llamaba el Niñato de Pelagatos y eso a Emiliano le escocía, porque él sentía aprecio por Roquetas.

La situación se volvió insostenible cuando el Indio le exigió que le llamara Don Melquíades, y si se le olvidaba le daba un puntapié en la rabadilla. Una noche, que el Niño de Roquetas iba hasta arriba de Orujo de hierbas, no dio a su jefe el consabido tratamiento y éste le propinó la inevitable patada, mientras le llamaba maldito Niñato de Pelagatos. Entonces a Emiliano se le nubló la vista, lo vio todo rojo, y un ansia malsana le poseyó, se sacó la recortada y le reventó el pecho a Don Melquíades.


Felipe Deucalión



EL NEN

Amb una mica més d'un metre d'alçada, s'està de genolls a la cadira, perquè assegut no arriba  a les coses de sobre la taula i tampoc li toquen els peus a terra. Els seus ulls molt grans i foscos ho veuen tot. No es pot perdre detall. Què fan els grans? Ell no els entén gaire. La tieta que està situada al seu costat, li posa el tovalló de roba ben penjat del coll perquè no es taqui la camisa que porta amb una petita corbata a imitació dels adults.

Mentre alguns d'ells fan una cara seriosa i solemne, una mosca es posa sobre la sopera. Ningú la veu, només ell, que s'abalança damunt la taula per espantar-la. Sense voler, fa caure el got de vi del seu pare que està situat davant d'ell. El dens silenci es trenca amb una sèrie d'aaaiiis... i l'avi que seu a l'altre costat del pare, diu que no el renyin que és molt petit. L'home  un caràcter molt agre i irascible. Sort que en aquesta ocasió hi ha altres membres de la família i el progenitor no es gira contra el nen com és habitual.

Sembla que l'incident ha reanimat la conversa i a la taula hi ha una mica de gatzara que fa que els comensals es relaxin. Només el pare roman seriós i recte com un pal. La mare, submisa, s'aixeca i recull els plats de la sopa. Porta els segons i torna a seure al seu lloc. L'àvia que està situada a l'esquerra del pare, ajuda a tallar el pollastre i el va servint als plats.

Avui és diumenge i celebren l'aniversari del nen, però al seu pare no li fa gens de gràcia. Mai no l'ha estimat ni ha estat afectuós amb ell. Només ha tingut ulls per la nena, que ja  nou anys i pel fill gran que ha fet els setze. L'home es va il·lusionar amb el naixement de la filla i des de llavors ja planejava un futur i un bon casament. Pel fill ja tenia pensada la carrera fins hi tot abans de la seva existència: enginyer agrònom, com ell. El petit en canvi li semblà poca cosa. Va arribar en un moment que el matrimoni ja estava acabat. Va ser com una càrrega afegida a la família, que ja considerava completa.

Han passat cinquanta anys i tot allò ha quedat enrere. El nen, avui un home ben situat i estimat per la seva dona i els seus dos fills, està a l'hospital al costat del llit del seu pare. El vell ha patit un infart i ha tingut sort de no marxar a l'altre barri. Li diu al seu fill petit, amb una veu fluixa, que el perdoni, que ara no pot tornar-li tot l'afecte que no li va saber donar quan era un infant, es va equivocar. El fill amb llàgrimes als ulls, li fa un petó al front i respon que sempre el va estimar, i que no li guarda cap rancor. En aquell moment s'obre la porta de l'habitació i un jove gairebé desconegut, camina cap al llit i diu: Hola avi posat bo!

Laia