miércoles, 2 de mayo de 2012

CAFE CON LECHE

MEJOR ME BEBO EL CAFÉ CON LECHE

Los rayos del sol se filtraban oblicuos por la ventana de la cocina, la cafetera llevaba rugiendo unos minutos, Federico la retiró de la vitro y aspiró el aroma que desprendía. La ducha le había entonado el cuerpo y relajado la mente. La difusa luminosidad y el olor del café le transportaron a regiones etéreas, casi celestiales; solo faltaban los efluvios de las tostadas recién hechas.
Acababa de servirse la leche y estaba a punto de coger el pan, cuando Rosalía irrumpió en la cocina. No se dijeron ni buenos días ni cruzaron una mirada ni tan siquiera dejaron escapar un gruñido a modo de salutación. Habían dormido espalda contra espalda -”en el sofá va a dormir tu señor padre”, había bramado él-.
En el espeso silenció Federico tuvo la impresión que resonaban los gritos de la noche anterior. Ella ponía orden en la cocina con movimientos enérgicos y precisos, él la observó de reojillo, era de alto riesgo interferir en los desplazamientos tajantes, inexorables, de Rosalía. Federico lo tuvo claro: dejemos las tostadas, y mejor me bebo el café con leche.

Felipe Deucalión


CAFÉ CON LECHE

Había llegado el momento de decir “adiós”, y al finalizar el concierto los aplausos y vivas llenaron por completo toda la sala, prolongándose  más tiempo de lo habitual. Jorge y Rudy sabían que aquel adiós  representaba el final de una etapa en su carrera, final que les  conduciría a una nueva formación musical, con otro estilo, otro ritmo y un nuevo nombre. A partir de ahora pasarían a llamarse Café con Leche, nombre que pensaban definía muy bien su sello particular, y que se debía al color de la piel de ambos, una clara evidencia de sus raíces más ancentrales:  Jorge era descendiente de gallegos y Rony de africanos. Diez años de carrera musical les había proporcionado la experiencia suficiente para lanzarse a probar con otros estilos, y ahora apostarían por una música más popular y bailable, a ritmo de salsa, rumba y cha cha cha, dejando atrás los pequeños locales de la Habana Vieja para actuar en salas más reconocidas y glamurosas. Café con Leche seguiría siendo fiel a los músicos cubanos que tanta influencia tenían en su música, y a su filosofía de siempre: “la música se toca con el corazón y se siente con el alma”.

Asia-M. José



EN LA CAFETERÍA

 A la chica de camisa verde, el café con leche sin azúcar nunca le ha gustado, necesita añadirle un azucarillo o dos, depende del día.
Esta mañana se siente raramente despierta. Su mente despejada y su piel hidratada le anuncian que el día también posiblemente será despierto y movido.
Tiene muchas cosas que hacer, sobretodo organizar su trabajo, enviar mails, limpiar la casa, ordenarla… Su mente despejada le hace saber lo atrasada que está en todas estas tareas. La chica de camisa verde, se siente tan a gusto sentada aquí, en la cafetería de la esquina, removiendo la cuchara y pensando, sólo pensando, que hoy podría empezar a ordenar su vida.  Da un sorbo al café con leche y nota que empieza a estar templado. Juan debería haber llamado ya, se dice para ella. Le parece raro que no le diga nada. Le gusta tanto su timidez, su media sonrisa y su no saber muy bien qué hacer cuando se encuentran a media noche en casa de uno o de otro. Mientras repasa mentalmente lo que más le gusta de él, la chica de camisa verde relame el azúcar que ha quedado en el fondo de la taza, mira a la mujer que está detrás del mostrador y pide otro café con leche. Más tarde, ya decidirá lo que hará.

Sara

EL MANTRA DE LAS MAÑANAS

El mantra de las mañanas, que se repite con una regularidad cósmica a partir del momento en que me acerco a la barra del Nelson, es siempre el mismo. Ca-fé con le-che. En este bar es buenísimo, un café italiano que saben prensar y destilar gota a gota, mi único vicio legal.
Hoy Edu no está, y el camarero, detrás de la barra me mira con los ojos muy abiertos, ahí, de pie, plantado. Seguro que he vuelto a joderla, y cómo es nuevo, todavía no se aclara. Por si acaso, le repito muy despacio ca-fé con le-che. Y ahora parece que me he explicado mejor porque lo veo darme la espalda y trajinar por detrás de la barra.

Cada mañana, fecundo, con glotonería insaciable, letra tras letra, un cheque en blanco hacia el mundo de los vivos. Vuelve sonriente, y me acerca un gran vaso de zumo de tomate, ostras, no salgo de mi asombro. Esto no es lo que le he pedido, mi refugio espiritual de los malos sueños, el botón de activación del mundo. Y se lo repito con toda la paciencia de que soy capaz a estas horas de la mañana. Presto atención y escucho un mantra que sale de mis labios, cale con feche, checa con fele,  fale con ceche. Joder! Si está muy claro.

Mahalta 

AMOR AL PRIMER CAFÉ CON LECHE

Se conocieron en la cafetería donde servían el mejor café con leche del lugar. Ella tenía los ojos de color moka y él tirando a torrefacto intenso. Cruzaron las primeras miradas y el sabor amargo del café mezclado con el punto de la leche, el dulce toque del azúcar de caña y un irresistible aroma...hizo todo lo demás.
Su primer viaje juntos fue a Etiopía, cuna del arbusto silvestre Cafeto Arábica, natural de los abruptos montes de Kaffa al este de la antigua Abisinia. Allí aprendieron mil y una historias sobre los orígenes de su bebida favorita de la mano de ancianos y venerables campesinos que les daban la bienvenida a su paso por caminos y pueblos. Supieron de como un dia, allá por el año 450, un pastor llamado Kaldi se dio cuenta, mientras andaba cuidando a su rebaño de cabras, de que cada vez que comían de las bayas rojas de dicho arbusto, recobraban cierta vitalidad y energía. Fue entonces cuando decidió probar los frutos él mismo y cual fue su sorpresa al comprobar que experimentaba una sensación de euforia y ánimo similar a la de sus animales.
Su amor por el café y los viajes les llevó más allá; también hasta Colombia, donde se prometieron amor eterno entre cafetales. En Italia no pudieron resistirse a los encantos de un buen espresso. Y en Brasil tuvieron ocasión de apreciar los tuestes más exóticos del planeta.
Años después, siguen tomándose juntos su café con leche sin dejar de mirarse a los ojos y sin importarles que ahora tenga que ser descafeinado con leche descremada y sacarina.
Lo suyo fue amor al primer café con leche.

Mart@

CAFÈ AMB MALA LLET

Bon dia amor meu. Feliç Sant Jordi, a que no t’esperaves que et portes una rosa al llit. T’he preparat l’esmorzar, despertat ja dona. M’agrada esmorzar amb tu al llit, fa tant de temps que no ho fem, una cosa més a la llista de coses que no fem junts. Però ja veus que jo sí que penso en tu i en cuidar-te.
 Estàs preciosa amb aquesta carona de mig adormida i sense maquillatge, mostrant el teu autèntic rostre. No entenc perquè t’has de passar cada mati una hora davant del mirall, si en realitat no arregles gaire cosa. Si sentissis els comentaris que la meva mare fa de tu em sembla que no et tornaries a pintar els ulls.
El cafè te l’he posat amb sacarina, ja se que no la suportes, però es que darrerament estàs agafant una mica de pes, darrerament vull dir aquest darrers anys, és clar. I com que estic cansat de comprar-te llet descremada per que desprès aboquis la sucrera dins la tassa crec que és moment d’un canvi.
I una mica de pernil dolç amb una torradeta preparada amb molt d’amor. Que desprès et passaràs el dia asseguda a la cadira i no necessites gires calories més. Ja se que és el pernil dolç light que compres per mi, però jo el vull compartir amb tu, que els dos el trobem igual d’insípid.
I me’n vaig corrents a la feina. Ens podem trobar quan tu pleguis a les rambles i passegem una mica. A mi em pots regalar el llibre del Punset, m’agrada la mirada positiva d’aquest home.
Au, no posis aquesta cara de desagraïda, amb tot el que he fet per tu aquest matí. Que no em mereixo un somriure o que em donis les gracies?

Herman

EL CASO DEL CAFÉ CON LECHE

En el pueblo de San Bartomeu, donde vivía mi hermana hace algunos años, aconteció un caso desconcertante.
Al parecer una monja del asilo de ancianos, Sor  María de la Concepción, había aparecido en su alcoba muerta, sobre las seis de la tarde.
En un principio se pensó en un caso de suicidio, pero mas tarde se descartó, al no haber nota alguna, ni aparecer el tóxico suministrado. Según nos contó el Sr. Bernat,  un detective retirado que siguió el caso de cerca, la monja, había sido envenenada con conicina, como se demostró en la autopsia. La investigación entonces se dirigió hacia los últimos lugares donde estuvo Sor María. Las hermanitas del asilo dijeron que la finada había estado aquella tarde visitando tres feligreses, con el fin de  obtener algún donativo para el arreglo del tejado del asilo.
En las dos primeras visitas, la atendieron en la puerta, pero en la última, la señora de la casa dijo que su asistenta la había hecho pasar a la salita. y que ella misma cuando se reunió con la hermana, pidió que le trajesen  café, leche y unas pastitas. Al preguntarle por los detalles de la preparación de la merienda, la señora, llamó a su asistenta. La asistenta, que se llamaba Marcela, explicó que había traído, como le mandó su señora, la cafetera con café, una jarrita de leche, y azúcar para la hermana María, y sacarina líquida para su señora que es diabética.
Al preguntar qué había tomado la hermana María, Marcela dijo que se había servido un café con leche, y bastante azúcar.  Entonces la señora comentó, -sí es verdad, cómo le gustaba el azúcar moreno a la hermana, se servía de tres a cinco cucharadas.
¡Azucar moreno! Le dijo mi hermana al Sr. Bernat.
-Sí, - dijo éste - y ahí fue donde se resolvió el caso, ya que la raíz de conicina,  es un veneno de color marrón oscuro, y se halló mezclado con el azúcar moreno.  Se detuvo a Marcela, y ésta confesó que había envenenado a la hermana María, poniendo el veneno en el azúcar, ya que sabia que sólo ella la tomaría, puesto que su señora era diabética y se servía la sacarina liquida.
Al preguntarle el porqué de aquel asesinato, explicó que ella era una niña adoptada, y cuando su madre estuvo a punto de morir, le confesó que en la clínica maternal, donde entonces asistía como sanitaria la hermana María, se hacían tratos nada legales como la compra-venta de bebés a familias adineradas. Algo debió pasar, porque se cerró la clínica y se recolocó a las hermanas en diversos lugares, yendo a parar la hermana María a este tranquilo pueblecito. Investigando por su cuenta pronto encontró a su madre biológica, la cual la creía muerta. La hermana María, le había dicho que su bebé había nacido muerto y ni tan siquiera le dejaron ver el cadáver. Entonces Marcela comenzó a preparar su venganza. Encontró a la hermana María en este pueblo y pidió empleo en una casa adinerada como sirvienta, sabiendo que la monja era asidua de la Señora.
El día del juicio se declaró no culpable, argumentando que tan sólo había ejecutado un castigo divino, ya que a los representantes de la iglesia nadie los podía juzgar y quedaban siempre impunes. El Sr. Bernat, nos dijo que al tribunal no le debieron de parecer muy exagerados los  razonamientos de Marcela, ya que la pena que le impusieron fue menor de los 20 años, de los cuales no cumplió más de cinco por buena conducta.
De repente mi hermana, se levantó y  preguntó ¿Un café con leche Sr.Bernat?,  el Sr. Bernat y yo nos miramos y nos echamos a reir.
-  Sí, -contestó él, -¡pero sin azúcar eh!-.

Lola-Jordana


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