martes, 9 de octubre de 2012

SUSTO BLANCO


SUSTO (EN) BLANCO
Me dijeron que haberlos, los había: que los sustos blancos eran cada vez más frecuentes, me advirtieron sobre ellos, incluso me dieron algunas pautas sobre cómo reaccionar en caso de emergencia por susto blanco pero… nada. Durante años esperé día y noche a que hiciese acto de presencia en mi vida; me lo imaginaba cruzándose por un pasillo oscuro, asomándose a mi ventana al anochecer, colgando boca abajo del techo de mi alcoba o columpiándose en la lámpara. Llegué a pensar que quizá algún día...con un poco de suerte...me lo encontraría de sopetón al doblar una esquina, al abrir un cajón o la nevera. Lo idealicé...y pasaba horas soñando sobre cómo sería tenerle a mi lado. Durante largos meses mis lecturas se ciñeron a los temas más terroríficos que se pudiesen publicar y cuando iba al cine… no me perdía ningún thriller: pensaba que de este modo -tarde o temprano- su presencia estaría asegurada pero ni aun así, he logrado saber todavía lo que es un susto blanco.

Marta Albricias


EL, TAN DULCE…
Los domingos me gustan especialmente.  El despertador, silenciado, parece tener solo una función estética  cuando un rayito de sol que se filtra entre las largas cortinas lo alumbra. Respiro hondo y percibo su olor. El, tan dulce, presiona con golpecitos suaves mis hombros, mi columna, el principio de mi cadera…
Ahora es el olor a café el que me embriaga… él, dulce y juguetón,  se monta sobre mí  y comienza  a besarme de forma insistente, mojando mi mejilla…
Y recuerdo el día en que lo conocí. Yo entraba en el ascensor y Juan salía de él. De pronto, una bola blanca y suave se lanzó  hacia mí, besándome a lengüetazos.
-  - ¿Qué te parece el cachorrito que ha tenido la mascota de mi madre? , preguntó Juan riéndose.
-      -  ¡Vaya susto!, respondí.
-       -Ja ,ja, ja ,…mira, lo voy a bautizar con ese nombre.
Ahora,  Juan entra en la habitación con dos tazas de café y churros, los deja sobre la mesita de noche y comienza a jugar con Susto y conmigo. Desde aquel día disfrutamos de  una magnífica amistad tripartita que espero dure toda la vida.

Marrosa


EL MEJOR REGALO DE NAVIDAD
Era la Navidad del año 1900.Los carruajes corrían con desespero de un lado a otro. Miré al otro lado de la calle embarrada por la nieve que se derretía. Sam, me saludaba con la mano desde el  otro lado, enseñándome un precioso árbol de Navidad mientras gritaba algo.  Al cruzar  pude oír  por fin sus palabras, que me decían que lo había  reservado para mí, ya que era, el que había llegado en mejores condiciones. Realmente era un abeto  magnífico,  no estaba seguro de si cabría en el salón, pero no me importó. Decidí que lo mejor era volver con la furgoneta.  De camino hacia casa con estos pensamientos,  me pareció ver a lo lejos una luz blanquecina.  A medida que me acercaba, la luz tomó el aspecto de una  joven de níveos cabellos, que brillaba como cubierta de purpurina plateada.  Me fui acercando lentamente a ella, sin estar seguro de lo que veía. En aquel momento la joven se giró, y con la velocidad del rayo ya estaba cogiéndome de la mano, antes de que yo pudiese darme cuenta.  En ese momento me invadió una sensación tan profunda de felicidad que creí morir.   Cuando volví en mí, fui corriendo hacia mi casa. Más que correr, volaba y eso me extrañó, porque  cuando ocurrió lo que le acabo de explicar, yo tenía 50 años,  y como ve,  actualmente esa es la edad que aparento.  Han pasado 100 años desde que  aquel  precioso ángel de nieve, me diese un blanco susto,  al  convertirme con su tacto en un niño de apenas 5 años.

Jordana - Lola


QUE VIDA ESTA
¡No puedo más! ¡Estoy AGOTADO! ¡No tengo ganas de nada! ¡No me quedan pilas! ¡Buuufffffff! Mario Blanco farfullaba para sus adentros, mientras caminaba arrastrando los pies sin apartar la vista de las punteras de sus zapatos, ahora la izquierda, ahora la derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha ...
El bombardeo mediático había sido premeditadamente intenso durante la jornada, y la incordiante llovizna subliminal, como un calabobos norteño, le había ido colmando el alma de crisis, ajuste, injusticia, violencia, dinero, mentira, corrupción, miseria, hasta acabar convirtiéndola en un zumo de odio y depresión a partes iguales. ¡Buuuffffffff!, cuanto más vueltas le daba, más pesada era la losa y más sombrío el futuro. Andaba sin ver; no había transeúntes, ni vehículos, ni tiendas, ni chinos, ni excrementos de perros, sólo el mundo lúgubre que delataba su mirada perdida, habitado por hurgadores de basura y carritos con chatarra, en un apocalíptico escenario de calles mugrientas y edificios degradados.
Sumisa cabeza agachada, puntera izquierda, derecha, izquierda y ... las farolas no entienden de crisis, ni de miseria, ni de corrupción. El cabezazo fue seco, de esos que duele solo verlos. Trastabilló poniéndose las manos sobre la frente como si tuviera fiebre, pero no era alta temperatura, sino un punto de encuentro de señales eléctricas de neurotransmisores del sistema nervioso comunicando ¡¡¡ doloooorrrrr!!!!, con los latidos del corazón en un chichón en eclosión. Sintió que alguien le ponía una mano en el antebrazo, y escuchó aturdido, -“está bien?, se ha llevado un buen susto, eh!”. Mario Blanco, apartó las manos, y al abrir los ojos se vió acompañado de un hombre de mirada entre piadosa y divertida,  junto a la puerta de una frutería de chinos, y dos pasos más allá, unas cagarrutas de perro. Gracias a Dios. 

Josean 


GALLIFANTES
“Era de noche. Tuve un susto. El susto fue blanco. No quiero hablar más de ello…..”
¡Joder! Lo que tenía en blanco era mi mente. Llevaba toda la tarde en el ordenador y no fluían las palabras. Le tenía que entregar a Paco la Columna mañana a las ocho. Con lo fácil que era escribir en verano sobre las terrazas y la playa. También en invierno sobre la espiritualidad del aislamiento en los hogares para combatir el frío.
Pero de “Halloween” ¿Qué historia de miedo iba a escribir? ¡Joder, Paco, no se te podía haber ocurrido otra cosa! Yo era de comedias y debates y en mi vida había ido al Festival de Sitges.
-¡Papi! ¡Hola! Mira, qué he hecho hoy en el cole. ¡Estoy tan contento!
-¡Alex! ¡Pasa a la ducha y haz los deberes!- casi grité. Son las ocho y tienes que ir a dormir temprano.
-Pero, papi, no me haces caso. Estoy muy contento. ¿Sabes que este fin de semana es Halloween?
Iba a gritar, pero las pecas de su nariz me templaron el carácter.
-Pues claro, que lo sé, Alex. Paco, mi jefe, me ha encargado que escriba una historia terrorífica en la columna. Llevo toda la tarde enfrente del ordenador y no me sale. Además, estoy de mal humor porque no he venido a buscarte al colegio para entregar la historia a Paco mañana a las ocho y no he conseguido nada.
- No te preocupes papi. Yo creo que te voy a poder ayudar…. Tú siempre me ayudas  y hoy me toca a mí.
- Un beso, Alex. Te quiero. Dime porqué estas tan contento.
-Estoy muy contento del diez sobre diez que le han puesto a mi redacción de “Halloween” y quiero leértela.
“Halloween. Susto terrorífico. Susto blanco de los choferes calaveras que conducen limusinas para acompañar a los vampiros de dientes ensangrentados a morder a las mujeres de collares crucificados ……………………….”
Alex se durmió a las nueve y media abrazado a su Gallifante y yo me dormí a las diez sintiéndome feliz y orgulloso de plagiar a mi hijo que me ayudo a llenar mi mente en blanco con su imaginación prodigiosa.

Susana

SUSTO BLANCO
Hoy es su cumpleaños. Todavía no tengo ningún regalo y sólo me queda una hora. Menos el trayecto a su casa, veinte minutos. Piensa, piensa. Siente, siente…
Listo! Cojo el mobil, la chaqueta y me voy.
- Ding dong!
- Feliz cumpleaños!
- Hola cariño. Pasa, tomate algo
Cada cumpleaños lo mismo. Sus amigotes, las novias de los amigos y yo. Unas copas, musica, chicos con chicos, chicas con chicas. Pareciese que no hubíeramos superado los 16, a nuestros 40. A mitad de la fiesta mi regalo estaba al caer.
- Ding dong!
- Sr. Lopez?
- Sí yo mismo
- Le traemos este paquete
- Vaya! Es un pastel enorme, veamos si pasa por la puerta…
Una vez instalado en el comedor se apagan las luces y se escucha la música de nueve semanas y media. La mirada de todos aterriza sobre el pastel gigante justo en el momento que se rompe la cupula y sale una despampanante yo. Las primeras risas que se oyen son del Sr. Lopez, seguidas de los incondicionales y de las leales.
La fiesta se anima, la camiseta empieza a desgarrarse y la cremallera de la falda a deslizarse. Gritos, silvidos y auyidos despiertan al verdadero Sr. Lopez.
- Vale cariño, ya está, ya está. Venga bajate de ahí
- Dejalá hombre, que lo está haciendo fenomenal
La falda sobre su cara no ayuda.
- Que te bajes, ahora. Ya está. Se acabó
Los sujetadores caen sobre la oreja de su mejor amigo.
- Joder! No te lo repito más. Bajate ya. Se acabó la fiesta!
Y el acto final. Las braguitas que se deslizan, y atada a ellas una tibia tela se desenrolla y se desenrolla mostrando a su fin un virtuoso miembro viril.
La reverencia final descubre la cara de mi socio infiltrado tras la espectacular mascara de mi otro yo. Risas y aplausos.
Los proximos cumpleaños no se como serán. El Sr. Lopez me dio portazo esa misma noche alegando que le puse en evidencia delante de sus amigos, y que el susto de ver a su novia como a un transexual le dejó en blanco y ya no me conoce más.

gemma

NOCHE EN BLANCO
Odio quedarme dormido mientras tengo un trabajo en mente.
El otro día me fui a la cama después de tirar a la basura el último boceto para la nueva firma. Harto de no encontrar el logo especial que expresara a la vez juventud, pasión y seguridad. Me costó dormir mientras seguía descartando mentalmente todo un montón de ideas que no eran más que plagios retocados. Y cuando finalmente el sueño me había vencido llego la idea genial. No era cuestión de la forma, era una cuestión de color. Y además tenía claro cuál iba a ser ese color único que expresaría todo lo que el cliente quería y aún mucho más, libertad, confianza, intimidad. Me levante corriendo y volví a la mesa de trabajo. Por un momento temí que no iba a encontrar entre mis lápices ese color ideal. Aún me puedo ver revolviendo todas mis cajas de colores, incluso las que hacía tiempo no usaba, en busca de esa maravilla de la expresión. Y estaba! En el estuche de colores de mi hijo, brillante, acogedor, incitante, tierno. Lo tome con cuidado y empecé un nuevo boceto. Fantástico, aquel color convertía el nombre de la empresa en un cartel luminoso que brillaba en la noche. Más, quería más. Toda la noche la pasé diseñando bocetos, combinaciones con ese lápiz mágico al que ni siquiera había que sacar punta y que respondía a mi pensamiento oscureciéndose y iluminándose cuando necesitaba generar volumen. Nunca había tenido una noche tan productiva.
Me levante por la mañana con una sonrisa en los labios, satisfecho como pocas veces. Por suerte aún era temprano para llamar al cliente y darle la buena noticia. De momento podía escanear los bocetos para podérselos mandar.
Ahí estaba mi bloc de trabajo con la página abierta, blanca e inocente sonriéndome. Tarde aún algunos segundos en comprenderlo y necesite darme un buen tortazo para borrarme la estúpida sonrisa de mi cara. En blanco, ni un solo dibujo, ni un solo borrador, ni una sola raya...
El lápiz de mi hijo!! Tal vez fuera un sueño premonitorio!!
 Podía haberme ahorrado el trabajo de mirarlo. Los diez lapicitos gastados, despuntados y mordisqueados de su estuche no me inspiraban más que echarle una buena bronca por descudidado a mi hijo.
Pero tenía el color!! Me había pasado la noche trabajando con él!!
 Maldito color, ni siquiera podía recordar si era de la gama de los verdes, de los rojos o de los azules. Mierda de color, mierda de color, mierda de color.....
Realmente odio quedarme dormido con una idea en mente.
P.D.: Al final al cliente le presente un boceto de color marrón, un poco tirando a mierda, a él le dije que era color tierra y lo mostraba bien plantado en el suelo y a la vez dispuesto a florecer. No creo que me vuelva a llamar, me alegrare de olvidar este episodio.

Herman


SUSTO BLANCO
A trasmano del humano ir y venir, las gentes de Susto Blanco vivían ensimismadas en sus quehaceres. Susto Blanco no estaba demasiado lejos del lago Seco, que tanta vidilla daba a otros pueblos de alrededor con la extracción de sal. Pero no se sabe por qué oscura razón ellos siempre habían quedado excluidos de esta provechosa industria. Las resecas colinas que eran dominio del pueblito –a nadie se le había ocurrido jamás disputárselas- no daban para mucho, rebaños de cabras que solían ser de propiedad familiar y alguna huerta en la parte trasera de las casas que tenían la suerte de tener pozo. Los que tenían aljibe se dedicaban al pastoreo, a hacer quesos y a curtir pieles.
Encalaban sus casas una vez al año y la prisa les era ajena. El señor Alcalde hacía las veces de juez de paz, sus sentencias se fundamentaban en los más variados refranes y en la socarronería popular. Otra peculiaridad del señor Alcalde era que recurría al portugués cuando quería seducir a alguna mozuela, creía que al ser más meloso aumentaban sus posibilidades de enamorarlas. Les decía,:“Oh minha menina”, “Que a beleza e voce”, y otras galanterías semejantes. No se vaya a pensar que el señor Alcalde era mal visto por tales aficiones. En Susto Blanco se practicaba de siempre un exquisito respeto a la personalidad de cada cual.
Fuera  porque la proverbial tolerancia lo favorecía, o vaya usted a saber porqué, el caso es que en el pueblo abundaban los vecinos con algún que otro rasgo singular. El Paulino, sin ir más lejos, era un pastor que con el humo de un cigarrillo hacía las más variadas figuras, claro que allí en el monte había tenido tiempo de sobras para practicar. Naturalmente, el Paulino había empezado haciendo aros con el humo que exhalaba, ahora de su boca salían dragones y paisajes de la comarca.
No obstante la admiración que causaba, el Paulino había perfeccionado su arte más que nada por entretenerse. Lo que a él le motivaba de verdad era proclamar a quien quisiera escucharlo que en una vida anterior había sido un legionario romano. Concretamente de la décima legión, séptima cohorte, segunda centuria, y que como tal había tomado parte en la conquista de las Galias. Un día, el señor Cura le habló del conocido libro de Julio Cesar, y el Paulino no paró hasta que el sacerdote le consiguió un ejemplar y, a pesar de que las letras no eran lo suyo, se lo leyó. La narración de su antiguo general tenía poco que ver con las sensaciones que el recordaba: la garganta seca y el corazón que parecía que se te iba a salir justo antes de la batalla, el sueño, la humedad y el frío de las guardias interminables, el éxtasis al violar a una virgen, la camaradería, el aliento del enemigo en el que hundía su espada,…, y así se lo dijo al señor Cura que lo tachó de ignorante.

Felipe Deucalión


SUSTO BLANCO
El invierno pasado conocí a Heiny. Estaba pasando unos dias en los Alpes y me encontraba preparando unos artículos para la revista con la que trabajo.
La temperatura era baja y el cielo estaba muy gris, empezaban a caer los primeros copos. Ya declinaba el día y todavía era muy pronto. Se apoderó de mi un hondo sentimiento de tristeza.
Para no regresar al hotel entré en una taberna vieja que dejaba ver una luz cálida a través de los cristales. Me senté en una mesa y allí estaba el. Era un superviviente. Solo en una esquina, surcaban su cara profundas arrugas  y cicatrices. Un detalle me llamó la atención: llevaba un enorme gorro rojo de lana. Me acerqué un momento para pedirle fuego ya que tenía su pipa en la boca.
No se como empezó todo, pero Heiny me dijo que el había estado allí. Señalaba con el dedo la gran montaña que ya apenas se veía en el exterior por la escasez de luz. Mi curiosidad hizo que le preguntara por su estancia en el elevado pico y el con una amarga sonrisa me contestó.
Yo fui el guarda del refugio de la maligna montaña durante 20 años. Subí hasta allí cuando era todavía muy joven y ya me quedé. Lo convertí en mi hogar. Siempre admiré la belleza impasible de la imponente cumbre, pero no sin recelo, y pensé que coronaría su cima. Yo podría dominarla.
Los años pasaron y conseguí mi objetivo ya que era un experto escalador. Una tarde como hacía a menudo, salí de la cabaña y me puse el gorro porqué el frío era intenso.
Subí por las escarpadas laderas bastante arriba y oí un ruido atronador. Vi que no se trataba de ninguna tormenta. Las piernas empezaron a flaquearme temiéndome lo peor y corrí como pude montaña abajo.
Detrás de mi se levantó una gran avalancha. Me resistí lo que pude pero fui tragado violentamente por la nieve. Sentí dolor en todo el cuerpo y creí que moriría en pocos segundos. Pero no fue así. Quedé atrapado en una cavidad y pensé que habría sido del refugio.
Dos días más tarde se abrió la nieve y entró la luz. Me sacaron los equipos de rescate. Estuve largo tiempo en el hospital y me dieron la noticia de que el alud había barrido la cabaña, fue una suerte que yo no estuviera allí.
A mi me encontraron gracias al gorro rojo que perdí mientras corría. Esto me salvó la vida. Pero desde entonces mi pierna derecha quedó inútil.
Mi odio hacia la gran montaña se hizo inmenso y juré que no me acercaría a ella jamás. No pude volver a escalar i quise marcharme del país para no ver nunca más estos picos pero no tuve fuerzas.
El hombre no pudo contener una lágrima y se despidió de mi cortésmente.
Cuando dejé los Alpes y volví a casa, pensé que la historia de Heiny debía ser contada y por eso escribí este relato. 

Laia


LA DIMENSION DEL FOLIO
Enrique con veinticinco años, casado con Ana desde hace uno,  prepara su tesis doctoral sobre física y matemática cuántica, da un beso a su esposa y se encierra en su despacho pues no quiere que le desconcentren.
Sentado delante de su escritorio toma su  bolígrafo bic azul de punta gruesa, y comienza a garabatear su esquema, Ana está pasando  el aspirador el cual provoca un ruido que le molesta sobremanera,  opta por cerrar también  la puerta del distribuidor de la zona de día con la de noche.
Ahora sí,  inmerso en su tesis despliega su teoría, según la cual hay dimensiones que no solo están relacionadas con el espacio-tiempo sino también por colores, según sus cálculos la posibilidad de que exista una de color blanco es altamente probable ya que la suma de todos los colores da como consecuencia el tono blanco, enfrascado deja a su mente viajar por ella, al cabo de una hora deja de escuchar el aspirador, ya no oye el runrún del ordenador, ni el roce de su mano con el bolígrafo y el folio, completamente dentro de su teoría comienza a desplazarse por ella, no se percata que el color verde pistacho del despacho va cambiando a blanco, del suelo desaparece el parquet y asoma un agujero blanco, en el  calendario de sobremesa los días ya no son de tinta negra, la silla, la mesa, y resto de objetos han perdido su color , la tinta del bolígrafo pierde el azul tornándose blanca, asustado, mira y ya no ve la puerta de haya, no distingue donde está, un blanco radiante lo invade todo, incluido el exterior, sentado inmóvil  comienza a gritar llamando a su mujer , pero esta no le oye.
Aterrorizado mira por el rabillo del ojo, automáticamente ve aparecer  otro color, se desencaja, ha ido al verde, ve todas las primaveras , pasadas, presente y futuras delante de su vista al mismo tiempo, con los ojos desorbitados mira en sentido contrario y pasa al azul, el cielo y el mar se dan la mano no distingue donde empieza uno y acaba el otro, aparecen con los navíos oxidados por el agua, los que navegan en ese momento y los que lo harán próximamente,  la basura espacial baila revuelta con ellos una danza dantesca,  todo se cruza en el mismo momento, con una micra de inclinación se desplaza por todo el abanico de colores, a punto del desmayo Enrique queda paralizado, así descubre que el movimiento también queda inmovilizado cuando el permanece  absolutamente quieto, acaba de descubrir  que la ecuación que demuestra su teoría, espacio-tiempo-color, es  real, asustado en medio del blanco intenta averiguar donde se haya la puerta del despacho para salir, no la encuentra, desesperado da gritos de socorro, no haya respuesta y comienza a llorar.
Han pasado tres horas, su marido no contesta y Ana decide abrir las puertas  pues no lo ha visto salir, encuentra el folio mojado con un inmenso borrón de tinta azul, extrañada lo coge entre sus manos y….!! UUUffftttt, y se la trago ¡¡

Mar.ria


SUSTO BLANCO
Te oia trajinar, niña mia, al fondo de la casa, al final del breve pasillo, estabas en mi habitación depilándote, llegaba hasta mi el sonido eléctrico de la epilady y súbitamente cesó.Yo estaba al otro lado del breve pasillo, aburrida, mirando el alienante programa del televisor.Un negro pensamiento me pasó por la mente, asustarte, te oia recoger los cachibaches y deduje que saldrias en breve de mi habitación ensimismada en tus pensamientos. Y rauda y veloz corrí a esconderme en un rincón del cuarto de baño que colindaba con mi habitación y se encontraba al final del breve pasillo.No tardaste ni un minuto en salir, y resguardada en la oscuridad me dispuse a asustarte pensando que te dirigias hacia el comedor, pero no era así, no, error garrafal de cálculo, te dirigias directa y decidida hacia el cuarto de baño, donde yo te esperaba perversamente resguardada entre sombras.UHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!! escupí con todas mis fuerzas justo a un palmo de tu cara bella de niña buena, transformándose ésta al instante en una expresión de sorpresa que inmediatamente se volvió en absoluto terror y pavor que inesperadamente me asustó a mi misma también.Saliste corriendo a resguardarte a la habitación de donde habias salido, rota en estrepitoso llanto.Y yo corrí tras de ti inmediatamente arrepentida.Mi niña blanca, qué bien me salió el susto, tan bién que aunque yo pretendia que fuera blanco se oscureció hasta tornarse negro, negrísimo.
Lo siento, lo siento, perdóname mi amor esta estúpida broma, suplicaba, llorando yo también, intentando sin conseguirlo, sofocar tu llanto y tu espanto, tu susto blanco.
Kiseki


1 comentario:

  1. Ei gracias a vuestros minicuentos ya me he podido hacer una idea, más o menos, de lo que es un "Susto Blanco" :D

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