sábado, 25 de octubre de 2014

PANDEMIA


PANDEMIA
¡Pandemia ven pacá! La llamó su madre. ¿Dónde está la Pandemia? Preguntó su padre.
Aquel año en el que nació la niña, los misioneros de Kinshasa no hacíanmás que pronunciar esa palabra. Y aunque ellos no conocían su significado, a la madre de Pandemia le gustoaquel nombre. ¡Mira qué bonito, Pandemia! Era un nombre acústico, sonoro y a ritmo de tambor quedaría precioso.  Así que con Pandemia se quedó. Pandemia, era una preciosa niña, morenaza de enormes ojos negros y de piel de color chocolate brillante. Tenía 8 años y hasta aquel momento no sabíalo que realmente significaba su nombre. Ese día, unas monjitas vinieron a su casa y convencieron a sus padres para llevarla al colegio. La llevaron a una especie de tienda de campaña, que habían levantado a un lado del poblado, que hacía las veces de escuela. Al entrar por la puerta, sor María salió a su encuentro y le preguntó. ¿Cómo te llamas preciosa? – ¡Pandemia!Dijo la niña. –¿Queeeeee? Dijo sor María. ¡Pandemia, Señora, me llamo Pandemia! Todos los niños se rieron de ella. Sor María la cogió de la mano y la llevó hasta una silla y la sentó en ella. ¿Porqué os reís de mi? Le preguntó  la niña a su compañero. Porque tienes nombre de enfermedad. Le dijo éste. La niña al volver a su casa les dijo a sus padres que a partir de entonces no quería que la volviesen a llamar Pandemia, sino Pan que Pandemia era una enfermedad y que el Pan en cambio era la vida.

Y sus padres desconcertados la llamaron Pan desde aquel momento.


Lola


PANDEMIA
Soy una transmigrante, alma inquieta condenada a ir de un lugar a otro y a nutrirse parasitándo...voy de cuerpo en cuerpo. Los dioses desde su sabiduría irónica, se las han arreglado para que siga dividida e incapaz de cruzar la gran división que hay hasta la muerte. Alma vetusta y cansada, cansada de alojarme aquí y allá; tanto o más cansada que lo está la dama de las atenciones amorosas del caballero flamenco.
Durante este mismo siglo, mi alma pobló el cuerpo torturado de un joven soldado en un campo de prisioneros de guerra. También me echaron a tiempo del cuerpo agonizante de un sabio de la meditación Zen; viví también en morada temprana saciándome de los granos de una juventud.
En épocas anteriores, habité las entrañas de un gladiador romano, un bantú africano y un juglar medieval. Más tarde, me incrusté en las venas de una mujer que acostumbraba a sentarse a tejer a los pies de la guillotina mientras contemplaba la decapitación de la aristocracia francesa.
Durante un tiempo, llevé una vida aventurera capitaneando un barco pirata donde hizo que tripulantes desaliñados e insubordinados, caminasen por la plancha de proa hasta pasar por la quilla para ser atados con una cuerda y arrojados al mar.

Me horroriza la carga de estos múltiples estilos de vida.

Si hay lecciones de vida que aprender, parezco incapaz de aprenderlas. 
Y es entonces cuando vuelvo a colocarme en un  lecho de muerte, allí donde pertenezco.



Marta Albricias



PANDEMIA DE SUEÑOS
 Los habitantes de Serienza eran flacos y alargados, de carácter lánguido y piel blanquecina. Con frecuencia enfermaban, posiblemente debido a que casi siempre estaba nublado y lloviendo.  Algunas veces llovía a cántaros.  Otras veces la lluvia era finísima e interminable, y duraba días y días.

Un día llegó un viajero moreno, gordito y con cara sonriente.  ¿De dónde viene usted? Le preguntaron sorprendidos de ver a alguien tan diferente de aspecto. Viajo en busca del secreto del misterio infinito, dijo. Que qué misterio es ese?  Es algo que todo lo abarca, todo lo contiene. Empezó en una pequeña isla del Mediterráneo llamada Ensuenza, de la que algunos habitantes salieron en barco hacia otras islas.  Con el tiempo, el misterio infinito se extendió, y ahora está en todas las poblaciones de todos los países de todos los continentes. Es una pandemia.Una pandemia de sueño contagioso.  Las personas que lo padecen entran en un estado de somnolencia, y poco a poco se van quedando dormidos en las sillas de las oficinas, las escuelas, de pie junto a las puertas, fregando los platos…  Duermen durante una semana y cuando despiertan tienen muy buen humor y sus relaciones sociales mejoran.

Pues aquí no hay de eso –dijo el de Serienza. Somos un pueblo trabajador y eficiente.  ¡Y no nos podemos permitir holgazanes ni dormilones en las fábricas.!¡Ya tenemos bastante con las bajas laborales por enfermedad!

A pesar de las reticencias lo invitaron a comer.  El viajero, agradecido, les contó un
Chiste que provocó fuertes risas.  A continuación uno de los comensales recordó otro chiste que había oído de niño y lo contó, provocando también fuertes risas.  Y así unos y otros fueron recordando y contando las cosas graciosas que desde hace tanto tiempo tenían olvidados,  llenándose la sala de risas.  Los vecinos, al oírles se acercaban a ver qué ocurría y se unían también.  Y los otros vecinos, y al final todo Serienza estallaba en risas.  Más tarde, al regresar a sus respectivos domicilios o lugares de trabajo, se iban quedando dormidos por todas partes.  Y soñaban.  Y en sus sueños caminaban a cámara lenta, flotaban, danzaban, extendían las manos, sus brazos y piernas se alargaban, y se podían enlazar con otras manos, con  otros seres,  danzando, por el aire unos, por tierras llenas de flores otros.  Y se formaron redes de seres danzantes que flotaban rodeando el planeta y por encima de los países y los continentes.

Nuestro viajero observaba que Serienza era ahora una ciudad de paz, suspiros y ronquidos, que había sido alcanzada por el misterio infinito de la pandemia de sueños.



María Jesús  (Maríajes)


PANDEMIA
De repente se desató una pandemia sorprendente, todo absolutamente todo quedaría autodestruido en el plazo de una semana, así rezaba el titular del periódico de más difusión, se refería a todo absolutamente todo el dinero en efectivo. Las causas se desconocían, permítaseme la licencia.

Daban como solución a la ciudadanía el depositar en los bancos el líquido de que dispusieran, era la única manera de conservar su poder adquisitivo. A cambio el gobierno dispondría  lo necesario para que todos los pagos, aunque fueran de pequeño importe, pudieran realizarse informáticamente, con tarjetas, con móviles o con ordenadores.

Una vez superada la contrariedad inicial con que el común de la ciudadanía, ausente de todo espíritu crítico, recibe cualquier novedad, se acomodó rápidamente a la idea de prescindir del monedero, casi le suponía una ventaja, el bolso sería más ligero y no se preocuparía de llevar suelto para comprar el pan y nadie les robaría.

El ratero de calle y el carterista se quedaron sin empleo, de nada les serviría el tirón del bolso o la sustracción de la cartera del distraído viandante, pues no encontrarían ni una triste moneda ya que habían sido retiradas de la circulación y suponiendo que el destino les regalara un billete de los que se encuentran fortuitamente por la calle no tendría objeto  ya que no se admitían pagos en efectivo.

El traficante de estupefacientes o de armas se quedaría sin comercio, cómo iba a cobrar las papelinas si no existía el efectivo, cómo iba a justificar una entrada de dinero en su cuenta si carecía de trabajo conocido. En la misma situación se encontraba el proxeneta.

Cómo cobrará el político corrupto sus favores al capital, ya que cualquier recepción de dinero dejará un rastro imborrable en su cuenta bancaria y será difícil su justificación sin revelar su procedencia.

A medida que pasaba el tiempo y en la sociedad se extendían los efectos  de esa extraña pandemia se iban notando las consecuencias en forma de seguridad ciudadana, disminución de las corrupciones de todo tipo, ausencia de rateros y ladrones,  incremento de la recaudación tributaria, disminución de la población reclusa y planteamiento de legalización de actividades hasta ahora consideradas ilegales como la prostitución o el comercio de sustancias psicotrópicas.

Cabe señalar que algunos miembros destacados de los partidos más representativos cambiaron de país de residencia y eligieron Bahamas, Surinam, Bermudas o Luxemburgo por poner algunos ejemplos de paraísos fiscales, con ello provocaron la envidia de muchos ciudadanos, envidia que dejaba al descubierto que estaban hechos de la misma materia que los huidos ¡qué pena!, pocas veces las pandemias ofrecen un paisaje social tan prometedor como en este caso.


Carmen Gómez



PANDEMIA MODERNA
Un joven chino publicó un anuncio para practicar solo actividades inocentes con su pareja y así ganar lo suficiente para comprarse un iphone 6. Las actividades inocentes son comer o estudiar junto a su novia, pero no ir más allá, por el módico precio de un euro la hora.

Cuando el Beni leyó la noticia en la Vanguardia se le encendió una luz en su cerebro. Qué listo el chino, alquilar a su novia para poder comprarse el iphone 6. Anda que no iba a vacilar él con el nuevo iphone, iba a ser el macho alfa de la oficina, la envidia de sus compañeros y la admiración de sus compañeras.

La novia del chino era guapa, tenía una cara fina, estilizada. La Toñi era más ordinaria, tenía la cara como un pan de kilo y la boca como un lector de deuvedes. Pero la china se llamaba, Xiao Ai, que eso ni es un nombre ni es ná. Su novia era la benjamín de los Berrocales, toda una institución en el barrio, solo que, al ser pequeña y mimada por todos, no participaba de la afición por la violencia de sus hermanos y hermanas. A ella le gustaban los bailes de salón y bailaba el tango que parecía que se te estuviera tirando. Medio barrio se había apuntado al cursillo de bailes de salón del centro cívico con la esperanza de marcarse un tango con su novia. En eso, el Beni llevaba ventaja al chino, porque, a ver, ¿quién iba a pagar por estudiar o comer junto a la novia de otro? En su barrio ni Dios. En China puede que fueran tan gilipollas como para pagarle al chino de los huevos. En cambio, por bailar un tango con la Toñi iba a tener cola, y les iba a poder cobrar mucho más que un euro por hora, que era la tarifa del chino por estar junto a su novia. Él lo menos les cobraría veinte euros por tango.

Hay que ver cómo son las mujeres, según ellas no pasa nada porque bailen con otros, no tienes que ponerte celoso. Pero si les dices que vas a cobrar por dejarlas bailar con otros, no veas cómo se ponen. Al Beni le costó que la Toñi asimilara la idea. A ti te gusta bailar el tango, ¿verdad?, le decía machaconamente. Y no hay nada de malo en que lo bailes con otros, ¿verdad?, insistía el pobre. Al fin, la Toñi, no se sabe si por no oírlo más, o por cariño, o, simplemente, porque le gustaba bailar el tango, accedió.

Dos tangos se marco la Toñi con dos puteros redomados, el Poratrás y el Figura, antes de que la noticia llegara a oídos de los Berrocales. Una noche que el Beni salía del metro lo rodearon, lo invitaron a acompañarles a un descampado próximo, le machacaron una rodilla, tres costillas, un brazo y la quijada, amén de aliviarle cuarenta euros de la cartera. El Beni pasó a ser conocido como el Patatiesa, y jamás volvió a bailar el tango con la Toñi.


Felipe Deucalión

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