viernes, 27 de enero de 2017

BOMBEROS






EL BOMBERO TORERO O POR QUÉ NOS AGRADA CONTEMPLAR LAS DESGRACIAS AJENAS
Hay espectáculos que nos dicen más de cómo es una sociedad que un sesudo tratado de sociología, tal es el caso del Bombero Torero. Quizá solo lo recuerden los mayores, pero en el pasado siglo era frecuente que en plazas de toros, permanentes o improvisadas, actuara el Bombero Torero, quien encabezaba a una decena de enanitos que vestidos de toreros se enfrentaban a una vaquilla que los volteaba y a la que ellos trataban de torear.

El Bombero Torero, que era un tipo normal, iba vestido de bombero, naturalmente, y llevaba una manquera que usaba para imponer orden entre los traviesos enanitos, o controlar a la vaquilla si ésta se enfurecía en demasía. La finalidad de dicha representación era reírse de los enanitos, que rodaban por el suelo, y de las perrerías que le hacían a la vaquilla.

No vayan a pensar ustedes que el show del Bombero Torero era algo único en aquella época. La verdad es que tenía una dura competencia en el ramo del toreo cómico o charlotadas, que eran como también se denominaba esta modalidad taurina. Los principales rivales del Bombero Torero eran el Toronto, el Gran Kiki, don Canuto, el Gran Tato y el Chino Torero. Y casi todos ellos se valían de enanos para mayor comicidad de su función.

El Bombero Torero y sus colegas son un buen antídoto contra la nostalgia sensiblera. Y por otra parte, nos ayudan a entender por qué esos videos, en los que se ve como apalean a alguien, se convierten en virales en la modernísima red.

Felipe Deucalión





ALARMA EN EL CUERPO DE BOMBEROS

Ese día hacía un calor terrible. Los servicios meteorológicos habían pronosticado que aquel agosto iba a ser el más caluroso desde hacía una década. Se notaba tensión en el ambiente. Hasta Artal y Helena estaban tensos. Así que como ya era la una, les propuse invitarles a comer en el bar de Mauri.
Aceptaron gustosos. Después de comer nos llamaron de la comisaría de Vía Layetana.
-¡Vámos chicos, tenemos un caso!-
Nuestro caso era hablar con el bombero que había encontrado un cuerpo en un incendio. Eso no tendría mayor importancia a no ser que el cuerpo presentaba un orificio de bala en la sien.

Nos habían encargado a nosotros el caso porque el jefe de bomberos no quería que el caso saliese en la prensa ni que la policía anduviera investigando a sus hombres, para no manchar el buen nombre del cuerpo de bomberos. Empezamos nuestras pesquisas. El almacén que se había quemado parecía ser una tapadera, pues se suponía que era un almacén atunero del puerto, pero allí no había maquinaria para enlatar atún ni ningún resto de pescado ni señales de haberlo había nunca. Pero sí que la policía científica había encontrado restos de lo que podría ser un laboratorio de cocaína. 

Preguntando a nuestros contactos de la calle que se movían al margen de la ley, nos pusieron en contacto con uno de los camellos, al que tuvimos que enseñar un buen fajo de billetes y decirle que queríamos montar una fiestecita donde no debía faltar la coca, y así lo llevamos a un bar, donde entre copa y copa nos contó que uno de sus jefes que venía de vez en cuando para ver cómo iba el negocio, había desaparecido. Y que se decía que lo habían visto entrar en el almacén atunero pero no lo habían visto salir, y que desde entonces el cotarro lo llevaba otra familia. Así que por fín pudimos ponerle nombre al cadáver. Era Fino Montori, de la familia que llevaba la parte del puerto y la izquierda del casco antiguo. Una vez hubimos informado al inspector Martí, éste se puso en contacto con la familia Montori para que viniesen a reconocer el cadáver. Por supuesto nadie sabía nada del desaparecido desde hacía varios días. El patriarca habló con el inspector de policía y seguramente con algún superior porque se cerró el caso. Al día siguiente fuimos a cobrar al despacho del inspector Martí, quien nos pagó muy generosamente. Yo le miré extrañado y me dijo – el resto es una propina del cuerpo de bomberos por haber podido salir indemnes de la situación.

Al día siguiente se leía en el periódico: “aparece un cadáver en la zona del puerto cerca de atarazanas. La policía cree que se debe a un ajuste de cuentas. Ante la imposibilidad de conocer la identidad de la víctima ni de su agresor se cierra el caso hasta que se presenten nuevas pruebas”.
Naturalmente no nos quedamos con el resto del dinero, lo donamos para el calendario del año siguiente del cuerpo de bomberos.

Lola Ruiz.

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