viernes, 13 de enero de 2017

EL NIÑO


EL NIÑO
Cuando le dije a la familia que estaba embarazada, lo primero que dijeron mi madre y mi tía fue: “ésta traerá el niño”. Una familia matriarcal, ésa es mi familia. Sólo nacen niñas. Mi madre había tenido cuatro hijas y yo soy la mayor de las hermanas. Mi tía por parte de mi madre, tenía dos hijas. Por el contrario por parte de mi padre (que en paz descanse) eran cinco, la mayor una niña y los demás todo niños. Sin embargo la mayoría de los hombres de mi familia paterna habían muerto jóvenes. La mayoría de las ascendientes de mi familia materna habían alcanzado los 96 años de edad.

Mis hermanas también tienen niñas. Cuando se quejaban de que no había niños en la familia, yo siempre les decía que “mejor hijas sanas que varones enfermos”. Había ganas de niño en mi familia.
Así que cuando estaba de 8 meses, mi tía me decía, “¡Uyyy por la forma de tu barriga, tú traes un niño!.
Ante tanta insistencia, y como estaba pronosticado que sería un niño, sólo pensamos nombres de niño, así que nuestro hijo se iba a llamar Jan, o Xavier o Carles, y sin previo aviso, me hospitalicé a los 8 meses pues había roto aguas.

Me hubiese gustado poder ver por un agujerito las caras de mis familiares que aguardaban en la sala de espera, cuando salió mi marido con el médico y anunciaron -¡Es una niña!...


Lola Ruiz.



REFLEXIONES
- Papá; para qué necesita Superman un coche si él puede volar !?
 Preguntó el niño a su padre mientras deambulaban por los pasillos de la tienda repleta de juguetes.
- Pues, porque quizá un día no pueda ya hacerlo y así...
- Pero este coche no vuela, Papá!
- Bueno quizá pueda enfilarse por la cañerías de los edificios, como si fuese un tren...
- Pero, si no vuela y si las calles estuviesen llenas de tráfico hasta llegar a los edificios? tampoco  entones podría trepar por ellos, ni rescatar a nadie, ni defender lo defendible...
- Ah!, quizá habría un carril para él: el carril Superman, especial para coches que pudiesen escalar edificios...
- Pero, es que más que un coche, parece una moto, un uniplaza...no puede llevar a nadie con él, que pasaría si se encontrase con Superwoman ? no le podría invitar a dar una vuelta !?
- Seguro que Superwoman tiene otro parecido y así podrán volar juntos...
- Pero papá, a Superwoman tampoco le haría falta un vehículo como este, ella también puede volar por sí misma...
- Mira !,  le dijo el padre al niño mientras señalaba otro juguete en la última estantería,
- El coche de Spiderman !!!
- Pero papá! Spiderman no vuela.


Marta Albricias



EL NIÑO DE ROQUETAS
Emiliano siempre tuvo la cara aniñada, de pequeño no llamaba la atención, pero conforme fue creciendo todo el mundo se fijaba en su cara, por eso fue conocido como el Niño de Roquetas. Tuvo diversas ocupaciones: ayudante de trilero, donante de sangre, vendedor de estupefacientes, repartidor de pizzas y segurata de garitos.

Donde más carrera hizo el Niño de Roquetas fue como segurata de garitos, estuvo en diversos locales, algunos de ellos de alto standing situados en la Costa Brava. En uno de estos garitos de postín tropezó con el Indio Melquíades y comenzó a hacerle pequeños recados. Con el tiempo el Niño dejo el curró de segurata y trabajó exclusivamente para el Indio.

El de Roquetas se ganaba bien la vida, el Indio era espléndido con sus subordinados. El problema era que se complacía en humillarlos, al pobre Emiliano le llamaba el Niñato de Pelagatos y eso a Emiliano le escocía, porque él sentía aprecio por Roquetas.

La situación se volvió insostenible cuando el Indio le exigió que le llamara Don Melquíades, y si se le olvidaba le daba un puntapié en la rabadilla. Una noche, que el Niño de Roquetas iba hasta arriba de Orujo de hierbas, no dio a su jefe el consabido tratamiento y éste le propinó la inevitable patada, mientras le llamaba maldito Niñato de Pelagatos. Entonces a Emiliano se le nubló la vista, lo vio todo rojo, y un ansia malsana le poseyó, se sacó la recortada y le reventó el pecho a Don Melquíades.


Felipe Deucalión



EL NEN

Amb una mica més d'un metre d'alçada, s'està de genolls a la cadira, perquè assegut no arriba  a les coses de sobre la taula i tampoc li toquen els peus a terra. Els seus ulls molt grans i foscos ho veuen tot. No es pot perdre detall. Què fan els grans? Ell no els entén gaire. La tieta que està situada al seu costat, li posa el tovalló de roba ben penjat del coll perquè no es taqui la camisa que porta amb una petita corbata a imitació dels adults.

Mentre alguns d'ells fan una cara seriosa i solemne, una mosca es posa sobre la sopera. Ningú la veu, només ell, que s'abalança damunt la taula per espantar-la. Sense voler, fa caure el got de vi del seu pare que està situat davant d'ell. El dens silenci es trenca amb una sèrie d'aaaiiis... i l'avi que seu a l'altre costat del pare, diu que no el renyin que és molt petit. L'home  un caràcter molt agre i irascible. Sort que en aquesta ocasió hi ha altres membres de la família i el progenitor no es gira contra el nen com és habitual.

Sembla que l'incident ha reanimat la conversa i a la taula hi ha una mica de gatzara que fa que els comensals es relaxin. Només el pare roman seriós i recte com un pal. La mare, submisa, s'aixeca i recull els plats de la sopa. Porta els segons i torna a seure al seu lloc. L'àvia que està situada a l'esquerra del pare, ajuda a tallar el pollastre i el va servint als plats.

Avui és diumenge i celebren l'aniversari del nen, però al seu pare no li fa gens de gràcia. Mai no l'ha estimat ni ha estat afectuós amb ell. Només ha tingut ulls per la nena, que ja  nou anys i pel fill gran que ha fet els setze. L'home es va il·lusionar amb el naixement de la filla i des de llavors ja planejava un futur i un bon casament. Pel fill ja tenia pensada la carrera fins hi tot abans de la seva existència: enginyer agrònom, com ell. El petit en canvi li semblà poca cosa. Va arribar en un moment que el matrimoni ja estava acabat. Va ser com una càrrega afegida a la família, que ja considerava completa.

Han passat cinquanta anys i tot allò ha quedat enrere. El nen, avui un home ben situat i estimat per la seva dona i els seus dos fills, està a l'hospital al costat del llit del seu pare. El vell ha patit un infart i ha tingut sort de no marxar a l'altre barri. Li diu al seu fill petit, amb una veu fluixa, que el perdoni, que ara no pot tornar-li tot l'afecte que no li va saber donar quan era un infant, es va equivocar. El fill amb llàgrimes als ulls, li fa un petó al front i respon que sempre el va estimar, i que no li guarda cap rancor. En aquell moment s'obre la porta de l'habitació i un jove gairebé desconegut, camina cap al llit i diu: Hola avi posat bo!

Laia






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