viernes, 4 de noviembre de 2016

LA CADENA



REACCIÓN EN CADENA
El viento susurra su historia
El árbol la recoge y la lanza
El agua la escucha y la piensa
El cielo la refleja y la guarda

Marta Albricias




INFANCIA ENCADENADA
Nací en la calle Cadena. La calle Cadena ya no existe, desapareció en el lavado de cara de Barcelona para las Olimpiadas. De hecho desaparecieron dos calles, la calle Cadena y la calle San Jerónimo, y en su lugar surgió la Rambla del Raval. Estas dos calles, además de por su vecindad, estaban vinculadas por su actividad económica. San Jerónimo era el lugar de venta de hachís y otras sustancias estupefacientes. La calle Cadena era la trastienda. Allí, en plena calle, ocultaban los camellos su mercancía para que no les pillaran con el material encima.

Mis primeros duros me los gané, al poco de hacer la primera comunión, llevando barritas de chocolate y papelinas desde mi calle hasta el bar de San Jerónimo en el que paraba Alejandro. Alejandro era enjuto, desdentado y con una trabajada voz cazallera. Durante años había consumido de todo sin picarse, pero se lío con una chiquita que podía ser su hija y que andaba enganchada a la aguja. La sobredosis les sorprendió dos portales más abajo del mío. Entonces empecé a hacer recados para otros. Siempre estábamos informados de las novedades del barrio y de las de la quinta galería de la Modelo

El barrio ha cambiado mucho, en la Rambla del Raval ahora se puede degustar comida exótica, los rostros se han oscurecido aún más, ya no puedes encontrar radiocasetes de coche de segunda mano, pero si móviles sin factura. En fin, que nos vamos adaptando a los tiempos modernos, pero yo echo de menos la calle Cadena, o quizá lo que echo de menos es mi infancia.


Felipe Deucalion





MUERTE EN LA CADENA DE MONTAJE 
El inspector Martí nos había llamado para ayudarles en un caso de asesinato en una cadena de montaje de la fábrica Envasados Tilé.

 El hijo mayor del gerente, había aparecido muerto en el despacho de su padre el Sr. Tilé El despacho estaba en un rincón de la planta superior de la cadena de envasado y tenía amplios ventanales ,desde donde se podía divisar prácticamente toda la cadena de montaje a la cual se descendía directamente, por una escalera metálica.

Todas las pruebas recogidas apuntaban a una discusión, al parecer entre el hijo mayor del dueño de la fábrica y el contable.

Se detuvo al contable, pero al inspector Martí, no le cuadraba demasiado que aquel hombre, casado y con dos hijas, y que llevaba trabajando para el Sr. Tilé casi 20 años, fuese el asesino.

El móvil, 6.000 euros que habían en ese momento en el despacho y que habían desaparecido. Todo apuntaba a que el primogénito del dueño le habría pedido explicaciones sobre el dinero que faltaba y el contable al verse atrapado le habría golpeado con la enorme grapadora que había sobre la mesa del despacho.

Empezamos a investigar Laertes y yo. El inspector Martí nos dijo que el forense había fijado la hora de la muerte entre las 10:30 y las 11:30 de la mañana, justamente la hora en que suena la sierena para parar la cadena, ya que los empleados disponían de 20 minutos para almorzar e ir al lavabo.

El contable había declarado que él a esa hora también había salido, tras dejar el sobre con el dinero como acostumbraba a hacer encima de la mesa del Sr. Tilé, para que su hijo mayor lo llevase al banco o lo metiese en la caja fuerte. Después de eso salió del despacho y cerró con llave como hacía siempre.

Se hallaron huellas del Sr. Tilé, de su hijo y del contable, y otras huellas sin identificar.

Una de las mujeres de la limpieza que aprovechaba a esa hora para barrer la zona de la cadena, nos dijo que hoy había estado por la fábrica el hijo pequeño del Sr. Tilé, que apenas venía más que de vez en cuando por allí.

Tras hablar con el dueño y con su hijo pequeño, éste nos dijo que seguramente las huellas que faltaban por identificar serían las suyas, pues su hermano le había llamado preocupado, porque había faltado el sobre con el dinero ese día. Y aunque no quería creer que hubiera sido el contable porque llevaba muchos años con ellos, no sabía que hacer.

 El hijo pequeño nos dijo que había ido a la fábrica sobre las 10:30, y que había estado hablando y saludando a algunos empleados, y que sobre las 11:15h. subió al despacho de su hermano pero este ya estaba muerto. Así que les explicó a la policía la conversación mantenida con su hermano y detuvieron al contable.

 Laertes me pidió que comprobara si era cierto que su hermano le había llamado tal y como decía el joven. Y que le investigara. No le gustaba la forma tan prepotente de hablar que tenía aquel muchacho. Y era cierto. Nuestra investigación demostró que su hermano no le había llamado aquel día, sinó que era él el que le llamaba constantemente para pedirle dinero. Ya que nuestro joven conocido tenía un vicio muy caro. Era cocainómano. Su padre lo sabía y dijo que no creía que tuviese nada que ver con el homicidio. Ya que su hijo en el fondo era un buen chico.

Tras seguir al joven hermano durante unos días descubrimos que disponía de suficiente dinero para ir a adquirir su droga. Por lo que los agentes del inspector Martí que nos acompañaron, le detuvieron por tenencia de cocaína, descubriendo a su vez que llevaba más de 2000 euros en el bolsillo.

En el registro efectuado en su casa, hallamos los 3000 euros restantes. Y un pañuelo que aunque lavabo, tenía rastros de sangre, la cual coincidió con la de su hermano.

El fratricida, confesó que había ido realmente a eso de las 11:15h a ver a su hermano para que le dejase dinero como otras veces, y que al entrar con él en el despacho vió que estaba el sobre encima de la mesa de su padre, por lo que mientras que su hermano se servía un café, lo cogió y se lo metía en el bolsillo de la chaqueta en el momento en que el hermano se giraba para ofrecerle una taza. El hermano asombrado, le dijo que dejase el sobre y se fuese o llamaría a la policía.

Yo le dije que necesitaba el dinero, pues debía mucho a una mala gente con la que me había liado para comprar mis alijos_ nos contó, - pero mi hermano me dijo que ya estaba harto de encubrime ante padre, y se dio la vuelta hacía el teléfonoy levantó el auricularpara marcar. Les juro que no sé qué me pasó, yo no quería hacerle daño, pero al apoyarme sobre la mesa toqué la enorme máquina grapadora que había sobre ella y cuando me dí cuenta mi hermano yacía en el suelo. Limpié con mi pañuelo el mango de la grapadora y la dejé caer. Salí corriendo y bajé por la escalera, y viendo que ya volvía la gente, me escondí detrás en uno de los lavabos. Nadie me vió, hasta que el contable dio la voz de alarma.
-Artal, me dijo Laertes, el inspector Martí nunca se hubiese perdonado el haber encerrado a un inocente.- sí, Laertes, le respondí, ya quedan pocos como él que se dedican plenamente a hacer bien su trabajo.


Lola Ruiz.

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